sábado, 9 de noviembre de 2013

El sindrome Eridani


EL SÍNDROME ERIDANI


            Le era difícil precisar sus sentimientos en ese momento. Pocas veces se había sentido mal en su vida, pero en esta oportunidad era totalmente diferente. Una especie totalmente desconocida, que parecía proceder de muy lejos, asemejaba recorrer parte de su interior y lo llevaba a mirar de noche hacia esas estrellas con una atracción irrefrenable. Pero ese fenómeno no era lo que más le preocupaba, el resultado de los análisis sanguíneos que le habían realizado por una rutina,  debió repetirlos debido  a los extraños datos obtenidos, los valores esta segunda vez fueron concomitantes con los anteriores. Debido a ello, le ordenaron una batería de estudios, comenzando con ecografías, luego resonancias magnéticas y otras técnicas de última generación, lo que terminó con una junta médica, en representación de la cual lo entrevistaría en breves minutos el doctor Espíndola. Le llamó la atención que debió esperar muy poco, a lo cual no estaba acostumbrado. Ingresó a un consultorio muy pulcro, recién pintado, con un escritorio moderno, sillas cómodas, camilla impecable y una amplia sonrisa del maduro profesional, que luego de brindarle la blanca  mano acompañada de un amable saludo, lo invitó a sentarse, luego de lo cual leyó rápidamente para sí la carpeta que estaba sobre el escritorio  para decirle a continuación:
            -Usted es según lo que me han informado, el señor Edmundo Castro de treinta y tres años, empleado especialista en publicidad-. Ante el asentimiento del paciente, continuó:
            -Nuestro deber es bregar por su salud integral, por lo cual para tranquilizarlo o al menos que sepa realmente lo que ocurre, comenzaré por las conclusiones para luego referirme a lo demás. Usted padece de una enfermedad desconocida, parasitaria, que no es preocupante en sus consecuencias, al menos por ahora, para la cual no tenemos terapéutica alguna a nuestro alcance,  lo hemos averiguado a nivel mundial.
Para darle una definición acabada de lo que hemos detectado, le diré que tiene un solo

huésped que encuadra más bien en lo que llamamos un comensal. Durante la muerte

celular programada que todos los vivientes superiores poseemos, o sea la apoptosis,

cuando le llega  el momento, la célula muere, sus restos son absorbidos, y ocupa su

lugar una nueva célula recién nacida . Lo que está haciendo su intruso, es absorber y

nutrirse de la célula muerta y ocupar el lugar que ella tenía, mediante una célula propia.

Pero esto no lo hace en forma desordenada, no genera proliferación, solo reemplazo, al

evitar que se genere una nueva célula.

Debido a ello, no podemos hablar de cáncer. Esto ha ocurrido en su hígado, riñones,

pulmones, corazón y como no puede realizar el mismo mecanismo con las neuronas ya

que no existe recambio de estas en nosotros, lo ha hecho en el cerebro al reemplazar las

células de relleno que allí tenemos. En todos los órganos las nuevas células huésped

cumplen las anteriores funciones pero registran diferencias en su metabolismo, lo que

hemos detectado. En cuanto al cerebro vemos que las células suplantadas tienen como

función extra actuar como neuronas pero sin unirse entre sí como lo hacen las nuestras,

sino que irradian una cierta energía comunicativa.
           
