EL SÍNDROME
ERIDANI
Le era difícil precisar
sus sentimientos en ese momento. Pocas veces se había sentido mal en su vida,
pero en esta oportunidad era totalmente diferente. Una especie totalmente
desconocida, que parecía proceder de muy lejos, asemejaba recorrer parte de su
interior y lo llevaba a mirar de noche hacia esas estrellas con una atracción
irrefrenable. Pero ese fenómeno no era lo que más le preocupaba, el resultado
de los análisis sanguíneos que le habían realizado por una rutina, debió repetirlos debido a los extraños datos obtenidos, los valores
esta segunda vez fueron concomitantes con los anteriores. Debido a ello, le
ordenaron una batería de estudios, comenzando con ecografías, luego resonancias
magnéticas y otras técnicas de última generación, lo que terminó con una junta
médica, en representación de la cual lo entrevistaría en breves minutos el
doctor Espíndola. Le llamó la atención que debió esperar muy poco, a lo cual no
estaba acostumbrado. Ingresó a un consultorio muy pulcro, recién pintado, con
un escritorio moderno, sillas cómodas, camilla impecable y una amplia sonrisa
del maduro profesional, que luego de brindarle la blanca mano acompañada de un amable saludo, lo
invitó a sentarse, luego de lo cual leyó rápidamente para sí la carpeta que
estaba sobre el escritorio para decirle
a continuación:
-Usted es según lo que
me han informado, el señor Edmundo Castro de treinta y tres años, empleado
especialista en publicidad-. Ante el asentimiento del paciente, continuó:
-Nuestro deber es
bregar por su salud integral, por lo cual para tranquilizarlo o al menos que
sepa realmente lo que ocurre, comenzaré por las conclusiones para luego
referirme a lo demás. Usted padece de una enfermedad desconocida, parasitaria,
que no es preocupante en sus consecuencias, al menos por ahora, para la cual no
tenemos terapéutica alguna a nuestro alcance,
lo hemos averiguado a nivel mundial.
Para
darle una definición acabada de lo que hemos detectado, le diré que tiene un
solo
huésped
que encuadra más bien en lo que llamamos un comensal. Durante la muerte
celular
programada que todos los vivientes superiores poseemos, o sea la apoptosis,
cuando
le llega el momento, la célula muere, sus restos son absorbidos, y ocupa
su
lugar
una nueva célula recién nacida . Lo que está haciendo su intruso, es absorber y
nutrirse
de la célula muerta y ocupar el lugar que ella tenía, mediante una célula
propia.
Pero
esto no lo hace en forma desordenada, no genera proliferación, solo reemplazo,
al
evitar
que se genere una nueva célula.
Debido
a ello, no podemos hablar de cáncer. Esto ha ocurrido en su hígado, riñones,
pulmones,
corazón y como no puede realizar el mismo mecanismo con las neuronas ya
que
no existe recambio de estas en nosotros, lo ha hecho en el cerebro al
reemplazar las
células
de relleno que allí tenemos. En todos los órganos las nuevas células huésped
cumplen
las anteriores funciones pero registran diferencias en su metabolismo, lo que
hemos
detectado. En cuanto al cerebro vemos que las células suplantadas tienen como
función
extra actuar como neuronas pero sin unirse entre sí como lo hacen las nuestras,
sino
que irradian una cierta energía comunicativa.
Espíndola, ensimismado en su relato, escuchó
de pronto un ruido que lo volvió a la realidad, era el que produjo el cuerpo de
Castro al deslizarse de su silla y caer al piso, sin sentido. El médico
lo atendió en el acto, lo auscultó, pero en breves instantes su paciente se
repuso como si nada hubiese ocurrido. Extrañado por lo que acontecía, el
científico se aseguró que todo estuviera bien, decidió dejarlo un par de horas
en observación, durante las cuales el enfermo permaneció inmóvil, pensativo,
incorporándose unas cuantas veces para dirigirse al ventanal de la sala y
enfocar su mirada al cielo, en dirección a la constelación de Eridanus.
Reiniciada la sesión, luego de someterlo a una charla con psicólogos, Espíndola
continuó con su informe:
-Señor Castro, quiero dejarle bien en claro que hasta el momento usted no
padece una enfermedad que ponga en peligro alguno a sus funciones vitales. A su
estado lo denominamos enfermedad porque no tenemos un vocablo que defina lo que
a usted le ocurre; como neologismo utilizaremos si lo prefiere y tranquiliza,
el término “eridanismo”, ya que lo más sobresaliente y desconocido de lo que
estamos investigando, es el hecho de que usted se siente atraído especialmente
por la zona del cielo donde lo más relevante es que está situada la
constelación Eridanus. Si recuerda bien lo que le he contado, el interior de su
cuerpo está ahora compartido con una nueva entidad que no le ha producido daño
alguno, por lo cual luego de amplios debates con mis colegas de equipo, hemos
decidido no atacarla mientras que comprobemos que no acciona en el más mínimo
sentido en forma desfavorable hacia usted, o que prolifere en forma antagónica
o desordenada a sus células originales, y podamos hablar de lo que no cabe
mencionar ahora, es decir de la creación de una tumoración. El director de
nuestra institución mantendrá informadas a las autoridades sanitarias
gubernamentales, mientras nosotros terminamos de constatar que lo suyo no es
contagioso, y de serlo, cuáles son las vías, para tomar los recaudos sociales
pertinentes. Mientras tanto permanecerá aislado dentro del nosocomio y
trataremos que su estadía sea lo más llevadera posible-.
Castro quería llorar pero no podía. Había algo que se lo impedía, sin tenerlo
en claro. Su espanto inicial cedía poco a poco, se conformaba porque todo lo realizado
por los médicos era poco cruento, lo peor era la diaria extracción sanguínea,
en el resto no lo molestaban ni invadían, solo obtenían imágenes de su
interior. Pero se sentía prisionero y como nunca deseaba irse de allí, su mente
estaba llena de proyectos, ideas, ambiciones, antes jamás imaginadas. Lo peor
de todo era que su alta estaba pospuesta hasta que se encontrase la forma de
transmisión de su invasión. En el resto, no se detectaba aumento por el momento
de áreas ocupadas, salvo en el cerebro donde la gran mayoría de células de
relleno y sostén habían sido reemplazadas por las del huésped.
Llegó el instante en que lo liberaron, se determinó que solo era posible el
contagio por vía sanguínea, pero a voluntad del parásito. En todos los
experimentos realizados, solo proliferó pero de manera muy escasa en un
chimpancé, el de mayor inteligencia entre los elegidos, para luego involucionar
y desaparecer totalmente.
No pudieron retenerlo más tiempo
debido a las presiones legales efectuadas por los abogados de los
familiares de Castro. Este se sentía muy bien, pero existía una urgente
prioridad en su mente: averiguar de que se trataba exactamente su enfermedad,
el origen, y como podía seguir manteniendo el dominio de su ser, porque así
como le había nacido el deseo irrefrenable de averiguar todo lo posible de esa
lejana parcela del cielo, podían generarse otras urgencias extrañas. Debía
buscar con premura trabajo, pero antes se tomaría un par de semanas de
intervalo para tratar de obtener respuestas a sus interrogantes. Cada siete
días debía presentarse a control médico, era el tiempo máximo que podía
permanecer libre, así se había acordado legalmente.
Recordó aquella cena de camaradería con sus compañeros del secundario. Cómo si
lo estuviese viendo, el “loco” Héctor Yuri había sido su comensal vecino, y el
“gato” Jacinto Briones el que estaba sentado enfrente. El “loco” era ahora un
astrónomo, y el “gato” geólogo. En aquella oportunidad compartieron recuerdos,
anécdotas, las tradicionales travesuras estudiantiles, los apodos de los
profesores, en general la adolescencia ya escapada de sus seres y las
influencias futuras en sus vidas de adultez. Habían intercambiado tarjetas y
como siempre en estos casos, promesas de reencuentros casi todas terminadas en
el olvido.
Castro se contactó con el “loco” quien se alegró mucho por la iniciativa de su
ex compañero que le solicitó verlo en el observatorio donde investigaba sobre
galaxias lejanas. Lo citó para el día siguiente a la noche ya que era el
previo a su descanso que comenzaba a medianoche, para poder charlar luego
y utilizar de hacer falta, algún instrumental. Con la puntualidad que lo
caracterizaba, se presentó a la hora acordada ante la guardia de seguridad del
observatorio. Franqueada la entrada, ascendió por un montacargas a un nivel
superior, donde debajo de una gran bóveda estaban ubicados distintos
telescopios y otros aparejos, que apuntaban al cielo por las ranuras que a modo
de gajos de naranja faltantes, lo permitían. Héctor, el mismo flaco de siempre,
con su cara de bonachón sonriente que lo acompañaba eternamente, se acercó para
fundirse en un fuerte abrazo. Castro, luego de mil recomendaciones sobre la
privacidad y reserva de lo que le contaría a continuación, se dispuso a
referirle su extraña experiencia. Durante la exposición Yuri cambió la
expresión varias veces, y una mirada de asombro contenido pugnó por salir de
sus ojos. Cuando su camarada terminó le dijo:
-Creo que podré ayudarte en algunas cosas e ideas, dado que en mi investigación
estoy conectado con radiaciones y ondas del espacio exterior que podrían
provenir de otras inteligencias distintas a las nuestras-.
Desde luego, Héctor, es por eso que estoy aquí. Quiero que me des tu opinión
del motivo por el cual desde que sufrí mi invasión por dentro, sentí la
necesidad imperiosa de dirigir mi mirada hacia allí, sí, hacia donde te estoy
señalando. Además el punto que me atrae ha variado en las últimas semanas
desplazándose hacia abajo, justamente hacia donde miras ahora. -.
-Déjame ver- fue la respuesta -. Acto seguido extrajo de un cajón del
escritorio que tenía enfrente, un rollo que extendió sobre la mesa. Luego de
una observación detallada, le dijo:
-En la posición que me señalaste, está en este momento la constelación
Eridanus, que se mueve en el sentido por ti marcado, y la estrella más parecida
a nuestro sol que está allí, es la épsilon, o sea Épsilon Eridani. Justamente
hemos recibido intermitentemente radiación de allí, pero nada material puede
provenir naturalmente de ese lugar. Lo que remotamente podría ocurrir es que
existiese vida inteligente en la zona, que algún asteroide o cuerpo enviado por
ellos, hubiese llegado a la tierra, conteniendo vida artificialmente
encapsulada. Hasta ahí, bien, pero ¿de qué manera habría llegado algo de eso al
interior de tu cuerpo?-.
La respuesta de Castro fue inmediata:
-Cómo sabrás, trabajo en publicidad y la compañía para la cual trabajaba, me
envió a una zona desértica para filmar fauna de allí para una propaganda de una
compañía de turismo. Estaba realizando una toma cercana de un curioso lagarto
que de pronto huyó tal vez alertado por mi presencia. Miré hacia el piso y
descubrí algo que brillaba. Se trataba de una especie de tapa metálica adherida
fuertemente al suelo. Tiré de ella con todas mis fuerzas y logré separarla de
la superficie, quedando entre mis dedos, al tiempo que se descubría un orificio
del cual salió proyectada una lanceta o espina gigante que se clavó firmemente
en la palma de mi mano. Espantado, la retiré, quedando una herida sangrante que
traté de restañar con mi pañuelo. Tomé mi cámara, cargué mi material, para
dirigirme al hospital zonal. Allí me curaron y solicitaron ver el material
cortante, pero había quedado abandonado en el lugar del hecho, junto con la
tapa extraída. Como prevención me aplicaron unas vacunas y al día siguiente me
dirigí al trabajo, recorriendo para ello varios centenares de kilómetros. Este
acontecimiento produjo la pérdida de mi empleo, ya que no pedí certificado
alguno en el centro sanitario, y mi herida milagrosamente había desaparecido
sin dejar huellas-.
Héctor no sabía bien que actitud tomar frente a su antiguo compañero, lo único
que se le ocurrió fue tranquilizarlo y sugerirle que viera la “gato” Briones
para consultarle si en el lugar de la filmación existían antecedentes de caída
de meteoritos.
Castro se retiró con la convicción de que
no podía difundir lo acontecido, ya que lo tomarían por loco. Por ello fue
mucho más cauto al visitar a Jacinto, le dijo que quería averiguar si en el
pasado había existido caídas de meteoritos sobre una determinada zona, ya
que querían promocionarla como parte de visitas guiadas de turismo ecológico, y
él era el encargado de la propaganda. Café y recuerdos de por medio, quedaron
en comunicarse en unos días para saber lo que le “gato” había averiguado al
respecto. Lo que le dijo en su reencuentro, fue que precisamente había sido una
zona en la cual existían varias señales en la corteza terrestre de
esa actividad, proveniente del espacio exterior.
Con todo lo recabado además de sentimientos interiores, estaba seguro que su
persona estaba poseída por un ser del espacio exterior. No le importaban las
dudas y explicaciones que pudieran esgrimir distintos expertos, solamente lo
que él percibía, era lo válido. Tanto la forma de vida como la supervivencia de
su acompañante, era inexplicable para los humanos, pero ello no significaba su
inexistencia. El argumento humano más sólido era la imposibilidad de vida a
elevadas o muy bajas temperaturas, a presiones con sus variaciones bruscas
entre valores extremos, y a lapsos prolongados sin provisión de materiales de
subsistencia, pero eran pareceres de acuerdo a lo alcanzado por la ciencia del
hombre. Seguramente le faltaban al ser humano muchos conocimientos sobre la
vida universal.
Su huésped le infundía tranquilidad mental. Estaba de cierto modo
conectado a sus pensamientos, de
los cuales Castro tenía conciencia. Comenzaron a comunicarse fluidamente entre
sí, la propuesta de Eridani era establecer una simbiosis. Ambos se
necesitaban, los dos juntos tal vez podían hacer maravillas. Poseían el aporte
de dos culturas intergalácticas, para usarlas a su disposición. La limitación
era el cuerpo y la percepción de los sentidos que solo podían ser humanos, pero
con un buen entrenamiento podían utilizarlo en distintas o nuevas funciones.
Comenzaron
a instruirse ambos en la historia humana sobre participación mutua; para el
regocijo del invasor, afortunadamente había muchos antecedentes en la historia
reciente, estudiaron especialmente a Owen y a Fourrier. A través de todo lo que
averiguaban, se exaltaba en ellos el sentimiento de unión, y la necesidad de
divulgarlo. Estaban practicando la antítesis de lo que gobernaba al mundo
basado fundamentalmente en el individualismo y la llamada libre competencia.
Nada más que lo de ellos resultaba una unión mucho más profunda, tal vez lo que
se encontraría al fin del camino de una unión externa y totalmente sincera de
hombres cooperadores entre sí.
Poco a poco, en el transcurso de varias semanas, Castro fue adoptando un
comportamiento lo más normal posible frente a sus familiares y conocidos. No
obstante, percibía que era vigilado a través de su entorno, y por
personas desconocidas cuando salía a la calle. Decidió al fin, con el
beneplácito de todos, tratar de conseguir un buen trabajo. Le propusieron una
entrevista para ingresar a una de las más afamadas empresas de publicidad del
momento. Solicitaban allí un jefe para el departamento creativo. Debía
concurrir junto a otros citados a hablar con el señor Ferdinando y el
directorio de la empresa. La cita era al día siguiente a las once horas. Su
primera intención fue revisar su guardarropa para poner en condiciones su único
traje presentable. Algo en su pensamiento le dijo que era la decisión
equivocada. Presentía que la publicidad que se abordaba en ese momento era
cómica, con situaciones circenses y absurdas. Ya había aprendido que ese “algo”
que sentía era una comunicación de su socio interno. Se dejó llevar, la idea
era conseguir un viejo pantalón pijama, al cual luego de encontrarlo aplicó
varios parches de colores chillones, acompañarlo con una vieja camisa escocesa
y unos zapatos gastados que se ocupó de agujerear. Daba el toque final, una
nariz roja redonda de plástico. Para cubrir esta vestimenta, llevaría un gabán
que le llegaba casi a los pies, muy elegante, que ya no se usaba, pero confería
un aire importante.
Llegó el momento en el cual se congregaron los aspirantes. Le asignaron el
tercer turno, de modo que pudo estudiar como se efectuaba el acceso y egreso al
lugar de encuentro. Cuando llamaron al segundo, el primero no salió por la
puerta de entrada, existía por lo tanto otra puerta a tal efecto. Pudo ver
también que había un pasillo en el cual podía quitarse el sobretodo y las
polainas que cubrían los destrozados zapatos. Tal como lo había previsto, la
secretaria le indicó que entrase por la puerta del final del pasillo, de modo
que tuvo tiempo para sacarse el abrigo los protectores del calzado y
ponerse la colorada nariz. A continuación liberó a su interior para que
continuase según su deseo. Cuando golpeó la puerta y le indicaron que entrase,
lo hizo dejando sus efectos en el suelo, y dando una graciosa voltereta en el
aire. Cayó parado en sus grotescos zapatos, y dirigiéndose a los personajes
sentados en una larga mesa, saludó diciendo:
-Muy
buenos días señores, acá llegó vuestra salvación-.
Un ambiente extraño, dispar, se
instaló en la sala. Caras de asombro, otras de disgusto, algunas de hilaridad.
Se escuchó un grito en forma de una
orden:
-¡Saquen inmediatamente de aquí a
este loco! ¡¿Quién lo dejó entrar?!-.
No se hizo esperar la
respuesta de Edmundo que con voz firme, clara y alta dijo:
-Loco será el que se
pierda la solución al problema que los aqueja. Estoy aquí para brindarla-.
Todos los ojos miraron
interrogantes a Ferdinando, quién alzando su mano terció:
-Escuchemos lo que nos
quiere decir este joven, que seguramente fue enviado por alguien de nuestro
departamento que aparte de información, tiene buen sentido del humor. Acérquese
y hable-.
Castro que seguía con
su cuerpo, habla, palabras y ademanes lo que registraba en su cerebro, comenzó
un verdadero espectáculo basado fundamentalmente en la mímica y ciertas frases
clave. El asombro cundía entre los presentes, era maravilloso, una propuesta
insuperable, sin precedentes. Finalizada la muestra, Castro, luego de sacarse
la narizota y arreglar su cabello, les
dijo:
-Buen día señores, me
he enterado de cual es exactamente el problema de ustedes. Bien sé que se trata
de un tema totalmente reservado, no culpen a nadie aquí, me he enterado por una
fuente extra empresaria. Lo que he actuado como aficionado, debe realizarlo un
profesional de la mímica y el espectáculo, pero es en síntesis mi propuesta de
aviso publicitario que de ser aceptado, dirigiré, comenzando de inmediato. En
los papeles que ustedes tienen están mis antecedentes, pretensiones y
condiciones. Gracias por su tiempo, me retiro para que continúen con su
elección-.
No pudo retirarse, un
cerrado aplauso, espontáneo, que los puso a todos de pie, lo obligó a
permanecer. Como ya habían sido aprobados los antecedentes e informes de
todos los seleccionados para la
entrevista, decidieron contratarlo de inmediato. Lo citaron para el día
siguiente temprano para poner en ejecución el proyecto presentado. Se retiró
eufórico, olvidó hasta la apariencia que tenía, ya que el gabán lo llevaba bajo
el brazo. Se detuvo en la acera poco transitada, para comunicarse con su
antigua novia Nuria que lo veía como un muchacho de valores, pero poco
constante, habían discutido por no saber mantenerse y progresar en sus
ocupaciones, ahora era el momento de reconquistarla. Mientras le enviaba su
mensaje, un auto oscuro de vidrios polarizados, se detuvo frente a él, bajaron
con gran rapidez dos individuos que más parecían gorilas, que lo introdujeron
pese a intentar resistirse, al móvil que partió raudamente. Se inquietó de sobremanera cuando ingresaron
sin detenerse a un edificio que tenía una arcada exterior en la cual había una
guardia de soldados, los cuales no dieron señal de detener al coche. Se
detuvieron al fondo, frente a un pasillo, allí lo bajaron a empujones y lo
hicieron entrar a una sala desprovista de moblaje que tenía en el centro una
mesa y seis sillas. Lo dejaron a solas un rato, de pronto entraron abruptamente
dos individuos que se presentaron como funcionarios de Inteligencia del Estado.
El que parecía más débil e inofensivo de los dos, se dirigió a él en los
siguientes términos:
-Don Edmundo Castro,
usted ha tenido la suerte o la desgracia, según se interprete, de padecer una
intrusión en su ser, que proviene aparentemente del espacio exterior. Como
comprenderá, no podemos dejarlo entre el común de los mortales, debemos
aislarlo para estudiarlo y vigilarlo. El doctor Espíndola, todo su equipo, los
informes obtenidos, se encuentran ahora fuera de la vida común civil. Nadie más
sabrá de usted o su caso, sus parientes no lo encontrarán jamás, no se asuste,
vivirá una buena vida, nada le faltará, su futuro depende de usted mismo, de su
interior, tenemos la obligación de averiguar todo al respecto de su invasor,
para proteger a nuestra sociedad. Lo primero que ocurrirá es que lo
trasladaremos muy lejos de aquí, el lugar será muy lindo, mar, montaña, bosque,
animales silvestres, además tendrá mujeres de acuerdo a sus gustos, es todo lo
que sabrá por ahora. Lo llevarán a descansar para que se encuentre bien para el
viaje-.
Le administraron un
sedante, no alcanzaron sus fuerzas para oponerse, luego durmió contra su
voluntad varias horas. El despertar somnoliento lo situó en la realidad de un
viaje aéreo, vaya a saber hacia donde. Era extraño, pero había soñado lo que en
realidad había ocurrido, el retorno a la vigilia fue como el descorrer una
cortina semitransparente a través de la cual había visto transitoriamente los
acontecimientos, sin perder su continuidad. Significaba que Eridani había
estado atento, y le transmitía al segundo lo ocurrido.
Lo vivido, le sacó
todas las dudas al respecto de la conveniencia de su fusión con Eridani. La
elección en su empleo, que no podría ejercer y el interés de las autoridades
supremas, marcaban que su participación conjunta con el invasor, era altamente
beneficiosa al tiempo que codiciada, si bien tenían que reforzar las
estrategias para mantener la libertad y poder difundir lo que ocurría al mundo.
Llegaron a un aeropuerto militar donde no se
veía ningún avión civil, lo introdujeron en un automóvil de la fuerza aérea,
cuya cabina de conducción estaba herméticamente separada de la de él, de manera
que no podía hablar con los que viajaban adelante. Tras un viaje de
minutos, llegaron al mar, en un lugar muy hermoso con una cabaña que se veía
desde el exterior, muy acogedora. Sin mediar palabra, lo dejaron allí con una
llave que le pusieron en la mano. El coche huyó del lugar, como si algo
peligroso hubiese allí. No había mucho para elegir, de modo que resolvió
ingresar al sitio. Enseguida comprendió que el principal problema sería la
soledad ya que al recorrer la vivienda todas sus habitaciones estaban equipadas
y listas para ser utilizadas. En la cocina había una comida preparada y en el
comedor diario, todo puesto a punto para comer. A pesar que no tenía apetito,
probó algunas raciones que las encontró exquisitas. Probó la elasticidad del
colchón del dormitorio, era de su agrado y comodidad. Mientras se balanceaba,
divisó un papel en la mesa de luz, el cual tenía un título resaltado que decía
“Instrucciones”. Leyó lo que decía, aparte de todo lo referente al
funcionamiento de aparatos y manutención, hablaba a continuación de su comunicación. Lo notable era que tenía
un teléfono que se comunicaba solamente con el cuartel general, para solicitar
lo que le hiciera falta. También disponía de una computadora, pero era de uso
indirecto es decir todo lo que él quería saber o comunicarse, lo recibía a
través de una central del cuartel que autorizaba o no la petición y le enviaba
la respuesta brindada por Internet. Para
terminar, le informaban que en pocas horas lo visitaría la señorita Nilda que
esperaban fuese de su agrado. Repentinamente Eridani comenzó a contactarse,
advirtiendo que había que generar un plan de salida de allí, no podía confiar
en nadie. Además lo primero era precisar el lugar donde estaba, lo cual
lograría con mapas adecuados. Una de las habitaciones obraba como biblioteca,
en la cual encontró un atlas universal muy detallado y completo. Estaba por
abocarse a ello, cuando se escuchó en el silencio reinante, la llegada de un
móvil, que comprobó que se trataba de un auto. Estrenó el soleado ventanal
compuesto de múltiples cuadraditos de vidrio enmarcado, para observar a una
espectacular mujer con ropaje muy ceñido al cuerpo, descendiendo del vehículo,
para luego dirigirse al timbre para pulsarlo. Se presentó a través del portero
eléctrico, como Nilda. El cerebro de Edmundo funcionó con aceleración máxima.