 Espíndola, ensimismado en su relato, escuchó de pronto un ruido que lo volvió a la realidad, era el que produjo el cuerpo de Castro al deslizarse de su silla y caer  al piso, sin sentido. El médico lo atendió en el acto, lo auscultó, pero en breves instantes su paciente se repuso como si nada hubiese ocurrido. Extrañado por lo que acontecía, el científico se aseguró que todo estuviera bien, decidió dejarlo un par de horas en observación, durante las cuales el enfermo permaneció inmóvil, pensativo, incorporándose unas cuantas veces para dirigirse al ventanal de la sala y enfocar su mirada al cielo, en dirección a la constelación de Eridanus. Reiniciada la sesión, luego de someterlo a una charla con psicólogos, Espíndola continuó con su informe:
            -Señor Castro, quiero dejarle bien en claro que hasta el momento usted no padece una enfermedad que ponga en peligro alguno a sus funciones vitales. A su estado lo denominamos enfermedad porque no tenemos un vocablo que defina lo que a usted le ocurre; como neologismo utilizaremos si lo prefiere y tranquiliza, el término “eridanismo”, ya que lo más sobresaliente y desconocido de lo que estamos investigando, es el hecho de que usted se siente atraído especialmente por la zona del cielo donde lo más relevante es que está situada la constelación Eridanus. Si recuerda bien lo que le he contado, el interior de su cuerpo está ahora compartido con una nueva entidad que no le ha producido daño alguno, por lo cual luego de amplios debates con mis colegas de equipo, hemos decidido no atacarla mientras que comprobemos que no acciona en el más mínimo sentido en forma desfavorable hacia usted, o que prolifere en forma antagónica o desordenada a sus células originales, y podamos hablar de lo que no cabe mencionar ahora, es decir de la creación de una tumoración. El director de nuestra institución mantendrá informadas a las autoridades sanitarias gubernamentales, mientras nosotros terminamos de constatar que lo suyo no es contagioso, y de serlo, cuáles son las vías, para tomar los recaudos sociales pertinentes. Mientras tanto permanecerá aislado dentro del nosocomio y trataremos que su estadía sea lo más llevadera posible-.
            Castro quería llorar pero no podía. Había algo que se lo impedía, sin tenerlo en claro. Su espanto inicial cedía poco a poco, se conformaba porque todo lo realizado por los médicos era poco cruento, lo peor era la diaria extracción sanguínea, en el resto no lo molestaban ni invadían, solo obtenían imágenes de su interior. Pero se sentía prisionero y como nunca deseaba irse de allí, su mente estaba llena de proyectos, ideas, ambiciones, antes jamás imaginadas. Lo peor de todo era que su alta estaba pospuesta hasta que se encontrase la forma de transmisión de su invasión. En el resto, no se detectaba aumento por el momento de áreas ocupadas, salvo en el cerebro donde la gran mayoría de células de relleno y sostén habían sido reemplazadas por las del huésped.
            Llegó el instante en que lo liberaron, se determinó que solo era posible el contagio por vía sanguínea, pero a voluntad del parásito. En todos los experimentos realizados, solo proliferó pero de manera muy escasa en un chimpancé, el de mayor inteligencia entre los elegidos, para luego involucionar y desaparecer totalmente.
No pudieron retenerlo más tiempo debido a las presiones legales efectuadas por los abogados  de los familiares de Castro. Este se sentía muy bien, pero existía una urgente prioridad en su mente: averiguar de que se trataba exactamente su enfermedad, el origen, y como podía seguir manteniendo el dominio de su ser, porque así como le había nacido el deseo irrefrenable de averiguar todo lo posible de esa lejana parcela del cielo, podían generarse otras urgencias extrañas. Debía buscar con premura trabajo, pero antes se tomaría un par de semanas de intervalo para tratar de obtener respuestas a sus interrogantes. Cada siete días debía presentarse a control médico, era el tiempo máximo que podía permanecer libre, así se había acordado legalmente.
            Recordó aquella cena de camaradería con sus compañeros del secundario. Cómo si lo estuviese viendo, el “loco” Héctor Yuri había sido su comensal vecino, y el “gato” Jacinto Briones el que estaba sentado enfrente. El “loco” era ahora un astrónomo, y el “gato” geólogo. En aquella oportunidad compartieron recuerdos, anécdotas, las tradicionales travesuras estudiantiles, los apodos de los profesores, en general la adolescencia ya escapada de sus seres y las influencias futuras en sus vidas de adultez. Habían intercambiado tarjetas y como siempre en estos casos, promesas de reencuentros casi todas terminadas en el olvido.
            Castro se contactó con el “loco” quien se alegró mucho por la iniciativa de su ex compañero que le solicitó verlo en el observatorio donde investigaba sobre galaxias lejanas. Lo citó para el día siguiente a la noche ya que era el previo  a su descanso que comenzaba a medianoche, para poder charlar luego y utilizar de hacer falta, algún instrumental. Con la puntualidad que lo caracterizaba, se presentó a la hora acordada ante la guardia de seguridad del observatorio. Franqueada la entrada, ascendió por un montacargas a un nivel superior, donde debajo de una gran bóveda estaban ubicados distintos telescopios y otros aparejos, que apuntaban al cielo por las ranuras que a modo de gajos de naranja faltantes, lo permitían. Héctor, el mismo flaco de siempre, con su cara de bonachón sonriente que lo acompañaba eternamente, se acercó para fundirse en un fuerte abrazo. Castro, luego de mil recomendaciones sobre la privacidad y reserva de lo que le contaría a continuación, se dispuso a referirle su extraña experiencia. Durante la exposición Yuri cambió la expresión varias veces, y una mirada de asombro contenido pugnó por salir de sus ojos. Cuando su camarada terminó le dijo:
            -Creo que podré ayudarte en algunas cosas e ideas, dado que en mi investigación estoy conectado con radiaciones y ondas del espacio exterior que podrían provenir de otras inteligencias distintas a las nuestras-.
            Desde luego, Héctor, es por eso que estoy aquí. Quiero que me des tu opinión del motivo por el cual desde que sufrí mi invasión por dentro, sentí la necesidad imperiosa de dirigir mi mirada hacia allí, sí, hacia donde te estoy señalando. Además el punto que me atrae ha variado en las últimas semanas desplazándose hacia abajo, justamente hacia donde miras ahora. -.
            -Déjame ver- fue la respuesta -. Acto seguido extrajo de un cajón del escritorio que tenía enfrente, un rollo que extendió sobre la mesa. Luego de una observación detallada, le dijo:
            -En la posición que me señalaste, está en este momento la constelación Eridanus, que se mueve en el sentido por ti marcado, y la estrella más parecida a nuestro sol que está allí, es la épsilon, o sea Épsilon Eridani. Justamente hemos recibido intermitentemente radiación de allí, pero nada material puede provenir naturalmente de ese lugar. Lo que remotamente podría ocurrir es que existiese vida inteligente en la zona,  que algún asteroide o cuerpo enviado por ellos, hubiese llegado a la tierra, conteniendo vida artificialmente encapsulada. Hasta ahí, bien, pero ¿de qué manera habría llegado algo de eso al interior de tu cuerpo?-.
            La respuesta de Castro fue inmediata:
            -Cómo sabrás, trabajo en publicidad y la compañía para la cual trabajaba, me envió a una zona desértica para filmar fauna de allí para una propaganda de una compañía de turismo. Estaba realizando una toma cercana de un curioso lagarto que de pronto huyó tal vez alertado por mi presencia. Miré hacia el piso y descubrí algo que brillaba. Se trataba de una especie de tapa metálica adherida fuertemente al suelo. Tiré de ella con todas mis fuerzas y logré separarla de la superficie, quedando entre mis dedos, al tiempo que se descubría un orificio del cual salió proyectada una lanceta o espina gigante que se clavó firmemente en la palma de mi mano. Espantado, la retiré, quedando una herida sangrante que traté de restañar con mi pañuelo. Tomé mi cámara, cargué mi material, para dirigirme al hospital zonal. Allí me curaron y solicitaron ver el material cortante, pero había quedado abandonado en el lugar del hecho, junto con la tapa extraída. Como prevención me aplicaron unas vacunas y al día siguiente me dirigí al trabajo, recorriendo para ello varios centenares de kilómetros. Este acontecimiento produjo la pérdida de mi empleo, ya que no pedí certificado alguno en el centro sanitario, y mi herida milagrosamente había desaparecido sin dejar huellas-.