Su conciencia no lo acusaría por charlar con esa Venus, tal vez no viese nunca
más a su novia, nada seguro percibía de su vida futura, de manera que optó por
franquear la entrada. El voluptuoso paso de su cadencia por el marco de la
puerta, le produjo un estremecimiento. Se trataba de una mujer imponente, pero
por algún motivo no le conformó a Eridani. Se produjo a continuación una lucha
triple en el interior de Castro, entre su conciencia, Eridani, y los deseos que
despertaba ese imponente monumento de carne y hueso. Sin duda era una experta
en el despertar de pasiones y voluptuosidades, en menos de media hora,
consiguió anular totalmente las defensas de su fortuito compañero,
arrastrándolo al lecho donde le hizo vivir momentos que jamás imaginó
transitar. Exprimido su fluido reproductor dejándolo totalmente agotado, se
sentó frente a ella, para intentar establecer una conversación. La comunicación
con Eridani que se había interrumpido al igual que toda su conciencia, se
restableció de pronto y recibió como una descarga interior que lo alertaba por
lo que había hecho, su parásito había detectado que ella no era humana. Un frío
sudor le produjo un estremecimiento de temor, que le impulsó a preguntarle al
tiempo que trataba de tomar distancia:
-¿Qué clase de ser
eres?- La respuesta no se hizo esperar-.
-El ser ideal que todo
hombre ha soñado alguna vez en la vida. Correspondo a la serie F801, que es la
que ha logrado la máxima perfección, solamente es posible ver la diferencia por
medio de una radiografía o método similar que mostrará mi interior electrónico
y mecánico, lo que se ve o palpa desde
mi exterior, es copia perfecta de la piel humana, de la musculatura, de
la turgencia de los senos, y lo que es un tema aparte, mi vagina, ha sido concebida para lograr el
mayor de los placeres del macho humano. No me temas, a través de mis microchips
de dirección recientemente incorporados, eres el hombre de mi vida, de modo que
recibirás todo lo que te imagines o no, en todos los órdenes y niveles-.
Lo que podía constituir
una gran tranquilidad para Edmundo, era motivo de seria preocupación para
Eridani. Necesitaban contar con un verdadero cómplice que pudiera ayudarlo, tan
solo podían lograrlo a través de un humano.
Al poco tiempo, se dio
cuenta que el vínculo con el mundo de carne y hueso, se establecía solamente a
través de Nilda. Otro de los detalles era que no existía en el lugar nada
metálico, ni herramientas, ni cubiertos, cables, desagües, en fin todo era de
material plástico flexible. No tenía forma de fabricar ningún accesorio
agresivo, menos aún pungente, era imprescindible atraer allí a un mortal. La
única opción que se le ocurrió, fue la huelga de hambre, exigió que le trajesen
al doctor Espíndola en persona para volver a alimentarse. Cuando pasaron tres
días, la autómata le informó que ese mismo día le visitaría. Apenas detenido un
coche, vio bajar del mismo al doctor. Eridani le comunicó enseguida que no se
trataba de un humano, sino de un autómata. No obstante, Castro decidió
entrevistarlo de todos modos. A través de la conversación, su mente fue
generando una indignación creciente; para un desprevenido, no había manera de
comprobar el engaño, sabía todo sobre el médico, su lenguaje y términos eran
idénticos. En un instante dado de la conversación, se sulfuró de tal modo que
le gritó:
-¡Fuera de aquí,
impostor, si no sales ya, te voy a destruir con mis manos!-.
Ese grito operó como un
disparador de urgencia, el androide huyó a velocidad máxima, sin esperar otra
aclaración. Nilda que había permanecido en una habitación vecina, tenía
registrado que Edmundo de alguna manera detectaba cuando el ser era apócrifo.
Por ello al día siguiente cuando desapareció rumbo a entrevistarse con la gente
de Inteligencia, para informar entre otras cosas que el ayuno seguía, también
refirió el fenómeno ocurrido. Mientras tanto, Castro con ayuda de su fracción
Eridani, comenzó a comprobar en los planos del atlas que estaba en la
biblioteca, donde se encontraban. Le resultó impresionante la manera precisa de
registro que llevó su invasor, ubicando exactamente kilómetros y direcciones,
lo que hizo posible sin gran esfuerzo determinar con exactitud la zona y
aproximadamente el lugar preciso del domicilio. Se hallaba en zona cercana a la
costa, lo que posibilitaba huir hasta con la ayuda de una embarcación. Debía
contar con un cómplice, si aparecía el médico real, podía ser una de las pocas
oportunidades. Por idea de Eridani, fabricó un pequeño instrumento punzante, a
partir de una uña del pie, ya que no había nada rígido en el entorno, todo era
flexible y se doblaba, no poseía aguja alguna, nada que pudiera herir. Lo probó
en sí, pinchando una venita del dorso de la mano. El resultado fue óptimo ya
que consiguió embeberlo en la propia sangre. Una vez seco, logró ponerlo parado
en el asiento de una de las sillas, y tuvo la precaución de reservarla para cuando viniera el galeno.
Como se imaginara, muy pronto apareció acompañado por Nilda. A través del corto
paseo desde el coche hasta la puerta de acceso, observó que la galanteaba en
especial, lo cual le dio la idea que tal vez no se percatara que ella era un
androide. Franqueado el ingreso, Edmundo invitó a Espíndola a sentarse, al
hacerlo, manifestó una incomodidad que lo hizo levantar, ante lo cual su
anfitrión le cambió enseguida su asiento, para evitar que se diera cuenta que
se había pinchado con un instrumento preparado al efecto. Eridani confirmó que
se trataba de un humano, por lo demás, todo hacía presumir que se trataba del
sujeto esperado. Nilda sirvió unos bocadillos que traía consigo, para que
confirmaran al comerlos que el visitante era un viviente. Lo que tranquilizó
mucho a Castro a través de la conversación, fue el hecho que él sabía mucho más
a través de Eridani que todo lo que
habían averiguado externamente. Terminó ese episodio con la duda del motivo de
su convocatoria por parte del médico, la grabación de lo hablado por parte del
robot, y la satisfacción de Edmundo - Erdani. Apenas los vio alejarse, constató
que el sistema de pinchazo había
funcionado, lo cual ya había sido corroborado por Eridani. Percibía además que
se había inoculado células suyas, de modo que todo era cuestión de tiempo.
Ahora tenía que esperar que viniese por iniciativa propia, ello marcaría que un
nuevo Eridani se sumaba a las acciones tendientes a mejorar la raza humana.
La vida en realidad era
tan placentera, que Eridani debía azuzarlo permanentemente. El principal
problema en todo sentido, estaba constituido por Nilda. No podían invadirla por
un Eridani, su estructura no aceptaba
células de ningún tipo, solamente la información electrónica codificada, a
pesar que para su compañero interno era muy fácil detectarla, no podía
alterarla, por otra parte su fuerza era la de tres hombres fornidos, no tenía
arma alguna ni nada contundente para sorprenderla. Pero Eridani como un
superdotado en comparación con cualquier humano, ideó rápidamente un método. Él
estaba también presente en el líquido seminal de Edmundo, de modo que en la
próxima relación sexual con ella, usaría como siempre un condón para no ensuciar
su artificial vagina, pero esta vez agujereado convenientemente, de modo que
algunas de sus células alcanzara el sistema de lubricación de la androide para
alcanzar luego la consola donde estuvieran los circuitos y poder alterarlos.
Estaba seguro que podría burlar todos los escollos interpuestos.
La monotonía y el tedio
eran manifestaciones con las cuales Nilda se mostraba con una respuesta de gran
actividad, de manera de cambiar la situación. El otro yo de Castro, lo había
detectado, ante cualquier situación deprimente captada, se activaba
automáticamente el sistema euforizante del robot. Ese día llegó más temprano
que de costumbre, y más que nunca anteriormente, parecía una mujer auténtica.
Castro se dispuso a pasar una buena mañana, se sentía muy dispuesto, desde su
interior había dos interesados en una buena actuación. Cuando traspuso la
puerta, fue sorprendida con un abrazo y un beso de lengua tremendamente
activador. Ella no poseía en su estructura hormonas, pero sus sensores y
estimuladores obraban magistralmente con lo cual cumpliría cabalmente con su
función. Castro percibió claramente la colaboración Eridani, brindando una
sensación de deseo imperioso. Terminaron sobre el sofá revolcados de tal manera
que permitió apreciar las bondades del material sintético, resistente a todas
las exigencias. La polución de Edmundo fue una de las más abundantes que
recordaba. Trató de mantenerse ligado a ella el mayor tiempo posible, cuando se
separaron, observó con alegría al condón que aún chorreaba, lo cual señalaba
que la intención había tenido éxito. Eridani se puso muy tenso, le fue
comunicando a su copartícipe, lo que registraba. Podía percibir cualquier
célula proveniente de su organismo, aún a cierta distancia, las polucionadas
estaban tratando de ascender por el conducto de lubricación vaginal hasta el reservorio del cuerpo situado por
debajo de los senos, para luego migrar hacia la altura del ombligo, donde
detectaban los circuitos. Allí debían reproducirse convenientemente para poder
interferir energéticamente el funcionamiento del circuito principal, para luego
alterar toda la información acumulada en el robot. Tenían que hacerlo con
urgencia, ya que la única fuente de alimento disponible para las células, era
la cantidad de semen que cada una era capaz de trasladar hasta destino. Eridani
había podido viajar anteriormente de manera inter galáctica, mucho tiempo sin
alimento, en forma encapsulada y latente, pero ahora vuelto a la actividad,
necesitaba constantemente de alimento. Debían procurar que Nilda generase lo
más pronto posible algo que le era totalmente desconocido: la angustia de un
apetito voraz. Eso resultaría inexplicable a los encargados de mantenerla,
había que intentar cualquier estratagema.
Ese día Nilda llegó muy
inquieta a la dependencia de Inteligencia de Estado, solicitando urgente
provisión de alimentos líquidos para nutrir su sistema de lubricación, y la
modificación de su estructura interior para poder deglutirlos y gustarlos.
Semejante despropósito hizo que inmediatamente la remitiesen al sector de
ingeniería técnica, donde inmediatamente la desconectaron y procedieron a la
revisión de todo el sistema corporal y circuitos. Prepararon otro robot
idéntico de la serie F 801, para
enviarla al servicio de Edmundo con una copia de sus circuitos, de modo que no
podría notar la sustitución. Grande fue la sorpresa del equipo cuando la vieron
venir de vuelta, con el mensaje de Castro
que no aceptaba sustitutos, y que
declaraba una huelga de hambre hasta que llegase la auténtica Nilda. En calidad
de urgencia, revisaron el androide para encontrar el motivo de tan extraño
pedido de alimentación, pero no pudieron
hallar nada. Le implantaron un conducto oral para que se comunicara con
el sistema de lubricación, y el excedente lo eliminara mediante una improvisada
cloaca rectal. Le proveyeron para conformarla, un botellón con agua coloreada,
ante el asombro de todos la rechazó, aduciendo que lo que necesitaba era
alimento, no agua. Con un asombro sin límites, le proveyeron lo solicitado, y le
dieron un par de botellas de sustitución. Se manifestó satisfecha, luego de lo
cual partió hacia lo de Edmundo para cumplir lo requerido en sus circuitos. Fue
muy bien recibida, con un afecto especial que anteriormente no notara en
Castro. La cuidó especialmente, como se cuida un objeto precioso o de gran
valor. En tanto, Eridani se preocupaba especialmente por las células
implantadas, estaba satisfecho porque había logrado su propósito, comenzaba la
etapa de proliferación que terminaría cuando estableciera comunicación con las
células que actuarían sobre los circuitos de Nilda.
La mente de Edmundo
comenzaba a percibir novedades del exterior procedentes de Eridani. De algún
modo desconocido se encontraba comunicado difusamente con el doctor Espíndola
de una forma extraña, ya que no recibía datos de su vida ni de sus problemas o
sensaciones, pero en general sabía con seguridad que se encontraba bien,
proliferando células Eridani. De igual manera percibía el estado de Nilda
cuando estaba ausente, ocupada principalmente y prioritariamente por su nuevo
estado de nutrición demandada, que superaba al deber instaurado en sus
circuitos. Esa tarde comenzó a incrementarse en él una sensación de proximidad
del investigador, hasta que lo vio llegar en su móvil. Eridani se mostró muy
complacido, lo que significaba que se estaba logrando su conversión y anuencia.
Nilda, presente, también manifestó complacencia, lo cual señalaba que comenzaba
a operar un grupo de tres, lo que era el primer paso hacia la ansiada libertad.