            Héctor no sabía bien que actitud tomar frente a su antiguo compañero, lo único que se le ocurrió fue tranquilizarlo y sugerirle que viera la “gato” Briones para consultarle si en el lugar de la filmación existían antecedentes de caída de meteoritos.
            Castro se retiró con la convicción  de que no podía difundir lo acontecido, ya que lo tomarían por loco. Por ello fue mucho más cauto al visitar a Jacinto, le dijo que quería averiguar si en el pasado  había existido caídas de meteoritos sobre una determinada zona, ya que querían promocionarla como parte de visitas guiadas de turismo ecológico, y él era el encargado de la propaganda. Café y recuerdos de por medio, quedaron en comunicarse en unos días para saber lo que le “gato” había averiguado al respecto. Lo que le dijo en su reencuentro, fue que precisamente había sido una zona en la cual  existían  varias señales en la corteza terrestre de esa actividad, proveniente del espacio exterior.
            Con todo lo recabado además de sentimientos interiores, estaba seguro que su persona estaba poseída por un ser del espacio exterior. No le importaban las dudas y explicaciones que pudieran esgrimir distintos expertos, solamente lo que él percibía, era lo válido. Tanto la forma de vida como la supervivencia de su acompañante, era inexplicable para los humanos, pero ello no significaba su inexistencia. El argumento humano más sólido era la imposibilidad de vida a elevadas o muy bajas temperaturas, a presiones con sus variaciones bruscas entre valores extremos, y a lapsos prolongados sin provisión de materiales de subsistencia, pero eran pareceres de acuerdo a lo alcanzado por la ciencia del hombre. Seguramente le faltaban al ser humano muchos conocimientos sobre la vida universal.
            Su huésped le infundía tranquilidad mental. Estaba de cierto modo
conectado a sus pensamientos, de los cuales Castro tenía conciencia. Comenzaron a comunicarse fluidamente entre sí, la propuesta de Eridani  era establecer una simbiosis. Ambos se necesitaban, los dos juntos tal vez podían hacer maravillas. Poseían el aporte de dos culturas intergalácticas, para usarlas a su disposición. La limitación era el cuerpo y la percepción de los sentidos que solo podían ser humanos, pero con un buen entrenamiento podían utilizarlo en distintas o nuevas funciones.
            Comenzaron a instruirse ambos en la historia humana sobre participación mutua; para el regocijo del invasor, afortunadamente había muchos antecedentes en la historia reciente, estudiaron especialmente a Owen y a Fourrier. A través de todo lo que averiguaban, se exaltaba en ellos el sentimiento de unión, y la necesidad de divulgarlo. Estaban practicando la antítesis de lo que gobernaba al mundo basado fundamentalmente en el individualismo y la llamada libre competencia. Nada más que lo de ellos resultaba una unión mucho más profunda, tal vez lo que se encontraría al fin del camino de una unión externa y totalmente sincera de hombres cooperadores entre sí.
            Poco a poco, en el transcurso de varias semanas, Castro fue adoptando un comportamiento lo más normal posible frente a sus familiares y conocidos. No obstante, percibía que era vigilado a través de su entorno, y  por personas desconocidas cuando salía a la calle. Decidió al fin, con el beneplácito de todos, tratar de conseguir un buen trabajo. Le propusieron una entrevista para ingresar a una de las más afamadas empresas de publicidad del momento. Solicitaban allí un jefe para el departamento creativo. Debía concurrir junto a otros citados a hablar con el señor Ferdinando y el directorio de la empresa. La cita era al día siguiente a las once horas. Su primera intención fue revisar su guardarropa para poner en condiciones su único traje presentable. Algo en su pensamiento le dijo que era la decisión equivocada. Presentía que la publicidad que se abordaba en ese momento era cómica, con situaciones circenses y absurdas. Ya había aprendido que ese “algo” que sentía era una comunicación de su socio interno. Se dejó llevar, la idea era conseguir un viejo pantalón pijama, al cual luego de encontrarlo aplicó varios parches de colores chillones, acompañarlo con una vieja camisa escocesa y unos zapatos gastados que se ocupó de agujerear. Daba el toque final, una nariz roja redonda de plástico. Para cubrir esta vestimenta, llevaría un gabán que le llegaba casi a los pies, muy elegante, que ya no se usaba, pero confería un aire importante.
            Llegó el momento en el cual se congregaron los aspirantes. Le asignaron el tercer turno, de modo que pudo estudiar como se efectuaba el acceso y egreso al lugar de encuentro. Cuando llamaron al segundo, el primero no salió por la puerta de entrada, existía por lo tanto otra puerta a tal efecto. Pudo ver también que había un pasillo en el cual podía quitarse el sobretodo y las polainas que cubrían los destrozados zapatos. Tal como lo había previsto, la secretaria le indicó que entrase por la puerta del final del pasillo, de modo que tuvo tiempo para  sacarse el abrigo los protectores del calzado y ponerse la colorada nariz. A continuación liberó a su interior para que continuase según su deseo. Cuando golpeó la puerta y le indicaron que entrase, lo hizo dejando sus efectos en el suelo, y dando una graciosa voltereta en el aire. Cayó parado en sus grotescos zapatos, y dirigiéndose a los personajes sentados en una larga mesa, saludó diciendo:
            -Muy buenos días señores, acá llegó vuestra salvación-.
Un ambiente extraño, dispar, se instaló en la sala. Caras de asombro, otras de disgusto, algunas de hilaridad. Se escuchó un grito en forma  de una orden:
-¡Saquen inmediatamente de aquí a este loco! ¡¿Quién lo dejó entrar?!-.
            No se hizo esperar la respuesta de Edmundo que con voz firme, clara y alta dijo:
            -Loco será el que se pierda la solución al problema que los aqueja. Estoy aquí para brindarla-.
            Todos los ojos miraron interrogantes a Ferdinando, quién alzando su mano terció:
            -Escuchemos lo que nos quiere decir este joven, que seguramente fue enviado por alguien de nuestro departamento que aparte de información, tiene buen sentido del humor. Acérquese y hable-.
            Castro que seguía con su cuerpo, habla, palabras y ademanes lo que registraba en su cerebro, comenzó un verdadero espectáculo basado fundamentalmente en la mímica y ciertas frases clave. El asombro cundía entre los presentes, era maravilloso, una propuesta insuperable, sin precedentes. Finalizada la muestra, Castro, luego de sacarse la narizota y arreglar su cabello,  les dijo:
            -Buen día señores, me he enterado de cual es exactamente el problema de ustedes. Bien sé que se trata de un tema totalmente reservado, no culpen a nadie aquí, me he enterado por una fuente extra empresaria. Lo que he actuado como aficionado, debe realizarlo un profesional de la mímica y el espectáculo, pero es en síntesis mi propuesta de aviso publicitario que de ser aceptado, dirigiré, comenzando de inmediato. En los papeles que ustedes tienen están mis antecedentes, pretensiones y condiciones. Gracias por su tiempo, me retiro para que continúen con su elección-.
            No pudo retirarse, un cerrado aplauso, espontáneo, que los puso a todos de pie, lo obligó a permanecer. Como ya habían sido aprobados los antecedentes e informes de todos  los seleccionados para la entrevista, decidieron contratarlo de inmediato. Lo citaron para el día siguiente temprano para poner en ejecución el proyecto presentado. Se retiró eufórico, olvidó hasta la apariencia que tenía, ya que el gabán lo llevaba bajo el brazo. Se detuvo en la acera poco transitada, para comunicarse con su antigua novia Nuria que lo veía como un muchacho de valores, pero poco constante, habían discutido por no saber mantenerse y progresar en sus ocupaciones, ahora era el momento de reconquistarla. Mientras le enviaba su mensaje, un auto oscuro de vidrios polarizados, se detuvo frente a él, bajaron con gran rapidez dos individuos que más parecían gorilas, que lo introdujeron pese a intentar resistirse, al móvil que partió raudamente.  Se inquietó de sobremanera cuando ingresaron sin detenerse a un edificio que tenía una arcada exterior en la cual había una guardia de soldados, los cuales no dieron señal de detener al coche. Se detuvieron al fondo, frente a un pasillo, allí lo bajaron a empujones y lo hicieron entrar a una sala desprovista de moblaje que tenía en el centro una mesa y seis sillas. Lo dejaron a solas un rato, de pronto entraron abruptamente dos individuos que se presentaron como funcionarios de Inteligencia del Estado. El que parecía más débil e inofensivo de los dos, se dirigió a él en los siguientes términos:
            -Don Edmundo Castro, usted ha tenido la suerte o la desgracia, según se interprete, de padecer una intrusión en su ser, que proviene aparentemente del espacio exterior. Como comprenderá, no podemos dejarlo entre el común de los mortales, debemos aislarlo para estudiarlo y vigilarlo. El doctor Espíndola, todo su equipo, los informes obtenidos, se encuentran ahora fuera de la vida común civil. Nadie más sabrá de usted o su caso, sus parientes no lo encontrarán jamás, no se asuste, vivirá una buena vida, nada le faltará, su futuro depende de usted mismo, de su interior, tenemos la obligación de averiguar todo al respecto de su invasor, para proteger a nuestra sociedad. Lo primero que ocurrirá es que lo trasladaremos muy lejos de aquí, el lugar será muy lindo, mar, montaña, bosque, animales silvestres, además tendrá mujeres de acuerdo a sus gustos, es todo lo que sabrá por ahora. Lo llevarán a descansar para que se encuentre bien para el viaje-.
            Le administraron un sedante, no alcanzaron sus fuerzas para oponerse, luego durmió contra su voluntad varias horas. El despertar somnoliento lo situó en la realidad de un viaje aéreo, vaya a saber hacia donde. Era extraño, pero había soñado lo que en realidad había ocurrido, el retorno a la vigilia fue como el descorrer una cortina semitransparente a través de la cual había visto transitoriamente los acontecimientos, sin perder su continuidad. Significaba que Eridani había estado atento, y le transmitía al segundo lo ocurrido.
            Lo vivido, le sacó todas las dudas al respecto de la conveniencia de su fusión con Eridani. La elección en su empleo, que no podría ejercer y el interés de las autoridades supremas, marcaban que su participación conjunta con el invasor, era altamente beneficiosa al tiempo que codiciada, si bien tenían que reforzar las estrategias para mantener la libertad y poder difundir lo que ocurría al mundo.
 Llegaron a un aeropuerto militar donde no se veía ningún avión civil, lo introdujeron en un automóvil de la fuerza aérea, cuya cabina de conducción estaba herméticamente separada de la de él, de manera que no podía hablar  con  los que viajaban adelante. Tras un viaje de minutos, llegaron al mar, en un lugar muy hermoso con una cabaña que se veía desde el exterior, muy acogedora. Sin mediar palabra, lo dejaron allí con una llave que le pusieron en la mano. El coche huyó del lugar, como si algo peligroso hubiese allí. No había mucho para elegir, de modo que resolvió ingresar al sitio. Enseguida comprendió que el principal problema sería la soledad ya que al recorrer la vivienda todas sus habitaciones estaban equipadas y listas para ser utilizadas. En la cocina había una comida preparada y en el comedor diario, todo puesto a punto para comer. A pesar que no tenía apetito, probó algunas raciones que las encontró exquisitas. Probó la elasticidad del colchón del dormitorio, era de su agrado y comodidad. Mientras se balanceaba, divisó un papel en la mesa de luz, el cual tenía un título resaltado que decía “Instrucciones”. Leyó lo que decía, aparte de todo lo referente al funcionamiento de aparatos y manutención, hablaba a continuación  de su comunicación. Lo notable era que tenía un teléfono que se comunicaba solamente con el cuartel general, para solicitar lo que le hiciera falta. También disponía de una computadora, pero era de uso indirecto es decir todo lo que él quería saber o comunicarse, lo recibía a través de una central del cuartel que autorizaba o no la petición y le enviaba la respuesta brindada por Internet.  Para terminar, le informaban que en pocas horas lo visitaría la señorita Nilda que esperaban fuese de su agrado. Repentinamente Eridani comenzó a contactarse, advirtiendo que había que generar un plan de salida de allí, no podía confiar en nadie. Además lo primero era precisar el lugar donde estaba, lo cual lograría con mapas adecuados. Una de las habitaciones obraba como biblioteca, en la cual encontró un atlas universal muy detallado y completo. Estaba por abocarse a ello, cuando se escuchó en el silencio reinante, la llegada de un móvil, que comprobó que se trataba de un auto. Estrenó el soleado ventanal compuesto de múltiples cuadraditos de vidrio enmarcado, para observar a una espectacular mujer con ropaje muy ceñido al cuerpo, descendiendo del vehículo, para luego dirigirse al timbre para pulsarlo. Se presentó a través del portero eléctrico, como Nilda. El cerebro de Edmundo funcionó con aceleración máxima. Su conciencia no lo acusaría por charlar con esa Venus, tal vez no viese nunca más a su novia, nada seguro percibía de su vida futura, de manera que optó por franquear la entrada. El voluptuoso paso de su cadencia por el marco de la puerta, le produjo un estremecimiento. Se trataba de una mujer imponente, pero por algún motivo no le conformó a Eridani. Se produjo a continuación una lucha triple en el interior de Castro, entre su conciencia, Eridani, y los deseos que despertaba ese imponente monumento de carne y hueso. Sin duda era una experta en el despertar de pasiones y voluptuosidades, en menos de media hora, consiguió anular totalmente las defensas de su fortuito compañero, arrastrándolo al lecho donde le hizo vivir momentos que jamás imaginó transitar. Exprimido su fluido reproductor dejándolo totalmente agotado, se sentó frente a ella, para intentar establecer una conversación. La comunicación con Eridani que se había interrumpido al igual que toda su conciencia, se restableció de pronto y recibió como una descarga interior que lo alertaba por lo que había hecho, su parásito había detectado que ella no era humana. Un frío sudor le produjo un estremecimiento de temor, que le impulsó a preguntarle al tiempo que trataba de tomar distancia:
            -¿Qué clase de ser eres?- La respuesta no se hizo esperar-.
            -El ser ideal que todo hombre ha soñado alguna vez en la vida. Correspondo a la serie F801, que es la que ha logrado la máxima perfección, solamente es posible ver la diferencia por medio de una radiografía o método similar que mostrará mi interior electrónico y mecánico, lo que se ve o palpa desde  mi exterior, es copia perfecta de la piel humana, de la musculatura, de la turgencia de los senos, y lo que es un tema aparte,  mi vagina, ha sido concebida para lograr el mayor de los placeres del macho humano. No me temas, a través de mis microchips de dirección recientemente incorporados, eres el hombre de mi vida, de modo que recibirás todo lo que te imagines o no, en todos los órdenes y niveles-.
            Lo que podía constituir una gran tranquilidad para Edmundo, era motivo de seria preocupación para Eridani. Necesitaban contar con un verdadero cómplice que pudiera ayudarlo, tan solo podían lograrlo a través de un humano.
            Al poco tiempo, se dio cuenta que el vínculo con el mundo de carne y hueso, se establecía solamente a través de Nilda. Otro de los detalles era que no existía en el lugar nada metálico, ni herramientas, ni cubiertos, cables, desagües, en fin todo era de material plástico flexible. No tenía forma de fabricar ningún accesorio agresivo, menos aún pungente, era imprescindible atraer allí a un mortal. La única opción que se le ocurrió, fue la huelga de hambre, exigió que le trajesen al doctor Espíndola en persona para volver a alimentarse. Cuando pasaron tres días, la autómata le informó que ese mismo día le visitaría. Apenas detenido un coche, vio bajar del mismo al doctor. Eridani le comunicó enseguida que no se trataba de un humano, sino de un autómata. No obstante, Castro decidió entrevistarlo de todos modos. A través de la conversación, su mente fue generando una indignación creciente; para un desprevenido, no había manera de comprobar el engaño, sabía todo sobre el médico, su lenguaje y términos eran idénticos. En un instante dado de la conversación, se sulfuró de tal modo que le gritó:
            -¡Fuera de aquí, impostor, si no sales ya, te voy a destruir con mis manos!-.