Una vez reunidos, las miradas se entrecruzaron como si lanzaran palabras.
Edmundo sintió una extraña conmoción en su cabeza. Percibió un engrosamiento
del interior de su encéfalo que lo llevó instintivamente a mirarse en un
espejo. Se vio como de costumbre, nada se percibía hinchado. Algo nuevo había
en su interior, pronto percibió que se trataba de una incorporación permanente
de la presencia de Nilda y Espíndola que la registraba a través de Eridani.
Este le explicó que a pesar que las células de él estaban dispersas en tres
cuerpos, la parte conductora y pensante, era idéntica en las tres, los
pensamientos podían provenir de cualquiera de las fuentes, pero registrados en
el trío, tal como ocurría en un humano cuando tenía pensamientos sucesivos. Las
decisiones eran inexorablemente únicas y al unísono, aunque de acuerdo a la
situación de cada uno, fuese uno solo que llevase a la acción lo pensado por
cualquiera. Lo diferente, era la información
que provenía en cada uno de ellos de la parte humana que compartía. Lo
que ocurrió a continuación, fue la actualización en los tres de la información
total, lo cual fue telepáticamente realizado en segundos. A partir de ese
momento, cualquier diferencia provenía de las partes humanas y sobre ella era
menester acordar. De todos modos eran
muy sutiles, Eridani prevalecía en todo sin que sus portadores tomasen
conciencia de ello. Por ese motivo, fue que el plan de huida que establecieron,
lo acordaron sin gran esfuerzo. Sabían exactamente en que lugar geográfico se
encontraban, la percepción de distancias y direcciones en todos los traslados,
habían sido minuciosamente registrados. Debían retirarse en el auto del doctor,
ya que era quien primero partiría de allí, por ser una visita. Nilda iría
acomodada debajo de un espacio que dejaba el asiento trasero, Edmundo debía
viajar en el baúl, disimulado entre mantas. Dejaron todo acordado para una
fecha próxima, Espíndola debía armar toda la logística exterior para llegar sin
dejar rastros al lugar donde un helicóptero los trasladaría a lugar seguro.
La vida de Edmundo
transcurría con un permanente estado de consolación por parte de Eridani,
comenzaba a sufrir el estado de ansiedad liberadora, soñando ser nuevamente
libre y poder recuperar si aún estaba a tiempo a Nuria para establecer su
añorada familia. La situación era cuanto menos extraña, todo lo que le provenía
de Eridani lo conocía en el momento necesario, ni antes ni después, lo que
hacía que sus ideas o propuestas no tuvieran peso, estaba entregado a lo que
una mente superior decidía en cada paso, y solo podía acompañarla. Estaba
seguro que otro tanto les ocurría a todos los que tuviesen a Eridani dentro de
sí, era como un dios omnisciente conectado en serie a todos ellos. Por eso, a
los pocos días, cuando vio aparecer a Espíndola y percibió en su interior una
inquietud de su acompañante, comprendió que se avecinaba la huida. También lo
supo Nilda, la cual comenzó a aumentar su temperatura, debido a la alta
fricción que se generaba en su interior al forzarse sus circuitos a desarrollar
la actividad y decisiones Eridani. Afortunadamente, no se produjo el colapso,
seguramente debido al gran adelanto tecnológico de los invasores. En escasos
minutos se actualizó todo lo que debía actuarse, luego de lo cual Edmundo fue
convenientemente acomodado al igual que Nilda para ocupar los lugares
disimulados que se habían previsto en el auto. Partieron dejando la casa con
aspecto de estar ocupada, tomaron el camino costero hacia el puesto de
vigilancia. Castro sabía que de alguna manera saldrían airosos pero no por ello
dejaba de estar ansioso, al no saber como sería la forma. Llegados a la garita
su cerebro captó perfectamente lo que le transmitía Eridani, que eran las
palabras que emitía el jefe de guardia:
-Dejen pasar sin
comprobaciones al doctor Espíndola, es
de plena confianza-.
No medió otra palabra, se escuchó el arranque y el suave desplazamiento
en ruta. Le hicieron saber a Castro que en un par de horas cambiarían de móvil,
no había problema alguno ya que a partir de entonces se podían comenzar a
generar inquietudes por la no reaparición de Espíndola en su destino. Unos
minutos antes de lo esperado, el coche se detuvo para sacar de sus escondites a
los prófugos. El doctor los ayudó a salir, los dejó unos minutos libres para
que distendieran los músculos y los circuitos motores androides. Como en una
operación de precisión, un silencioso helicóptero descendió a un lado de la
ruta, y ascendieron al mismo los tres viajeros, dejando abandonado allí el
automóvil. En la aeronave solo estaba, al menos visible, el piloto, quien
levantó raudamente vuelo. Una extraña sensación de miedo reprimido, asoló a
Castro pese al esfuerzo tranquilizador de Eridani. El temor fue en aumento
sobre todo cuando se internaron en el cielo marítimo. El pánico le llegó a
pleno cuando sintió que desde el respaldo de su asiento una especie de tenaza lo inmovilizó para
luego abrirse la puerta que daba al exterior de su lado, y la mano férrea y
segura del piloto accionó una palanca que lo eyectó junto a su butaca al vacío.
Fueron los segundos más largos de su vida, el mar se aproximaba
vertiginosamente, no se observaba paracaídas alguno, para su asombro el impacto
fue suave, sin duda el asiento estaba preparado para sumergirse con su carga,
no conseguía liberarse de su funesto aprisionamiento, y en medio de la inútil
batalla ya en el interior de la masa acuática, percibió dos cosas que lo
asombraron, la primera es que veía con claridad como si tuviese puestas
antiparras, la segunda que sus pulmones podían recibir el oxígeno del agua,
como si fuera un habitante marino. Del horror pasó directamente a la maravilla,
apenas tocó fondo, las tenazas se aflojaron y pudo salir del estado de
apresamiento. Eridani se apresuró a explicar lo sucedido, aprovechando la
vuelta a la serenidad de Edmundo. Las células de ellos, podían organizar
individuos facultados para obtener oxígeno por distintas vías y formas, al
ingresar a un humano, modificaban en este la exclusiva vía de oxigenación gaseosa, lograban así absorber el oxígeno
disuelto en el agua. También generaban una película transparente e insoluble
que se adhería a la córnea lo cual
posibilitaba la claridad de la visión en el interior del agua. Estas y otras
propiedades suministradas por ellos, eran reversibles, o sea que si por algún
motivo abandonaban al humano, este perdía las propiedades adquiridas. Hacía
unos milenios que su civilización había descubierto la ley universal de
posibilidades evolutivas. La habían aplicado en diferentes mundos habitados, lo
seguían haciendo, y así generaban nuevas posibilidades propias, que tendían a
la máxima perfección, paso previo para integrar finalmente la eterna energía
positiva (EEP). La ley universal establecía que cuando brindaban a seres menos
desarrollados posibilidades propias que ellos no poseían lo cual conducía en estos a un avance hacia la
evolución positiva, se producía en el agente generador, la aparición de una
nueva propiedad, no conocida aún, tendiente
al mismo sentido; lo cual les acercaba hacia la
EEP. Dicho en forma sencilla para los
terrestres: Al posibilitar accionar a los humanos aspectos beneficiosos
imposibles de realizar por si mismos, los invasores recibían a cambio una mayor
cercanía a Dios.
Castro, buceando seguía
las instrucciones de Eridani que lo conducía a la entrada de una gruta
submarina. Este al mismo tiempo continuaba captando la comunicación del doctor Espíndola que había sido arrojado al
agua a muchos kilómetros de allí cerca
de otra gruta.
Los esbirros de
Inteligencia del Estado, trataban de obtener alguna pista a partir del robot Nilda cuyos circuitos estaban dañados
en forma irreversible, del coche asignado a Espíndola, y el entorno del lugar,
incluyendo la costa marítima. La única conclusión a que llegaron fue que habían
sido llevados en forma aérea a alguna parte. El jefe máximo, Mayor Eusebio,
permanecía atacado de un pésimo humor, dos personas no podían evaporarse.
Pensaba que los caminos del pensamiento eran como rutas de rígido asfalto por
las cuales solo se podía deambular según el entramado preestablecido y a nada
ni a nadie le era permitido salir del mismo. Ello le conducía a pasar los días
vociferando órdenes, profiriendo insultos referidos a la incapacidad de los
subordinados y a las absurdas fantasías que se generaban cuando la férrea lógica
no permitía penetrarla. Lo que más le incomodaba era que él mismo, dando
rápidos pasos con sus largas piernas que hacían recordar el deambular de un
tero en un acotado jardín, había recorrido el lugar de los hechos y su entorno,
sin poder aportar idea alguna que justificase su superioridad como estratega e
investigador ante todos sus subordinados. Luego se había retirado raudamente a
su oficina para balbucear a través de los gruesos labios de su cabeza alargada,
epítetos de grueso calibre que se perdían como eco lejano al rebotar en las
paredes. Día tras día repetía el repertorio, y su frustración aumentaba hasta
hacerlo crispar y electrizar el poco pelo entrecano que cubría su cabeza. No
transcurrió mucho tiempo para que requiriese la visita médica. De ella surgió
la absoluta necesidad de un descanso en lo posible en las sierras o el mar. Muy
a su desagrado debió aceptar; eligió una zona marítima en las cercanías de la
desaparición, su obsesión no le permitía alejarse demasiado del epicentro del
problema. Consiguió a través de un subordinado, un alquiler muy acomodado de
una cabaña cerca de un pueblo de pescadores. Armó con ayuda de su esposa el
equipaje que les haría falta para pasar una quincena, sobre todo en una zona
donde ciertos abastecimientos podían resultar difíciles. Ella era una mujer
sencilla y sufrida, muy supersticiosa, por lo cual llevó todo tipo de amuletos
como protección, sin olvidar el principal del cual no se separaba, una bella
piedra verde engarzada en una cadenita para lucir en el cuello, que le regaló
una amiga muy querida. Ya en el lugar, transcurridos los primeros
días, el ánimo de Eusebio se tranquilizó bastante. Le gustaba el rumor del mar
y el oleaje le daba sensación de actividad, la cual no podía abandonar. Esa
mañana, su mujer le pidió encarecidamente ir a la playa. Como en la zona no
había mucha actividad a desarrollar, se encaminaron hacia allí. Una vez
instalados, ella se quedó profundamente dormida, lo que le produjo a su esposo
extrañeza, pero la dejó descansar sin molestarla. El día estaba fresco,
algodonosas nubes cubrían el cielo, el mar tranquilo. Por la mente de Eusebio
giraban como de costumbre las incógnitas que lo preocupaban. Fijó la vista en
un punto en donde ya no se veía oleaje. Fuera de lo enfocado, más cerca de la
playa, se produjo un hecho que cambió la mira de su atención. Algo comenzó a
emerger muy lentamente del agua, se trataba de un cuerpo humano que quedó
finalmente flotando en lo que se asemejaba a un grueso tablón. Paulatinamente
el ser pasó de la posición horizontal a la de sentado y mediante un remo que
antes no era visible, se fue acercando a la orilla, en dirección recta a
Eusebio. Lo primero que le maravilló a este no fue la imagen del extraño, sino
la naturaleza del submarino que sin emerger podía enviar rápidamente a alguien
a la superficie, no se apreciaba escotilla ni periscopio, tampoco traje
especial en el visitante, aparecía con ropa común empapada. Se situó frente a
él y le dijo:
-Soy Edmundo Castro y
algo más, he conquistado mi libertad, gracias al síndrome Eridani. Con la
adquisición de la liberación, tomo el
compromiso de hacerla encarnar en todos los humanos, ese ha de ser nuestro
Norte y futuro, en respuesta al encarcelamiento que a través de milenios se ha
transmitido desde el primitivo
advenimiento del poder en nuestra sociedad, que mantiene esclavo al ser, de
generación en generación. La servidumbre ha de ser desterrada, transformada
en trabajo fecundo común, debe consistir
la única posibilidad de supervivencia. Mi tiempo al igual que el de nuestra
cofradía es acotado, cuando él se acabe, terminarán las posibles esperanzas que
tan generosa y cálidamente nos han brindado. Mi objetivo en este momento es por
un lado evitar el gasto inútil en la pesquisa y por el otro, instaurar en usted
la inquietud de transmitir y luchar por esta sencilla idea. Los grandes
proyectos suelen plantearse de forma simple, es lo que estoy haciendo, para su
orientación le dejo este chip grabado en nuestra tecnología para que medite.
Tal vez nos veamos próximamente, es mi deseo-.