            Ese grito operó como un disparador de urgencia, el androide huyó a velocidad máxima, sin esperar otra aclaración. Nilda que había permanecido en una habitación vecina, tenía registrado que Edmundo de alguna manera detectaba cuando el ser era apócrifo. Por ello al día siguiente cuando desapareció rumbo a entrevistarse con la gente de Inteligencia, para informar entre otras cosas que el ayuno seguía, también refirió el fenómeno ocurrido. Mientras tanto, Castro con ayuda de su fracción Eridani, comenzó a comprobar en los planos del atlas que estaba en la biblioteca, donde se encontraban. Le resultó impresionante la manera precisa de registro que llevó su invasor, ubicando exactamente kilómetros y direcciones, lo que hizo posible sin gran esfuerzo determinar con exactitud la zona y aproximadamente el lugar preciso del domicilio. Se hallaba en zona cercana a la costa, lo que posibilitaba huir hasta con la ayuda de una embarcación. Debía contar con un cómplice, si aparecía el médico real, podía ser una de las pocas oportunidades. Por idea de Eridani, fabricó un pequeño instrumento punzante, a partir de una uña del pie, ya que no había nada rígido en el entorno, todo era flexible y se doblaba, no poseía aguja alguna, nada que pudiera herir. Lo probó en sí, pinchando una venita del dorso de la mano. El resultado fue óptimo ya que consiguió embeberlo en la propia sangre. Una vez seco, logró ponerlo parado en el asiento de una de las sillas, y tuvo la precaución de  reservarla para cuando viniera el galeno. Como se imaginara, muy pronto apareció acompañado por Nilda. A través del corto paseo desde el coche hasta la puerta de acceso, observó que la galanteaba en especial, lo cual le dio la idea que tal vez no se percatara que ella era un androide. Franqueado el ingreso, Edmundo invitó a Espíndola a sentarse, al hacerlo, manifestó una incomodidad que lo hizo levantar, ante lo cual su anfitrión le cambió enseguida su asiento, para evitar que se diera cuenta que se había pinchado con un instrumento preparado al efecto. Eridani confirmó que se trataba de un humano, por lo demás, todo hacía presumir que se trataba del sujeto esperado. Nilda sirvió unos bocadillos que traía consigo, para que confirmaran al comerlos que el visitante era un viviente. Lo que tranquilizó mucho a Castro a través de la conversación, fue el hecho que él sabía mucho más a través de Eridani  que todo lo que habían averiguado externamente. Terminó ese episodio con la duda del motivo de su convocatoria por parte del médico, la grabación de lo hablado por parte del robot, y la satisfacción de Edmundo - Erdani. Apenas los vio alejarse, constató que el sistema de pinchazo  había funcionado, lo cual ya había sido corroborado por Eridani. Percibía además que se había inoculado células suyas, de modo que todo era cuestión de tiempo. Ahora tenía que esperar que viniese por iniciativa propia, ello marcaría que un nuevo Eridani se sumaba a las acciones tendientes a mejorar la raza humana.
            La vida en realidad era tan placentera, que Eridani debía azuzarlo permanentemente. El principal problema en todo sentido, estaba constituido por Nilda. No podían invadirla por un Eridani, su estructura  no aceptaba células de ningún tipo, solamente la información electrónica codificada, a pesar que para su compañero interno era muy fácil detectarla, no podía alterarla, por otra parte su fuerza era la de tres hombres fornidos, no tenía arma alguna ni nada contundente para sorprenderla. Pero Eridani como un superdotado en comparación con cualquier humano, ideó rápidamente un método. Él estaba también presente en el líquido seminal de Edmundo, de modo que en la próxima relación sexual con ella, usaría como siempre un condón para no ensuciar su artificial vagina, pero esta vez agujereado convenientemente, de modo que algunas de sus células alcanzara el sistema de lubricación de la androide para alcanzar luego la consola donde estuvieran los circuitos y poder alterarlos. Estaba seguro que podría burlar todos los escollos interpuestos.
            La monotonía y el tedio eran manifestaciones con las cuales Nilda se mostraba con una respuesta de gran actividad, de manera de cambiar la situación. El otro yo de Castro, lo había detectado, ante cualquier situación deprimente captada, se activaba automáticamente el sistema euforizante del robot. Ese día llegó más temprano que de costumbre, y más que nunca anteriormente, parecía una mujer auténtica. Castro se dispuso a pasar una buena mañana, se sentía muy dispuesto, desde su interior había dos interesados en una buena actuación. Cuando traspuso la puerta, fue sorprendida con un abrazo y un beso de lengua tremendamente activador. Ella no poseía en su estructura hormonas, pero sus sensores y estimuladores obraban magistralmente con lo cual cumpliría cabalmente con su función. Castro percibió claramente la colaboración Eridani, brindando una sensación de deseo imperioso. Terminaron sobre el sofá revolcados de tal manera que permitió apreciar las bondades del material sintético, resistente a todas las exigencias. La polución de Edmundo fue una de las más abundantes que recordaba. Trató de mantenerse ligado a ella el mayor tiempo posible, cuando se separaron, observó con alegría al condón que aún chorreaba, lo cual señalaba que la intención había tenido éxito. Eridani se puso muy tenso, le fue comunicando a su copartícipe, lo que registraba. Podía percibir cualquier célula proveniente de su organismo, aún a cierta distancia, las polucionadas estaban tratando de ascender por el conducto de lubricación vaginal  hasta el reservorio del cuerpo situado por debajo de los senos, para luego migrar hacia la altura del ombligo, donde detectaban los circuitos. Allí debían reproducirse convenientemente para poder interferir energéticamente el funcionamiento del circuito principal, para luego alterar toda la información acumulada en el robot. Tenían que hacerlo con urgencia, ya que la única fuente de alimento disponible para las células, era la cantidad de semen que cada una era capaz de trasladar hasta destino. Eridani había podido viajar anteriormente de manera inter galáctica, mucho tiempo sin alimento, en forma encapsulada y latente, pero ahora vuelto a la actividad, necesitaba constantemente de alimento. Debían procurar que Nilda generase lo más pronto posible algo que le era totalmente desconocido: la angustia de un apetito voraz. Eso resultaría inexplicable a los encargados de mantenerla, había que intentar cualquier estratagema.
            Ese día Nilda llegó muy inquieta a la dependencia de Inteligencia de Estado, solicitando urgente provisión de alimentos líquidos para nutrir su sistema de lubricación, y la modificación de su estructura interior para poder deglutirlos y gustarlos. Semejante despropósito hizo que inmediatamente la remitiesen al sector de ingeniería técnica, donde inmediatamente la desconectaron y procedieron a la revisión de todo el sistema corporal y circuitos. Prepararon otro robot idéntico  de la serie F 801, para enviarla al servicio de Edmundo con una copia de sus circuitos, de modo que no podría notar la sustitución. Grande fue la sorpresa del equipo cuando la vieron venir de vuelta, con el mensaje de Castro  que no aceptaba sustitutos, y  que declaraba una huelga de hambre hasta que llegase la auténtica Nilda. En calidad de urgencia, revisaron el androide para encontrar el motivo de tan extraño pedido de alimentación, pero no pudieron  hallar nada. Le implantaron un conducto oral para que se comunicara con el sistema de lubricación, y el excedente lo eliminara mediante una improvisada cloaca rectal. Le proveyeron para conformarla, un botellón con agua coloreada, ante el asombro de todos la rechazó, aduciendo que lo que necesitaba era alimento, no agua. Con un asombro sin límites, le proveyeron lo solicitado, y le dieron un par de botellas de sustitución. Se manifestó satisfecha, luego de lo cual partió hacia lo de Edmundo para cumplir lo requerido en sus circuitos. Fue muy bien recibida, con un afecto especial que anteriormente no notara en Castro. La cuidó especialmente, como se cuida un objeto precioso o de gran valor. En tanto, Eridani se preocupaba especialmente por las células implantadas, estaba satisfecho porque había logrado su propósito, comenzaba la etapa de proliferación que terminaría cuando estableciera comunicación con las células que actuarían sobre los circuitos de Nilda.
            La mente de Edmundo comenzaba a percibir novedades del exterior procedentes de Eridani. De algún modo desconocido se encontraba comunicado difusamente con el doctor Espíndola de una forma extraña, ya que no recibía datos de su vida ni de sus problemas o sensaciones, pero en general sabía con seguridad que se encontraba bien, proliferando células Eridani. De igual manera percibía el estado de Nilda cuando estaba ausente, ocupada principalmente y prioritariamente por su nuevo estado de nutrición demandada, que superaba al deber instaurado en sus circuitos. Esa tarde comenzó a incrementarse en él una sensación de proximidad del investigador, hasta que lo vio llegar en su móvil. Eridani se mostró muy complacido, lo que significaba que se estaba logrando su conversión y anuencia. Nilda, presente, también manifestó complacencia, lo cual señalaba que comenzaba a operar un grupo de tres, lo que era el primer paso hacia la ansiada libertad. Una vez reunidos, las miradas se entrecruzaron como si lanzaran palabras. Edmundo sintió una extraña conmoción en su cabeza. Percibió un engrosamiento del interior de su encéfalo que lo llevó instintivamente a mirarse en un espejo. Se vio como de costumbre, nada se percibía hinchado. Algo nuevo había en su interior, pronto percibió que se trataba de una incorporación permanente de la presencia de Nilda y Espíndola que la registraba a través de Eridani. Este le explicó que a pesar que las células de él estaban dispersas en tres cuerpos, la parte conductora y pensante, era idéntica en las tres, los pensamientos podían provenir de cualquiera de las fuentes, pero registrados en el trío, tal como ocurría en un humano cuando tenía pensamientos sucesivos. Las decisiones eran inexorablemente únicas y al unísono, aunque de acuerdo a la situación de cada uno, fuese uno solo que llevase a la acción lo pensado por cualquiera. Lo diferente, era la información  que provenía en cada uno de ellos de la parte humana que compartía. Lo que ocurrió a continuación, fue la actualización en los tres de la información total, lo cual fue telepáticamente realizado en segundos. A partir de ese momento, cualquier diferencia provenía de las partes humanas y sobre ella era menester  acordar. De todos modos eran muy sutiles, Eridani prevalecía en todo sin que sus portadores tomasen conciencia de ello. Por ese motivo, fue que el plan de huida que establecieron, lo acordaron sin gran esfuerzo. Sabían exactamente en que lugar geográfico se encontraban, la percepción de distancias y direcciones en todos los traslados, habían sido minuciosamente registrados. Debían retirarse en el auto del doctor, ya que era quien primero partiría de allí, por ser una visita. Nilda iría acomodada debajo de un espacio que dejaba el asiento trasero, Edmundo debía viajar en el baúl, disimulado entre mantas. Dejaron todo acordado para una fecha próxima, Espíndola debía armar toda la logística exterior para llegar sin dejar rastros al lugar donde un helicóptero los trasladaría a lugar seguro.
            La vida de Edmundo transcurría con un permanente estado de consolación por parte de Eridani, comenzaba a sufrir el estado de ansiedad liberadora, soñando ser nuevamente libre y poder recuperar si aún estaba a tiempo a Nuria para establecer su añorada familia. La situación era cuanto menos extraña, todo lo que le provenía de Eridani lo conocía en el momento necesario, ni antes ni después, lo que hacía que sus ideas o propuestas no tuvieran peso, estaba entregado a lo que una mente superior decidía en cada paso, y solo podía acompañarla. Estaba seguro que otro tanto les ocurría a todos los que tuviesen a Eridani dentro de sí, era como un dios omnisciente conectado en serie a todos ellos. Por eso, a los pocos días, cuando vio aparecer a Espíndola y percibió en su interior una inquietud de su acompañante, comprendió que se avecinaba la huida. También lo supo Nilda, la cual comenzó a aumentar su temperatura, debido a la alta fricción que se generaba en su interior al forzarse sus circuitos a desarrollar la actividad y decisiones Eridani. Afortunadamente, no se produjo el colapso, seguramente debido al gran adelanto tecnológico de los invasores. En escasos minutos se actualizó todo lo que debía actuarse, luego de lo cual Edmundo fue convenientemente acomodado al igual que Nilda para ocupar los lugares disimulados que se habían previsto en el auto. Partieron dejando la casa con aspecto de estar ocupada, tomaron el camino costero hacia el puesto de vigilancia. Castro sabía que de alguna manera saldrían airosos pero no por ello dejaba de estar ansioso, al no saber como sería la forma. Llegados a la garita su cerebro captó perfectamente lo que le transmitía Eridani, que eran las palabras que emitía el jefe de guardia:
            -Dejen pasar sin comprobaciones al doctor Espíndola,  es de plena confianza-.
No medió otra palabra, se escuchó el arranque y el suave desplazamiento en ruta. Le hicieron saber a Castro que en un par de horas cambiarían de móvil, no había problema alguno ya que a partir de entonces se podían comenzar a generar inquietudes por la no reaparición de Espíndola en su destino. Unos minutos antes de lo esperado, el coche se detuvo para sacar de sus escondites a los prófugos. El doctor los ayudó a salir, los dejó unos minutos libres para que distendieran los músculos y los circuitos motores androides. Como en una operación de precisión, un silencioso helicóptero descendió a un lado de la ruta, y ascendieron al mismo los tres viajeros, dejando abandonado allí el automóvil. En la aeronave solo estaba, al menos visible, el piloto, quien levantó raudamente vuelo. Una extraña sensación de miedo reprimido, asoló a Castro pese al esfuerzo tranquilizador de Eridani. El temor fue en aumento sobre todo cuando se internaron en el cielo marítimo. El pánico le llegó a pleno cuando sintió que desde el respaldo de su asiento  una especie de tenaza lo inmovilizó para luego abrirse la puerta que daba al exterior de su lado, y la mano férrea y segura del piloto accionó una palanca que lo eyectó junto a su butaca al vacío. Fueron los segundos más largos de su vida, el mar se aproximaba vertiginosamente, no se observaba paracaídas alguno, para su asombro el impacto fue suave, sin duda el asiento estaba preparado para sumergirse con su carga, no conseguía liberarse de su funesto aprisionamiento, y en medio de la inútil batalla ya en el interior de la masa acuática, percibió dos cosas que lo asombraron, la primera es que veía con claridad como si tuviese puestas antiparras, la segunda que sus pulmones podían recibir el oxígeno del agua, como si fuera un habitante marino. Del horror pasó directamente a la maravilla, apenas tocó fondo, las tenazas se aflojaron y pudo salir del estado de apresamiento. Eridani se apresuró a explicar lo sucedido, aprovechando la vuelta a la serenidad de Edmundo. Las células de ellos, podían organizar individuos facultados para obtener oxígeno por distintas vías y formas, al ingresar a un humano, modificaban en este la exclusiva vía de oxigenación  gaseosa, lograban así absorber el oxígeno disuelto en el agua. También generaban una película transparente e insoluble que se adhería a la córnea  lo cual posibilitaba la claridad de la visión en el interior del agua. Estas y otras propiedades suministradas por ellos, eran reversibles, o sea que si por algún motivo abandonaban al humano, este perdía las propiedades adquiridas. Hacía unos milenios que su civilización había descubierto la ley universal de posibilidades evolutivas. La habían aplicado en diferentes mundos habitados, lo seguían haciendo, y así generaban nuevas posibilidades propias, que tendían a la máxima perfección, paso previo para integrar finalmente la eterna energía positiva (EEP). La ley universal establecía que cuando brindaban a seres menos desarrollados posibilidades propias que ellos no poseían lo cual  conducía en estos a un avance hacia la evolución positiva, se producía en el agente generador, la aparición de una nueva propiedad,  no conocida aún, tendiente al mismo sentido; lo cual les acercaba hacia la EEP. Dicho en forma sencilla para los terrestres: Al posibilitar accionar a los humanos aspectos beneficiosos imposibles de realizar por si mismos, los invasores recibían a cambio una mayor cercanía a Dios.
            Castro, buceando seguía las instrucciones de Eridani que lo conducía a la entrada de una gruta submarina. Este al mismo tiempo continuaba captando la comunicación del  doctor Espíndola que había sido arrojado al agua  a muchos kilómetros de allí cerca de otra gruta.