Ante la mirada aterrada
del Mayor que desesperado pretendía despertar a su esposa sin éxito alguno, el
visitante se retiró rumbo al agua dejando en el suelo un
pequeño objeto. Se hundió en el piélago, desapareciendo en él. Recién entonces
ella volvió de su profundo sueño, recibiendo los gritos de su marido que con el
chip en la mano, con el habla trabada, trataba de manifestarle lo ocurrido.
Pasado el momento álgido, logró contarle lo vivenciado. Ella lo miró con cierto
aire de recelo y aceptó seguirlo en el rápido andar hacia la cabaña, para
colocar el adminículo en la computadora y poder así visualizar su contenido. Lo
percibido por ambos fue diametralmente distinto. Ella creyó notar una burda
propaganda de alcance mundial, que seguiría más adelante, para reclutar
candidatos para una secta religiosa que tenía sumo cuidado en no mostrarse como
tal. Él reconoció entre los personajes que allí se mostraban, a Edmundo y al
doctor Espíndola. Estaba frente a un
grupo que era capaz de burlar al Estado Mayor, aparentemente con recursos que
no estaban al alcance de ellos. Lo más curioso era que aparentemente no había
trasfondo político o religioso ni económico. Había que desenmascararlos, pero
¿de que manera?, por de pronto veía que no podía hacerlo con la verdad, sin
correr el riesgo de que lo tomasen por loco.
Edmundo se desplazaba
como mejor podía en el refugio submarino. Recién en ese momento comenzaba a
tomar conciencia de la dualidad de su ser, ya que dependía para su nueva vida
de Eridani, había renacido sin morir, lo novedoso en él era la necesidad de
salvar a sus parientes humanos, ayudado por centinelas de la paz y libertad
universal. Aprendía un nuevo concepto de ser libre delimitado no tan solo por
actitudes positivas, sino también recibiendo ayuda que se extinguiría en el
tiempo, el necesario para su propia toma de responsabilidad en las decisiones.
Se sentía elevado por encima de su condición de simple mortal, tanto en el
manejo de ciertos poderes como en su finalidad de superador de su especie,
internamente asignada en lo íntimo de su ser. Permanentemente su parte Eridani
lo mantenía dentro de la modestia, el hecho que quisiera lograr la rectitud y
bondad humanas, no lo transformaba en un Dios. Con Espíndola, había dos mujeres, cada uno de ellos tenía un lugar
asignado para realizar su misión, por el
momento actuaban juntos para discutir puntos de vista y la manera de abordaje
en la sociedad. De acuerdo a los
informes recibidos, tenían pocos años para recibir ayuda Eridani, sus células orgánicamente repartidas en las
distintas personas, tenían una muerte programada que se iniciaría lentamente en
los próximos tiempos. Una de las colaboradoras era de profesión psicóloga y la otra
socióloga, de modo que tratarían de actuar en los aspectos más profundos de la
sociedad humana. Habían ido a parar allí en instancia de sus vacaciones, al
hacerse a la mar en un velerito, este zozobró, al hundirse en el agua vieron
con sorpresa que podían respirar lo cual las ligó definitivamente a sus invasoras Eridani, a
las cuales habían rechazado permanentemente creyendo a través de los médicos
que las atendían, que padecían de un misterioso cáncer extremo que por algún
motivo desconocido no les producía dolor pero sí alucinaciones. A partir de ese
momento ambas aceptaron establecer contacto con el conjunto Eridani presente en
el interior de sus cuerpos. Eran ahora, las más fervientes luchadoras
existentes para lograr el cambio humano.
Habían escuchado infinidad de veces que la humanidad era vigía del universo. Sin lugar a dudas es lo
que se apreciaba de acuerdo a la posibilidad perceptiva. Pero la primera
pregunta a hacerse, consistía en el
motivo por el cual en las mentes lúcidas podían caber ideas de magia, fantasía,
extrañas percepciones y aún locura. Ello
se debía sin duda a que podía existir el dos en uno, en determinadas
condiciones se generaban organismos duales o quizás múltiples dentro de un solo cuerpo. Ellas tenían ahora
conciencia del hecho, tal vez en otros tiempos o casos, el que padecía de esas
dualidades o multiplicidades, no podía explicarse el motivo. Un caso histórico
muy palpable había sido el de Juana de Arco.
Lo que terminaban por
aceptar todos los invadidos por Eridani, propuesto por los invasores, era que
el ser humano debía obtener la equidad en la sociedad y por ende en si mismos.
Dicha actitud, se basaba en tres aspectos que eran en ese orden: lo aportado o
producido por el individuo, su capacidad y preparación, y finalmente lo que
necesitaba en la existencia cada uno. Había que idear un sistema en que cada
uno recibiera en la vida de acuerdo a esos parámetros, y que solamente se
pudiese alterar de acuerdo a excepciones que requiriesen de la solidaridad de
los demás.
Edmundo y el doctor
Espíndola, debatían también este tema. A este último fue a quién se le atravesó
por el pensamiento el recuerdo de una doctrina humana que contemplaba
precisamente ese postulado, les fue bastante fácil ubicarla y procedieron a
discutirla con su parte Eridani.
Muy diferente era la
situación de Eusebio que no podía saber con certeza lo que ocurría, solo que
estaba a merced de hechos inexplicables ante la lógica común y que no podía
discutir sin que lo tomasen por loco. La
conclusión a que arribaron en el intercambio de ideas e información con
Eridani, fue que el cooperativismo existente en el mundo cubría esas
condiciones y aspiraciones.
No era sencillo evitar
el sentirse superiores, porque en realidad lo eran. Lo que se negaban a aceptar
era que su parte Eridani marcaba la única diferencia con los demás mortales,
debido a lo cual, los visitantes comenzaron a realizar un trabajo de toma de
conciencia, en el sentido que ellos no
querían intervenir en la especie humana, por lo cual su muerte programada
estaba próxima, y al terminar su hospedaje, los humanos volverían a sus
antiguas posibilidades.
El hecho de lograr el
dominio real sobre el planeta, producía a los humanos invadidos por Eridani,
una comprensión del cooperativismo en dimensión universal. En base a él se
había logrado el dominio faltante biológicamente en el ser humano: el del
hábitat acuático, posibilidad anfibia ahora obtenida. La aérea, podían lograrla
los Eridani , pero los humanos debían modificar su esqueleto para poder volar,
aún no estaban genéticamente preparados ni programados.
En su nuevo reducto
marino, los humanos comprendieron la grandeza Eridani, que podían disponer
desde hacía siglos de la tierra, lo cual no habían hecho, ya que su misión era
encaminar a los humanos sin interferirlos, por lo cual establecieron a través
de la historia bases en los lugares
inaccesibles para los terráqueos, fundamentalmente en la fosa abisal de
los principales océanos.
El tiempo apremiaba,
Eridani se apagaría inexorablemente, las células que componían y acompañaban a
los cuerpos humanos, avanzaban al ritmo marcado rumbo a su apoptosis. En ese
lapso era necesario avanzar todo lo posible, era la responsabilidad establecida
para los elegidos que debían revindicar a la humanidad. Pero era necesario
caminar la dualidad de los mundos paralelos, de la visión contradictoria
existente desde el ancestro humano primario, cuya alternativa se planteaba como
el uno consigo mismo, o junto al otro. Los razonamientos humanos se perfilaban
hacia una u otra de esas únicas opciones. Eridani traía para los humanos, un
secreto desde el espacio exterior, era menester aprovecharlo. Su evolución
antiquísima había arrancado desde la
etapa de la conciencia celular, cada una de las unidades funcionales que los
constituían, eran en realidad pequeños organismos con conciencia y razonamiento
propios. No existía la especialización celular, al formar órganos, todas las
células servían para todos los órganos
formados, incluido el cerebro. Este tenía además una zona donde se archivaba el
conjunto de ideas y funciones que conformaban el ser obtenido por interrelación
de los órganos. Ese reservorio venía a suplir el lugar que ocupaban las células
de micro glía y la neuroglía en los individualistas. Esta
estructura, posibilitaba que todas las células tuviesen el mismo tiempo
aproximado de vida, a diferencia del otro tipo de ser. Tenían tres estadios armónicos: el celular con su
conciencia propia, el de individuo conteniendo todas las voluntades celulares y finalmente el de
sociedad, suma y resumen de los pareceres individuales, bajo una especie de
control neuronal social. Así habían logrado una comunidad cooperativa, donde
cada cual recibía lo que necesitaba, sin existir excesos o carencias en ningún
grupo. Respetaban la etapa del principio de libre ingreso o egreso al mundo
cooperativo, aunque no existiesen las posibilidades individualistas de los
especimenes o de la sociedad, pero si a alguna célula u organismo se le ocurría
practicar la experiencia individual, podía hacerlo, y de hecho, constantemente
se presentaban casos aislados, que en poco tiempo se reintegraban al comprobar todo lo que habían perdido.
Comprendían entonces que la asociación era un premio que la naturaleza brindaba
a los amantes de la cooperación a la cual se podía ignorar pero que jamás moriría
porque era una de las razones y motivos del existir. Vida y muerte eran parte
de la misma historia, no opuestos sino partes de la proyección eterna. Era
menester lograr la conciencia múltiple, presente en todas las unidades del
conjunto. Se consiguió y cambiaron los conceptos y definiciones. La anterior
muerte de una célula, pasó a ser un reciclado, aparecía una nueva en el lugar
de la que se iba, en forma antagónica al ser egoísta,que cuando moría no tenía
reemplazo y dejaba de existir. El individualismo era perentorio, el
cooperativismo se inmortalizaba. Cuando moría una célula de un organismo
cooperativo, el deceso ocurría conjuntamente con su conciencia. La nueva que
tomaba su lugar, poseía una energía en la cual debía anotarse como en un libro
o registro electrónico, las pautas y leyes que generarían en ella una nueva
conciencia, captadas desde sus células compañeras. En cambio cuando un ser
individualista fallecía, lo hacía junto a su conciencia, sus descendientes que
eran otros seres no ligados a él salvo en su genética, ya habían generado su
propio individualismo que podía ser parecido o no al de sus padres. Estos
durante su vida se esforzaban para que sus hijos pudiesen heredar y mejorar el
patrimonio obtenido. Esta actitud consolidaba el egoísmo con todas sus lacras y
se producía la pérdida inexorable de la conciencia propia individualmente
generada y mantenida. Por ello en el individualismo, era conveniente ser el
mejor, el más poderoso, el dominador de los demás y enseñar a sus hijos en la
corta vida, la forma de hacerlo. Guerras, hambre, miseria, penurias, placeres,
lujos, dilapidación, algarabía, bailaban la danza contradictoria del mundo no
solidario. El individualismo conducía al efímero poder y gloria o penuria y
dolor, de seres enfrentados en lucha desigual. El egoísmo jamás podía generar
una conciencia colectiva solidaria, el conjunto masivo estaba destinado a
servir a los privilegiados, tal como ocurría en los organismos individuales
donde las células especializadas en general servían a las privilegiadas
neuronas, que vivían mientras el organismo vivía, no así las otras que morían,
algunas con mucha actividad en pocos días.
Castro al igual que el
resto alcanzado por el síndrome Eridani, estaban invadidos por un accionar
comunitario, recibiendo transitoriamente su beneficio. El más palpable y
maravilloso, era haber conseguido la
vida anfibia que les permitía el dominio de las grandes masas acuáticas sin
tener que utilizar ningún artificio o aditamento. Les horrorizaba el hecho que
cuando Eridani no estuviese más dentro de ellos, perderían esas cualidades y
retornarían al estado anterior. Como parte de la ley universal, debían ganarse
su propia evolución, por eso Eridani estaría en el interior de ellos solo un
tiempo, en un momento dado no se regenerarían más, única forma posible de
ayudar a la humanidad sin invadirla ni forzarla, debían luego aprender para
generar su propia experiencia. El resto
del macroorganismo Eridani los observaría luego a algunos años luz de
distancia. La parte Eridani que portaba cada uno de ellos, intercambiaba
conocimientos e ideas en forma permanente. La única forma de llegar al
cooperativismo celular universal, era a través de una serie de mutaciones que
solo podían lograr con el transcurso el tiempo. Debían conseguir ante todo el
cooperativismo del mundo al menos en la
mayor parte, para crear condiciones aptas para el logro de mutaciones
biológicas en tal sentido. Era necesario recrear a Rochdale con una dirección
biológica correcta.
Edmundo quería lograr
eternizar sus propias células, se resistía ante tal imposibilidad ya que para
ello debía tener hijos que compartiesen con él una conciencia celular, de modo
que fuese una sola en varios organismos diferentes. ¿Cómo crear esa conciencia
celular que comunicase a la de las células de él con la de sus hijos en un único todo, ocupando cuerpos diferentes?
¿Cómo lograr ser semejante a Eridani en
la tierra? No era posible por el
momento, pero sí orientarse hacia esa finalidad. No obstante dirigiría todos
los esfuerzos de su vida para lograr el máximo posible.
Se dirigió hacia una
comunidad costera, le atraía sobremanera el mar, los lagos, los ríos profundos.
Además allí podía encontrar fácilmente alimento en el fondo de la masa
acuática, gracias al aporte Eridani. Lo que debía cuidar especialmente era no
dejar al descubierto su extraordinaria facultad de vivir tanto en el aire como
en el seno del líquido elemento. Una vez llegado al lugar elegido, fue
contactarse con la cooperativa más cercana de la zona. Se encontraba bastante
alejada, por tratarse de un emprendimiento agrícola, bien estructurado, que
cumplía con los preceptos y leyes cooperativas. En base a ello, como
colaboración, aplicarían los principios
de salida a la comunidad y la educación cooperativa.
Edmundo trabó rápida
amistad con los pescadores que le transmitieron sus problemas, vicisitudes y
angustias, especialmente los económicos así como los éticos. Había
posibilidades bastante buenas de encarar allí una empresa comunitaria. El
precio de lo que pescaban, se cotizaba muy bajo, todos los días aparecían
camiones refrigerados que pagaban diez veces menos que lo que se cobraba al
público en los mercados. Eridani calculó en segundos que poseyendo transporte y
cubriendo los gastos del mismo, podían ganar de tres a cuatro veces más que lo
que entonces percibían. Todo lo que necesitaban, era asociarse al menos veinte
pescadores para poder alquilar un flete y comprar hielo para trasladar la pesca
al mercado mayorista de la zona. Esa era la misión inicial con la visión que en
poco tiempo tendrían una mejor forma de vida, pudiendo entonces cumplir con el
objetivo de comprar un camión para trasladar la mercadería.
Veinticinco almas con
espíritu colaborador, se entusiasmaron y
decidieron unirse aprovechando el asesoramiento de la cooperativa agrícola, que
les brindó a su contador para la tramitación legal e inicial. Debían dirigirse
a la oficina que el INAES como entidad rectora de las leyes y aplicación
cooperativa, poseía en la zona, e iniciar los trámites. El profesional los citó
para que decidieran los lineamentos de un estatuto y su reglamento, de acuerdo
a la legislación vigente, el nombre de la cooperativa a formar y cuales serían
las autoridades directivas. Una vez que resolvieron estos temas, se fijó la fecha
para su aplicación en una Asamblea
Constitutiva. Aprendieron que en general la Asamblea era el órgano máximo y decisorio de
todos ellos. Cada uno había ingresado en el sistema por voluntad propia, podía
retirarse cuando quisiera, con el solo requisito de avisarlo treinta días
antes. Algo muy importante era que todos los que se asociaban, no pescaban el
mismo tonelaje, algunos poseían pequeños barcos, otros, lanchas, unos pocos,
botes, pero a la hora de vender, la venta era conjunta y se retribuía a cada
uno proporcionalmente, de acuerdo a los kilos aportados por cada uno. En la Asamblea cada uno opinaba
de acuerdo a su parecer, a la hora de las decisiones se votaba, siendo cada
asociado un voto, sin importar lo aportado ni el tamaño de los botes. Tampoco
interesaba ni la raza, religión o idea política de cada uno, no se permitía
discutir sobre esos temas. Una vez consolidados, se inscribirían en la Federación que era una
entidad que reunía a todas las cooperativas pesqueras con la finalidad de
defender los derechos de todas ellas, y establecer políticas de común
beneficio. También supieron que existía una entidad mundial que aúna a las
cooperativas, llamada ACI con una
representación en América, situada en San José de Costa Rica.
El comienzo, como el de
toda cooperativa, fue de índole económica, pero la forma de progresar basada en
un esfuerzo en común y de solidaridad mutua, producía un sentimiento de
participación y ayuda hacia toda la comunidad en la cual estaban insertados,
así como la necesidad de educar y educarse formando a sus hijos para que
encarasen una vida de ayuda y trabajo con beneficio mutuo.
Edmundo percibió
claramente la satisfacción Eridani. Era un simple comienzo, pequeño, que debía
durar y acrecentarse para difundirse en el planeta. Se iniciaba así la lucha
hacia un mundo que debía insertarse en las comunidades estelares de evolución
biológica.
Si bien se lo había
declarado muerto, había un sabueso que lo dudaba, y que pensaba reivindicarse
de su pobre actuación en el caso, que era Eusebio, el licenciado Jefe del
Estado Mayor. Dedicaba todo el tiempo que podía en averiguar sobre la posible
aparición en algún lugar de Edmundo y en una de esas investigaciones, tuvo
conocimiento de la nueva cooperativa de pescadores, sobre la cual decidió
indagar. Envió al lugar a una pareja de
agentes, que fueron detectados por Eridani que alertó a Castro sobre el hecho.
También le refirió que debían acelerar al máximo la colaboración extra
terrestre, porque comenzaba la retirada paulatina de la tierra, en lo que se
refería a los humanos invadidos, que dentro de un breve lapso quedarían solos para
luchar por el cambio que debía reivindicarlos.
En poco tiempo
identificaron a Edmundo y se dispusieron a
apresarlo, lo cual debía ser realizado con el mayor de los disimulos,
para ello la pareja de esbirros elegidos planificaron un accionar previo de la
mujer, escultural y hermosa, que atraería a Castro a un lugar costero
deshabitado donde su compañero esperaría
escondido, para luego detenerlo entre ambos. Ese día, desde la mañana temprano,
se hizo muy notorio el paulatino apagado de la presencia Eridani. Se comenzó a
interrumpir el fluido contacto entre todos los invadidos que debieron comenzar
a usar las vías telefónicas o electrónicas tipo Internet, lo cual los hacía
identificables y que se pudiera conocer fácilmente su paradero y sus desplazamientos. Empezaron a desconocer
la información de todo lo que ocurría en forma instantánea, eran nuevamente
vulnerables. Edmundo se comunicó con el doctor Espíndola, que en más, serviría
de vocero de lo acontecido, ya que se sometía a estudios permanentes para ver
su evolución, que debía ser la de todos sus pares. Últimamente había registrado
una disminución e involución extra terrestre en su interior, que se aceleraba
notablemente, al tiempo que células propias ocupaban el lugar de las que
desaparecían. Terminada la conversación, Castro se sintió rápidamente
desvalido, la comunicación Eridani se fue esfumando en cantidad e intensidad.
Minuto a minuto le resultaba más difícil escuchar e intercambiar ideas, comenzó
a invadirle un terror que le daba la sensación de estar totalmente solo en las
cercanías de un agujero negro que lo atraía fatal e inexorablemente hacia un destino desconocido. Ganó la calle
en busca de aire, pero se sintió más sofocado aún. Aunque era una hora
desusada, se precipitó al interior del bar donde concurrían los pescadores para
templar su garganta. Le llamó la atención que las miradas dirigidas hacia donde
se encontraba no se detenían en él, se dirigían hacia lo que estaba ubicado a
sus espaldas. Giró repentinamente y encontró su mirada observando los atrayentes y grandes ojos de una morena
sonriente. Un segundo de paz le invadió y atraído por el eterno femenino, no
pudo resistir la tentación de dirigirse a ella e invitarla a tomar una
copa. Aceptó muy solícita, aunque
produjo un resabio de temor en la mente de él. Estaba solo, nadie en su
interior le asistía. Trató desesperadamente de contactar con Eridani, sin
obtener respuesta dentro de sí. Se fue tranquilizando con el aire inocente de
ella. Dijo llamarse Marisa, y trabajar como acompañante. Rápidamente notó un
dejo de preocupación en él, debido a lo cual le dijo:
-No te preocupes, estoy
fuera del horario de trabajo, no te cobraré nada por acompañarte a tomar unas
copas.-
-Te lo agradezco,-
respondió- tengo una gran inquietud en mi ser, caíste como un ángel, me siento
más tranquilo.-
-Estás visiblemente
transpirado, tal vez caminar un rato te haga bien. Bueno ya que asientes con tu
cabeza, salgamos al aire fresco.-
Iniciaron un paseo con
charla muy animada, de modo que Castro ni siquiera percibió que salían del área
urbana del pueblo. El camino, bordeaba un acantilado de unos treinta metros, abajo
el mar enviaba al aire el aroma marino que hacía sentir mejor a Edmundo.
Actuaba sobre él como un llamado atávico de sus orígenes primarios. Repentinamente
como una felina elástica, Marisa saltó a un costado, al tiempo que extraía de
entre sus senos un arma de fuego, encañonando con la misma a Castro. Desde
atrás de unos matorrales, apareció un hombre también con un arma, y procedió a
esposar a Edmundo con los brazos situados en su espalda. Ocurrió todo en forma
muy vertiginosa, luego de lo cual Marisa jadeante dijo:
-Bien sabrás que
Inteligencia de Estado, para quien trabajamos, necesita la información tuya
sobre un tema de gran reserva para la seguridad del país. Debemos llevarte ante
el Mayor Eusebio, quien decidirá sobre el interrogatorio. No intentes nada…-.
Mientras la joven
hablaba, el esbirro aparecido, preparaba una soga tal vez con la finalidad de
atarlo. Edmundo comprendió que ello sería el fin de su libertad, de modo que
decidió saltar por el acantilado. Lo logró tras una breve carrera, la reacción
de sus captores no fue lo suficientemente rápida para detenerlo. El sumergirse
en el agua, le trajo aparejadas
múltiples situaciones. Estaba solo, Eridani ya no contactaba con él, lo
cual lo aterrorizó. Había perdido la condición de anfibio, esposado, no podía
salir rápidamente a la superficie, se ahogaría sin remedio. Sin embargo en
medio de su desesperación, tenía ahora una nueva posibilidad, su respiración no
se mostraba como acuciante, no sentía la imperiosa necesidad de inhalar aire,
era como si sus músculos bombearan el vital gas desde la intimidad celular
hacia su cerebro, su sangre, sus alvéolos pulmonares. Algo había aprendido su
cuerpo en la coparticipación Eridani: había sido la producción de mioglobina muscular, proteína capaz de almacenar grandes
cantidades de oxígeno. Tendría entonces un tiempo para poder estar sumergido,
sin tener que recurrir a emerger para sobrevivir. También mantenía la película transparente
generada en sus ojos para poder ver con nitidez en el seno acuático.
Los agentes solicitaron
de emergencia al equipo de buceo de Inteligencia del Estado Mayor. La búsqueda
resultó infructuosa, si bien allí no existían grandes depredadores y no
avistaron ninguno, era la única explicación lógica de su desaparición sin
rastros. Tampoco se encontró ropaje ni las esposas. Estaban todos preocupados
por la actitud que tendría el jefe Eusebio ante tales nuevas. Todos alrededor
de Marisa, que escribía, daban
desordenadamente su opinión sobre lo que colocarían en el informe. De todas
maneras, era seguro que nada satisfaría al mandamás.
Una sensación de paz
general sin premura, invadía a Edmundo pese a lo comprometido de su situación.
Sentía que era parte de un todo que lo protegía y que el solo hecho de
necesitar algo, el conjunto se lo brindaría. Apareció detrás de un montículo
del fondo marino, una silueta muy conocida, se trataba de un delfín que lo
miraba atentamente. Sin mediar otra comunicación que la sensación de necesitar
y brindar auxilio, el cetáceo procedió a empujarlo hacia la superficie, para
que aspirara aire, y luego captando la solicitud mental de su asistido, lo
llevó unos kilómetros paralelo a la costa, para dejarlo luego lo más próximo a
tierra, de modo que pudo salir caminando a la estrecha playa. Era una zona
rural, se dirigió hacia la única casa visible. Conforme se acercaba, parecía en
ese momento deshabitada, y se divisaba a un costado un cobertizo. No había
ningún guardián visible, de modo que enfiló hacia el galpón. Allí encontró
varios objetos de hierro y alambres, con los cuales como pudo, trató de zafar
de las esposas que inmovilizaban a sus brazos en la espalda. Finalmente lo
consiguió, aunque quedó muy dolorido, pero indemne. Se dirigió nuevamente hacia
la costa, no podía resistir la tentación de sumergirse nuevamente, para
corroborar la persistencia de lo vivido. El agua lo atraía como un imán, por lo
cual se sumergió prontamente. Si bien por el aire no se comunicaba ya con
nadie, aunque en forma tenue, se pudo contactar bajo el agua con Espíndola.