            Los esbirros de Inteligencia del Estado, trataban de obtener alguna pista a partir del  robot Nilda cuyos circuitos estaban dañados en forma irreversible, del coche asignado a Espíndola, y el entorno del lugar, incluyendo la costa marítima. La única conclusión a que llegaron fue que habían sido llevados en forma aérea a alguna parte. El jefe máximo, Mayor Eusebio, permanecía atacado de un pésimo humor, dos personas no podían evaporarse. Pensaba que los caminos del pensamiento eran como rutas de rígido asfalto por las cuales solo se podía deambular según el entramado preestablecido y a nada ni a nadie le era permitido salir del mismo. Ello le conducía a pasar los días vociferando órdenes, profiriendo insultos referidos a la incapacidad de los subordinados y a las absurdas fantasías que se generaban cuando la férrea lógica no permitía penetrarla. Lo que más le incomodaba era que él mismo, dando rápidos pasos con sus largas piernas que hacían recordar el deambular de un tero en un acotado jardín, había recorrido el lugar de los hechos y su entorno, sin poder aportar idea alguna que justificase su superioridad como estratega e investigador ante todos sus subordinados. Luego se había retirado raudamente a su oficina para balbucear a través de los gruesos labios de su cabeza alargada, epítetos de grueso calibre que se perdían como eco lejano al rebotar en las paredes. Día tras día repetía el repertorio, y su frustración aumentaba hasta hacerlo crispar y electrizar el poco pelo entrecano que cubría su cabeza. No transcurrió mucho tiempo para que requiriese la visita médica. De ella surgió la absoluta necesidad de un descanso en lo posible en las sierras o el mar. Muy a su desagrado debió aceptar; eligió una zona marítima en las cercanías de la desaparición, su obsesión no le permitía alejarse demasiado del epicentro del problema. Consiguió a través de un subordinado, un alquiler muy acomodado de una cabaña cerca de un pueblo de pescadores. Armó con ayuda de su esposa el equipaje que les haría falta para pasar una quincena, sobre todo en una zona donde ciertos abastecimientos podían resultar difíciles. Ella era una mujer sencilla y sufrida, muy supersticiosa, por lo cual llevó todo tipo de amuletos como protección, sin olvidar el principal del cual no se separaba, una bella piedra verde engarzada en una cadenita para lucir en el cuello, que le regaló una amiga  muy querida.  Ya en el lugar, transcurridos los primeros días, el ánimo de Eusebio se tranquilizó bastante. Le gustaba el rumor del mar y el oleaje le daba sensación de actividad, la cual no podía abandonar. Esa mañana, su mujer le pidió encarecidamente ir a la playa. Como en la zona no había mucha actividad a desarrollar, se encaminaron hacia allí. Una vez instalados, ella se quedó profundamente dormida, lo que le produjo a su esposo extrañeza, pero la dejó descansar sin molestarla. El día estaba fresco, algodonosas nubes cubrían el cielo, el mar tranquilo. Por la mente de Eusebio giraban como de costumbre las incógnitas que lo preocupaban. Fijó la vista en un punto en donde ya no se veía oleaje. Fuera de lo enfocado, más cerca de la playa, se produjo un hecho que cambió la mira de su atención. Algo comenzó a emerger muy lentamente del agua, se trataba de un cuerpo humano que quedó finalmente flotando en lo que se asemejaba a un grueso tablón. Paulatinamente el ser pasó de la posición horizontal a la de sentado y mediante un remo que antes no era visible, se fue acercando a la orilla, en dirección recta a Eusebio. Lo primero que le maravilló a este no fue la imagen del extraño, sino la naturaleza del submarino que sin emerger podía enviar rápidamente a alguien a la superficie, no se apreciaba escotilla ni periscopio, tampoco traje especial en el visitante, aparecía con ropa común empapada. Se situó frente a él y le dijo:
            -Soy Edmundo Castro y algo más, he conquistado mi libertad, gracias al síndrome Eridani. Con la adquisición  de la liberación, tomo el compromiso de hacerla encarnar en todos los humanos, ese ha de ser nuestro Norte y futuro, en respuesta al encarcelamiento que a través de milenios se ha transmitido  desde el primitivo advenimiento del poder en nuestra sociedad, que mantiene esclavo al ser, de generación en generación. La servidumbre ha de ser desterrada, transformada en  trabajo fecundo común, debe consistir la única posibilidad de supervivencia. Mi tiempo al igual que el de nuestra cofradía es acotado, cuando él se acabe, terminarán las posibles esperanzas que tan generosa y cálidamente nos han brindado. Mi objetivo en este momento es por un lado evitar el gasto inútil en la pesquisa y por el otro, instaurar en usted la inquietud de transmitir y luchar por esta sencilla idea. Los grandes proyectos suelen plantearse de forma simple, es lo que estoy haciendo, para su orientación le dejo este chip grabado en nuestra tecnología para que medite. Tal vez nos veamos próximamente, es mi deseo-.
            Ante la mirada aterrada del Mayor que desesperado pretendía despertar a su esposa sin éxito alguno, el visitante se retiró rumbo al agua dejando en el suelo un
pequeño objeto. Se hundió en el piélago, desapareciendo en él. Recién entonces ella volvió de su profundo sueño, recibiendo los gritos de su marido que con el chip en la mano, con el habla trabada, trataba de manifestarle lo ocurrido. Pasado el momento álgido, logró contarle lo vivenciado. Ella lo miró con cierto aire de recelo y aceptó seguirlo en el rápido andar hacia la cabaña, para colocar el adminículo en la computadora y poder así visualizar su contenido. Lo percibido por ambos fue diametralmente distinto. Ella creyó notar una burda propaganda de alcance mundial, que seguiría más adelante, para reclutar candidatos para una secta religiosa que tenía sumo cuidado en no mostrarse como tal. Él reconoció entre los personajes que allí se mostraban, a Edmundo y al doctor Espíndola.  Estaba frente a un grupo que era capaz de burlar al Estado Mayor, aparentemente con recursos que no estaban al alcance de ellos. Lo más curioso era que aparentemente no había trasfondo político o religioso ni económico. Había que desenmascararlos, pero ¿de que manera?, por de pronto veía que no podía hacerlo con la verdad, sin correr el riesgo de que lo tomasen por loco.
            Edmundo se desplazaba como mejor podía en el refugio submarino. Recién en ese momento comenzaba a tomar conciencia de la dualidad de su ser, ya que dependía para su nueva vida de Eridani, había renacido sin morir, lo novedoso en él era la necesidad de salvar a sus parientes humanos, ayudado por centinelas de la paz y libertad universal. Aprendía un nuevo concepto de ser libre delimitado no tan solo por actitudes positivas, sino también recibiendo ayuda que se extinguiría en el tiempo, el necesario para su propia toma de responsabilidad en las decisiones. Se sentía elevado por encima de su condición de simple mortal, tanto en el manejo de ciertos poderes como en su finalidad de superador de su especie, internamente asignada en lo íntimo de su ser. Permanentemente su parte Eridani lo mantenía dentro de la modestia, el hecho que quisiera lograr la rectitud y bondad humanas, no lo transformaba en un Dios. Con Espíndola, había dos  mujeres, cada uno de ellos tenía un lugar asignado para realizar su misión,  por el momento actuaban juntos para discutir puntos de vista y la manera de abordaje en la sociedad.  De acuerdo a los informes recibidos, tenían pocos años para recibir ayuda Eridani, sus  células orgánicamente repartidas en las distintas personas, tenían una muerte programada que se iniciaría lentamente en los próximos tiempos. Una de las colaboradoras  era de profesión psicóloga y la otra socióloga, de modo que tratarían de actuar en los aspectos más profundos de la sociedad humana. Habían ido a parar allí en instancia de sus vacaciones, al hacerse a la mar en un velerito, este zozobró, al hundirse en el agua vieron con sorpresa que podían respirar lo cual las ligó   definitivamente a sus invasoras Eridani, a las cuales habían rechazado permanentemente creyendo a través de los médicos que las atendían, que padecían de un misterioso cáncer extremo que por algún motivo desconocido no les producía dolor pero sí alucinaciones. A partir de ese momento ambas aceptaron establecer contacto con el conjunto Eridani presente en el interior de sus cuerpos. Eran ahora, las más fervientes luchadoras existentes  para lograr el cambio humano. Habían escuchado infinidad de veces que la humanidad era  vigía del universo. Sin lugar a dudas es lo que se apreciaba de acuerdo a la posibilidad perceptiva. Pero la primera pregunta a hacerse, consistía en  el motivo por el cual en las mentes lúcidas podían caber ideas de magia, fantasía, extrañas percepciones y aún locura.  Ello se debía sin duda a que podía existir el dos en uno, en determinadas condiciones se generaban organismos duales o quizás múltiples  dentro de un solo cuerpo. Ellas tenían ahora conciencia del hecho, tal vez en otros tiempos o casos, el que padecía de esas dualidades o multiplicidades, no podía explicarse el motivo. Un caso histórico muy palpable había sido el de Juana de Arco.      
            Lo que terminaban por aceptar todos los invadidos por Eridani, propuesto por los invasores, era que el ser humano debía obtener la equidad en la sociedad y por ende en si mismos. Dicha actitud, se basaba en tres aspectos que eran en ese orden: lo aportado o producido por el individuo, su capacidad y preparación, y finalmente lo que necesitaba en la existencia cada uno. Había que idear un sistema en que cada uno recibiera en la vida de acuerdo a esos parámetros, y que solamente se pudiese alterar de acuerdo a excepciones que requiriesen de la solidaridad de los demás.