Este hasta el momento en que pudiesen verse personalmente, le transmitió sucintamente
lo más importante de lo averiguado. Quedó interrumpida su comunicación cuando
debió aflorar a la superficie a inspirar el fluido aéreo. Se sentó en la playa para que se secase la
ropa mientras meditaba lo que recientemente escuchara. Los invadidos por
Eridani, una vez abandonados por ellos ya no eran más los humanos que originalmente habían sido. La responsable
era la molécula de agua que acumulaba memoria en las uniones puente de
hidrógeno. En cada remoto lugar del universo donde existía el agua, esta era
una parte responsable de la vida o
posibilidad de la misma. Era el registro
universal de cómo se establecía la vida en distintos lugares, el agua
participaba siempre, y si alguna organización recabara la memoria del agua en
todos los lugares del universo, se tendría a disposición la historia universal
de la vida o sus posibilidades. Si se mezclaba agua proveniente de distintos
orígenes, también se mezclaban sus memorias acuosas y los seres vivientes que
habitaban en la mezcla, podían adquirir propiedades mixtas. Es lo que ocurrió
en los seres humanos invadidos por Eridani, ya que estas células traían el agua
proveniente de su constelación. El agua era la cooperadora universal de la
formación de distintas vidas, el solvente vital universal.
El papel desarrollado
por el líquido elemento, sentaba las bases del hermanado y la cooperación. Nada
más perfecto que ser parte de diferentes orígenes participando de lo positivo
de cada uno de ellos y descartando las desventajas, para comprender la vida
cooperativa. Las sociedades galácticas más perfectas provenían de cooperación a
través de la memoria del agua, de múltiples colaboraciones celulares entre
individuos de distintos mundos y sistemas, que daban como resultado seres cada
vez más perfectos. Era el caso Eridani, destinado en la tierra a elevar lo más posible el sistema de cooperación
humano.
Una cascada de
recuerdos recorría su registro vivido. Aparecieron Ferdinando, el loco Héctor Yuri, el gato
Jacinto Briones, y especialmente Nuria Jovellanos. Los detectaba a todos como poseedores
de mentes que podían ser ocupadas por aguas cooperativas, para formar en
futuras generaciones, huellas que posibilitaran competir con las
individualistas. Estaba ingresando a una nueva historia de la humanidad,
desconocida hasta el momento por los humanos, que compendiaba el resultado de
antiguas influencias que se habían proyectado en el actual ser. En algún lapso
de la prehistoria la tierra recibió un aporte importante individualista, la
actualidad era la resultante visible de ese hecho. Los organismos resultantes,
tendían a una diversificación celular máxima, con una cooperación mínima entre
los distintos tipos, lo cual llevaba a una frágil fortaleza como conjunto. Un
hígado enfermo, podía sucumbir sin auxilio de los otros tipos de células, al tratarse
de un órgano indispensable, su ausencia producía la muerte de todo el cuerpo.
Por otra parte en ciertas circunstancias, podía producirse una exacerbación
individualista de algunas células que producía una competencia salvaje con sus
compañeras a las cuales vencía sin importarles otro aspecto que su
proliferación e instauración sin pausa para asegurar la supremacía en el
organismo, aunque ello llevase inexorablemente a su muerte, al morir el
organismo en que se desarrollaban. Todos estos comportamientos, al igual que
los cooperativos celulares, se acompañaban de una intensidad y forma de
vibración en las uniones puente hidrógeno del agua, diferentes en cada caso, que
configuraban la memoria indeleble en las moléculas que constituían y
posibilitaban la existencia de esas distintas formas de accionar. Era por ello
que el agua acompañante a distintos grupos de células, era esencial para los comportamientos
futuros, de acuerdo al promedio de los
distintos casos vividos por ese líquido en su historia previa.
Existía otro aspecto
fundamental que era el genético adquirido, de acuerdo a los genes recibidos por
cada individuo. Todos estos factores jugaban en una predisposición por parte de
cada humano, a la hora de su libre albedrío. Esto hacía que este no fuese tan
libre, sino inducido por un cierto
perfil. Otra situación muy distinta era la Eridani , en la cual la historia de su agua, la
cooperación celular total que creaba cualquier órgano desde cualquier grupo
celular, de acuerdo a la necesidad en determinado momento, así como la
adaptación instantánea a cualquier función que se necesitara, la genética que
solo se encaminaba hacia la cooperación, generaba solo la posibilidad de seres
cooperativos, creadores de vida, en contraposición a sociedades totalmente
individualistas, disminuidas a través del tiempo, que a través de su agua y
genética, llevaba tarde o temprano al exterminio de los contendientes
celulares, que solo aspiraban a la supremacía.
En cierta forma.,
Edmundo, con su identidad revolucionada, había avanzado junto con el resto de
invadidos por Eridani, hacia una concepción cooperativa individual que debía
generarse en varios milenios. El resto de sus vidas estaba destinado a sentar
precedentes para un mundo en el cual se debía apuntar solo hacia el cooperativismo,
a pesar de existir una importante cuota genético-acuática de individualismo.
Edmundo pronto
comprendió que su intuición actual no era como la que poseía antes ni después de aparecer Eridani en sí mismo. Le
quedaba ahora un residuo, sin duda generado en sus células por el paso invasor. Pronto estableció relación con sus
pares para repartirse y luego comunicarse el resultado del accionar en
distintos lugares. Eligió continuar lo ya comenzado en la cooperativa pesquera.
Para ello se ofrecería allí como asesor institucional “ad honórem” con la
expresa finalidad de estimular en la sociedad circundante, como aporte, el
sentimiento y la educación cooperativa, así como alentar en ese sentido la cooperación
con otras cooperativas fuesen de la naturaleza que fueren.
Pese a lo extraño de su
propuesta, en cuanto a como desarrollaría el proyecto que les ofrecía
implementar, los miembros del Consejo de Administración lo aceptaron de buen
grado, ya que enseguida captó la atención e interés de los hijos mayores de los
asociados, que fueron sus primeros ayudantes. Consideraron además que el tema no ameritaba
la convocatoria de una Asamblea extraordinaria, ya que el mandato de los
asociados era de convocatoria para ser discutida por todos, si la inversión de dinero o bienes por
cualquier causa en el funcionamiento de
la institución, superaba un treinta por ciento del capital de la cooperativa.
En el proyecto de Edmundo, los gastos eran ínfimos.
En la primera reunión
de trabajo, el nuevo asesor, se dirigió a sus colaboradores en los siguientes
términos:
-Queridos muchachos,
hay ciertos descubrimientos que un equipo de seres cooperativos que no estamos
asociados formalmente, hemos realizado. Uno de ellos, tal vez el principal, se
refiere a la cooperación entre distintas especies y el ser humano, más allá de
la simbiosis o el comensalismo. Hemos perfeccionado y ampliado la cooperación,
no tenemos dudas que en seres más evolucionados que nosotros, residentes en
otras zonas del universo, esta práctica es común y normal. Esta modalidad tiene
una primera consecuencia que es la desaparición del depredador, transformándolo
en partícipe del sistema cooperativo. Lo que iniciaremos, es una experiencia que
beneficiará cooperativamente, sin alterar la forma de vida y libertad a
delfines, cardúmenes de la variedad de peces más apreciados por nosotros, y en
principio nuestra cooperativa; más adelante a otras entidades hermanas a
quienes nos vincularemos para cooperar con ellas enseñándoles nuestra técnica.
Los delfines comerán con menos esfuerzo, el cardumen se liberará de los
ejemplares que por su edad biológica retardan la movilidad del conjunto,
exponiéndolos al ataque masivo de otros depredadores, la cooperativa, pescará ejemplares
grandes de mayor rendimiento, que aumentará el monto económico neto a obtener.
Nos comunicamos fluidamente con los delfines, a quienes explicamos nuestra
idea, ellos se acercarán a los cardúmenes elegidos, los cuales como sociedad de
peces aprenderán pronto que solo desaparecen los congéneres que hacen
vulnerable al conjunto debido a su lentitud o menor versatilidad, acercándose
en el futuro a esos antiguos depredadores que se habrán transformado en
depuradores beneficiosos del conjunto. Este
es el inicio de la búsqueda de la cooperación entre especies con la intención
futura de producir la extinción de la
figura del depredador para aparecer la del depurador. Hoy iniciaremos esta experiencia, que se
llevará a cabo si los delfines consideran que aparecen en la zona los
cardúmenes que nos interesan a nosotros. Los invito a ponerse los trajes para
sumergirse, a continuación todos
iniciaremos nuestro aprendizaje.-
Todos, incluyendo a
Castro, se colocaron el equipo submarino y se dispusieron a aguardar en la
mayor quietud posible, sentados en la arena del fondo. El instructor adquirió
el aspecto de un religioso invocador, en un trance comunicativo. Pronto
apareció un cardumen de peces propicios y repentinamente, una gran cantidad de
delfines que se dirigieron a toda velocidad sobre el conjunto sorprendido, que
huyó a toda velocidad. Consiguieron aislar a varios grupos importantes de
ejemplares más lentos y a muchas crías pequeñas. Los orientaron hacia un lugar
próximo, debiendo entrar a un corredor tapizado y lateralmente cubierto de
redes con una malla que permitía el pasaje a su través, de los ejemplares
pequeños. Algunos cetáceos aguardaron expectantes y vigilantes, otros, se
dirigieron a la superficie, acompañados por el grupo humano que seguía la
acción, donde una embarcación esperaba su aparición. Era un pequeño buque
factoría, los marinos apenas vieron a
sus colaboradores, alzaron las redes que contenían los pescados elegidos.
Comenzó el procesamiento y enlatado de los especimenes, y el residuo
visceral, cefálico y otros restos, apilados
en cubos de plástico, fueron brindados con cariño, manualmente, por la borda de la embarcación, en las bocas
hambrientas de los mamíferos a través de los marineros a cargo. Todos estaban
maravillados, Edmundo tomaba la situación como un hecho histórico de su
memoria, rememorado como un revivir de antiguas situaciones. Se notaba en el
fresco aire marino, la satisfacción de la colaboración mutua: el cardumen agilizado, con una mayor velocidad en la
huida, los delfines habían comido opíparamente recibiendo junto con el
alimento, cariño, los asociados con un rendimiento jamás antes visto, y la
alegría del triunfo en conjunto, trascendiendo las fronteras humanas.
El doctor Espíndola, y
otros ex invadidos Eridani,
desarrollaron tanto en agua como en tierra firme, distintos emprendimientos a
través de diferentes cooperativas, que comenzaron a fundar el cooperativismo
entre especies. Todos ellos consiguieron no tan solo un cambio ético y de
igualdad sin precedentes entre el humano y distintas especies, sino que además
establecía una forma de competencia que podía eclipsar cualquier logro
capitalista individualista. El paso crucial dado por el hombre era la
comunicación con otros eslabones evolutivos, y en ello intervino
fundamentalmente el residuo Eridani y la memoria del agua que hizo ganar
cientos de años en la evolución de ese aspecto.
Eusebio no podía creer
lo que estaba escuchando, sin duda no había valorado al difunto Edmundo Castro
en la dimensión que debió hacerlo. Se trataba no tan solo de él, sus enseñanzas
habían generado una organización dispuesta a socavar la economía de la gran
industria pesquera y envasadora de
productos del mar, que dominaba el
accionar político y económico del estado. Su entrevistador, situado frente a
él, era el Ministro de Finanzas doctor Aguirre integrante y defensor de ese
grupo, quien luego del saludo, continuó diciéndole:
-Hasta el momento, la
legislación que favorecía al cooperativismo con la exención de ciertos gravámenes, no era para nosotros
problema alguno, dominamos el ochenta por ciento de la actividad, por lo cual
no era competencia. Ahora, a pesar de
haber derogado esa legislación y generado nuevos impuestos, se nos vuelve la
situación crítica. Por eso recurrimos a esta dirección de Inteligencia del
Estado Mayor. Lo primero que hicimos cuando apareció masivamente en el mercado el conjunto de conservas y
enlatados a precios irrisorios, fue averiguar de donde sacaban los productos, y
para nuestro asombro, eran totalmente producidos por ellos. Nuestro equipo de
espionaje, no tardó en darnos el informe de la técnica de la realización de la
producción. Si no hubiéramos sabido que los investigadores eran de máxima
confianza y seriedad, habríamos pensado que se trataba de una tomadura de pelo.
Parecía la descripción del funcionamiento de un circo, donde los delfines y los
peces amaestrados o mecanizados, producían una actuación en la cual los peces
inducidos por los cetáceos, iban a parar a las redes de humanos que los
capturaban sin esfuerzo alguno. El creador o creadores del sistema, se
encuentran actualmente ocultos, no hemos podido identificarlos, aunque por los
datos recabados uno al menos de ellos responde a la descripción del
desaparecido Edmundo Castro. Hay un secreto en todo esto, ya que cuando contando con los mejores expertos se trató de redituar
el sistema, fracasó totalmente, como si todos
los animales marinos involucrados debieran recibir alguna orden secreta
para actuar como lo hacen cuando los manejan los cooperativistas. Los técnicos
resolvieron entonces cambiar de depredador, eligieron tiburones, consiguieron
doparlos convenientemente y enseñarles a manejar conjuntos de peces, pero no
lograron nada, y debieron suspender la experiencia cuando fue atacado un
adiestrador y casi comido por un escualo. Por ello, tenemos que encontrar a los
ideólogos y responsables de este fenómeno. Creemos también que tal vez Edmundo
Castro no haya fallecido, aparentemente está en contacto con gente de la
cooperativa pesquera. Ese es el motivo por el cual lo hemos visitado, ponemos
en sus manos esta investigación-.
Eusebio lo vio alejarse
por el pasillo con paso rápido y la entrecana cabeza erguida. Sacó de una
alacena una botella de licor y libó un largo trago. Comprendió que tal vez lo
que había hecho de su vida no era algo justo y menos aún provechoso. Había
existido, defendido y trabajado en un
sistema social invariable, donde todo funcionaba según lo establecido históricamente
desde hacía siglos, se planteaba entonces como novedad un cambio avalado por la
naturaleza, mediante el cual en el
aspecto humano, florecía ahora una gran cantidad de individuos mancomunados y
dejaban de acopiar bienes excesivos unos pocos magnates. Sin perder un
instante, resolvió profundizar en la investigación y el tema, tomó su
portafolios y comunicadores portátiles, para partir raudamente hacia la
cooperativa cuestionada.
Ante su asombro, no lo
recibieron con la ansiedad y preocupación a la que estaba acostumbrado dada su
imagen de investigador estatal; lo desarmaron con una cálida recepción. Exigió
explicaciones de la vinculación con Edmundo Castro con la firma, lo cual no fue
negado en ningún momento, dado que no existía irregularidad ni trasgresión alguna, se enteraban en ese momento que el Estado lo
investigaba. De todos modos, hacía un tiempo que no aparecía por allí, la
última vez que lo vieron, dijo que partiría un tiempo al extranjero para
asesorar a otras empresas, ya que allí estaba todo en marcha y con funcionamiento
óptimo. Lo invitaron a presenciar la
labor diaria, para que pudiera observar la legalidad absoluta en que se movían.
Lleno de expectativas, partieron en el barco factoría recientemente
incorporado. Allí había un grupo de asociados que en silencio se tomaban de las
manos. Entre ellos había una mujer, que parecía especialmente concentrada. Era
la socióloga Eridani que junto con su amiga la sicóloga, que en ese momento
estaba con el equipo que buceaba debajo del barco para contactar a los
delfines, habían iniciado su actividad submarina junto con Edmundo, hacía un
tiempo atrás. Ambas se habían asociado a la cooperativa, sin declarar su pasado
Eridani, e intentaban transmitir sus facultades a los demás asociados. En un momento
dado, los del barco acusaron recibo de comunicación cetácea. No ocurrió lo
mismo con Eusebio, que no logró notar absolutamente nada. El barco se detuvo, e
invitaron al esbirro a acompañarlos, dotándolo de un traje para sumergirse. Lo
hicieron muy lentamente, para no alterar lo que allí ocurría. Una enorme
cantidad de peces, se movían en un conjunto que observaba inquieto a un grupo
nutrido de delfines totalmente inmóviles, que de pronto entraron en actividad
para penetrar en el seno del banco de pescados. Se ocuparon de dividir la masa
viviente para que los ejemplares caducos y mayores se situaran de modo que
pudieran conducirlos hacia las redes que habían bajado desde el barco. La
pesca, sin violencia alguna, fue ascendida al barco, donde terminó el trabajo y
la alimentación de todos los delfines, a los cuales se veía felices, como si
estuviesen en una gran fiesta.
Eusebio se retiró muy
intranquilo. Ningún argumento de lo que le tocaba hacer y plantear, le sugería
una motivación válida. No estaba en el momento histórico adecuado, ya que en la
Edad Media podría haber procesado por
brujería al Consejo de Administración de la cooperativa, pero ahora solo estaba
ante un hecho inexplicable, o al menos que contenía algún secreto de difícil
dilucidación. Lo peor era que el beneficio logrado con este singular
procedimiento, servía para que mucha gente de escasos recursos pudiese obtener
su alimento a un precio mucho menor, mejorando de esa manera su poder
adquisitivo. No podía encarcelar a los delfines o aplicar medidas contra los
bancos de pesca. No valía la pena encarar otras soluciones porque ya lo había
hecho el monopolio pesquero estatal. Resolvió averiguar este fenómeno para lo
cual pidió integrar el equipo que se ocupaba de ese trabajo. Le explicaron que
lo que había visto, funcionaba en función de ondas que trabajaban en
concordancia con la de los delfines y los peces. Para ello, tanto el grupo que
funcionaba debajo del agua como el de la plataforma del barco, ensayaban todas
las tardes y se ponían en concordancia de fases a diario. No todos poseían esa
virtud, se hacía el trabajo con los agraciados, el resto trataba de lograr que
su mente entrase en la fase que correspondía. No todos lo conseguían, se les
permitía seguir concurriendo a los ensayos, como intento de superación, pero
por supuesto no podían integrar el equipo de trabajo real, que se realizaba
todas las mañanas.
Eusebio comprendió
pronto que si quería lograr algo, debía comunicarse con los delfines, no como
con un perro o un gato, sino como si fueran sus pares, para asociarlos en empresas atrayentes de mutua conveniencia y
que beneficiasen a la ecología. El
escollo fundamental era él mismo al igual que todos los humanos que vibraban en
la frecuencia del individualismo. No había dinero que comprara, tortura que
doblegara, historia que conmoviera, argumento que convenciera si no se podía
establecer comunicación, y esta solamente ocurría cuando estaba
auténticamente presente el sentimiento
del cooperativismo solidario en la relación.
La falsedad y el
subterfugio, triunfantes otrora, se encontraban inermes en esta nueva relación,
reservada para el inicio de grandes cambios, tal cual había ocurrido hacía
muchos siglos en épsilon Eridani. Era un premio muy grande que se otorgaba a
las generaciones que habían logrado evolucionar.
El lastre que agobiaba
a Eusebio, no le permitía liberarse. Pero al menos algo avanzaba. Al menos así
lo creía. Repentinamente ocurrió algo para que todo volviese a su cauce
anterior, en un intento de eliminar de cuajo el avance evolutivo, que no cabía
en las mentes conductoras de la sociedad. Una nueva ley era el sabio
instrumento: se gravaba mediante un impuesto demoledor, toda actividad
productiva o de servicios que incluyera en su desarrollo a otra especie que no
fuese la humana, sin importar el procedimiento utilizado. Además debía
inscribirse y pagar una patente por cada ejemplar involucrado. El resultado fue
todo un triunfo para las autoridades, de modo que en menos de una semana, se
volvió al procedimiento y precios anteriores,
debiendo la cooperativa contactarse con los delfines para que se
alejaran de las zonas de pesca que establecieran los barcos asociados.
El doctor Espíndola
tomó la responsabilidad de la enseñanza. Se comprobaba una vez más que el
espíritu cooperativo para poder perpetuarse, debía ocupar la mayoría de las
voluntades, reemplazando al individualismo. No era lo que ocurría, de modo que la única alternativa era el
crecimiento del cooperativismo real, no del formal, que terminaba por ceder a
las presiones del individualismo dominante del poder económico del mundo. Los
únicos posibilitados eran los que habían sido invadidos por Eridani, que ahora
podían vivir en el seno marítimo, por haber ganado la posibilidad de estar
sumergidos cerca de media hora. Se generaba así un mundo sub acuático, donde la
nueva raza humana comenzaba el cooperativismo entre especies, fundado por la
cooperativa pesquera ahora reprimida, convocando a los delfines y bancos de
peces afines. Era menester esperar el logro normal, en tierra firme, el desafío
llamaba a los hombres. Eridani había colaborado en el impulso necesario, que
debía replegarse en el fondo marítimo. Se generaba un mundo ecológico,
desconocido en la sociedad aérea.
Eusebio no podía
conseguir su paz interior. Conocía muy bien las íntimas leyes del poder, por lo
cual no temía al estado, cumplía con todas sus
mandatos en forma prolija, mientras convenciera de ello, no debía temer
por su integridad y su vida. Pero su temor se centraba en quienes el estado
ahora consideraba enemigos, porque poseían una fuerza oculta y desconocida,
como lo había comprobado con Edmundo Castro. Si lograba aniquilarlos, podía
dormir tranquilo, pero para ello, sentía que debía actuar solo, y dadas las
circunstancias, debía buscarlos en el fondo acuático, lacustre y marino.
Seguramente existía una concentración de ellos en la zona donde viera emerger
por primera vez a Edmundo. Hacia allí se dirigió, con el mejor equipo de buceo
a su alcance.
Los días transcurrían
con una irritante irrelevancia y monotonía marina. Revisaba posibles grutas,
grietas del fondo, lugares donde pudieran estar camuflados, sin éxito. Por
ello, aquella rugosidad, que por su forma no aparentaba ser debida a rocas,
merecía ser atentamente revisada. Barrió el fondo, para ver aparecer los restos
de un barco hundido. Apareció en el costado visible el nombre de la nave que
era “Libertad”. Trató de mover distintas partes, en búsqueda de una entrada,
con el resultado que una parte de la estructura se desplazó sobre él aprisionándolo
e interrumpiendo la llegada de oxígeno a su escafandra. La lucha fue tenaz,
hasta que ya desfalleciente logró liberarse, recibiendo en lugar del ansiado
gas, un chorro de agua gaseosa. Sus últimos pensamientos que como cascada se
produjeron en su cerebro, fue la comprensión que el peor enemigo en aquel lugar
era él mismo y sus antecedentes familiares, que no tenían en el agua de sus
organismos huellas de todo lo que en ese momento requería, agua de la cual
poder extraer su oxígeno, transmitir ondas de pedido de auxilio, formar en su
cuerpo un sistema de reserva de oxígeno, era un extraño en un mundo de
vibraciones positivas y cooperadoras. Todo se acababa por no poder utilizar el
vital elemento que lo rodeaba en forma de compuesto, en una cantidad
abrumadora.
El delfín captó que una
onda vital se apagaba, correspondía a una vibración primitiva, errática,
solitaria, sin espíritu cooperador. Su mandato atávico, lo presionaba a acudir
en su ayuda. Llegó tarde, la labor era entonces devolverlo a su lugar de
origen, para lo cual lo llevó hasta la cercanía de la playa.
Enterado Edmundo,
asistió a su funeral. No escuchó el vacío mensaje del nuevo jefe del Estado
Mayor. Mientras se articulaban las palabras del orador, pensó que lo que había acontecido era un bautismo,
la recepción del agua en todo el ser de Eusebio, el agua que necesitaba,
impregnada de huellas Eridani, marcadora de la solidaridad y la cooperación,
que daban muerte al individualismo, y en un futuro fortalecerían al
cooperativismo, cuando el mundo estuviera preparado. Ambos humanos se
encontrarían en el futuro, en un momento de la historia, como recuerdo de la
muerte del individualismo que posibilitaba el nacer de la cooperación universal
plasmada en Eridani y la tierra con una
cooperación entre distintas especies que apuntaba a la vivencia
ecológica.
El bautismo representaba
para los humanos, el abandono de la vida anterior para adoptar la nueva vida
que ofrecía un profeta. En este caso, Eusebio, dada la falta de evolución, no
podía ingresar a un sistema Eridani, quedaba retenido en la muerte que le había
producido la embarcación “Libertad”, pero recibía las herramientas que
necesitaba a través del agua rica en información cooperativa, para una vida
futura. Se ganaba así un próximo ser liberado, más evolucionado, capaz de
recibir atribuciones de vida acuática. Comenzaba la era evolutiva. Soplaban vientos que generaban olas de aguas
promisorias.
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