            Edmundo y el doctor Espíndola, debatían también este tema. A este último fue a quién se le atravesó por el pensamiento el recuerdo de una doctrina humana que contemplaba precisamente ese postulado, les fue bastante fácil ubicarla y procedieron a discutirla con su parte Eridani.
            Muy diferente era la situación de Eusebio que no podía saber con certeza lo que ocurría, solo que estaba a merced de hechos inexplicables ante la lógica común y que no podía discutir sin que lo tomasen por loco.  La conclusión a que arribaron en el intercambio de ideas e información con Eridani, fue que el cooperativismo existente en el mundo cubría esas condiciones y aspiraciones.
            No era sencillo evitar el sentirse superiores, porque en realidad lo eran. Lo que se negaban a aceptar era que su parte Eridani marcaba la única diferencia con los demás mortales, debido a lo cual, los visitantes comenzaron a realizar un trabajo de toma de conciencia, en el sentido  que ellos no querían intervenir en la especie humana, por lo cual su muerte programada estaba próxima, y al terminar su hospedaje, los humanos volverían a sus antiguas posibilidades.
            El hecho de lograr el dominio real sobre el planeta, producía a los humanos invadidos por Eridani, una comprensión del cooperativismo en dimensión universal. En base a él se había logrado el dominio faltante biológicamente en el ser humano: el del hábitat acuático, posibilidad anfibia ahora obtenida. La aérea, podían lograrla los Eridani , pero los humanos debían modificar su esqueleto para poder volar, aún no estaban genéticamente preparados ni programados. 
            En su nuevo reducto marino, los humanos comprendieron la grandeza Eridani, que podían disponer desde hacía siglos de la tierra, lo cual no habían hecho, ya que su misión era encaminar a los humanos sin interferirlos, por lo cual establecieron a través de la historia bases en  los lugares inaccesibles para los terráqueos, fundamentalmente en la fosa abisal de los  principales océanos.
            El tiempo apremiaba, Eridani se apagaría inexorablemente, las células que componían y acompañaban a los cuerpos humanos, avanzaban al ritmo marcado rumbo a su apoptosis. En ese lapso era necesario avanzar todo lo posible, era la responsabilidad establecida para los elegidos que debían revindicar a la humanidad. Pero era necesario caminar la dualidad de los mundos paralelos, de la visión contradictoria existente desde el ancestro humano primario, cuya alternativa se planteaba como el uno consigo mismo, o junto al otro. Los razonamientos humanos se perfilaban hacia una u otra de esas únicas opciones. Eridani traía para los humanos, un secreto desde el espacio exterior, era menester aprovecharlo. Su evolución antiquísima había arrancado desde  la etapa de la conciencia celular, cada una de las unidades funcionales que los constituían, eran en realidad pequeños organismos con conciencia y razonamiento propios. No existía la especialización celular, al formar órganos, todas las células  servían para todos los órganos formados, incluido el cerebro. Este tenía además una zona donde se archivaba el conjunto de ideas y funciones que conformaban el ser obtenido por interrelación de los órganos. Ese reservorio venía a suplir el lugar que ocupaban las células de  micro glía  y la neuroglía en los individualistas. Esta estructura, posibilitaba que todas las células tuviesen el mismo tiempo aproximado de vida, a diferencia del otro tipo de ser.  Tenían  tres estadios armónicos: el celular con su conciencia propia, el de individuo conteniendo todas  las voluntades celulares y finalmente el de sociedad, suma y resumen de los pareceres individuales, bajo una especie de control neuronal social. Así habían logrado una comunidad cooperativa, donde cada cual recibía lo que necesitaba, sin existir excesos o carencias en ningún grupo. Respetaban la etapa del principio de libre ingreso o egreso al mundo cooperativo, aunque no existiesen las posibilidades individualistas de los especimenes o de la sociedad, pero si a alguna célula u organismo se le ocurría practicar la experiencia individual, podía hacerlo, y de hecho, constantemente se presentaban casos aislados, que en poco tiempo se reintegraban  al comprobar todo lo que habían perdido. Comprendían entonces que la asociación era un premio que la naturaleza brindaba a los amantes de la cooperación a la cual se podía ignorar pero que jamás moriría porque era una de las razones y motivos del existir. Vida y muerte eran parte de la misma historia, no opuestos sino partes de la proyección eterna. Era menester lograr la conciencia múltiple, presente en todas las unidades del conjunto. Se consiguió y cambiaron los conceptos y definiciones. La anterior muerte de una célula, pasó a ser un reciclado, aparecía una nueva en el lugar de la que se iba, en forma antagónica al ser egoísta,que cuando moría no tenía reemplazo y dejaba de existir. El individualismo era perentorio, el cooperativismo se inmortalizaba. Cuando moría una célula de un organismo cooperativo, el deceso ocurría conjuntamente con su conciencia. La nueva que tomaba su lugar, poseía una energía en la cual debía anotarse como en un libro o registro electrónico, las pautas y leyes que generarían en ella una nueva conciencia, captadas desde sus células compañeras. En cambio cuando un ser individualista fallecía, lo hacía junto a su conciencia, sus descendientes que eran otros seres no ligados a él salvo en su genética, ya habían generado su propio individualismo que podía ser parecido o no al de sus padres. Estos durante su vida se esforzaban para que sus hijos pudiesen heredar y mejorar el patrimonio obtenido. Esta actitud consolidaba el egoísmo con todas sus lacras y se producía la pérdida inexorable de la conciencia propia individualmente generada y mantenida. Por ello en el individualismo, era conveniente ser el mejor, el más poderoso, el dominador de los demás y enseñar a sus hijos en la corta vida, la forma de hacerlo. Guerras, hambre, miseria, penurias, placeres, lujos, dilapidación, algarabía, bailaban la danza contradictoria del mundo no solidario. El individualismo conducía al efímero poder y gloria o penuria y dolor, de seres enfrentados en lucha desigual. El egoísmo jamás podía generar una conciencia colectiva solidaria, el conjunto masivo estaba destinado a servir a los privilegiados, tal como ocurría en los organismos individuales donde las células especializadas en general servían a las privilegiadas neuronas, que vivían mientras el organismo vivía, no así las otras que morían, algunas con mucha actividad en pocos días.
            Castro al igual que el resto alcanzado por el síndrome Eridani, estaban invadidos por un accionar comunitario, recibiendo transitoriamente su beneficio. El más palpable y maravilloso,  era haber conseguido la vida anfibia que les permitía el dominio de las grandes masas acuáticas sin tener que utilizar ningún artificio o aditamento. Les horrorizaba el hecho que cuando Eridani no estuviese más dentro de ellos, perderían esas cualidades y retornarían al estado anterior. Como parte de la ley universal, debían ganarse su propia evolución, por eso Eridani estaría en el interior de ellos solo un tiempo, en un momento dado no se regenerarían más, única forma posible de ayudar a la humanidad sin invadirla ni forzarla, debían luego aprender para generar  su propia experiencia. El resto del macroorganismo Eridani los observaría luego a algunos años luz de distancia. La parte Eridani que portaba cada uno de ellos, intercambiaba conocimientos e ideas en forma permanente. La única forma de llegar al cooperativismo celular universal, era a través de una serie de mutaciones que solo podían lograr con el transcurso el tiempo. Debían conseguir ante todo el cooperativismo del  mundo al menos en la mayor parte, para crear condiciones aptas para el logro de mutaciones biológicas en tal sentido. Era necesario recrear a Rochdale con una dirección biológica correcta.
            Edmundo quería lograr eternizar sus propias células, se resistía ante tal imposibilidad ya que para ello debía tener hijos que compartiesen con él una conciencia celular, de modo que fuese una sola en varios organismos diferentes. ¿Cómo crear esa conciencia celular que comunicase a la de las células de él con la de sus hijos en un  único todo, ocupando cuerpos diferentes? ¿Cómo lograr  ser semejante a Eridani en la tierra?  No era posible por el momento, pero sí orientarse hacia esa finalidad. No obstante dirigiría todos los esfuerzos de su vida para lograr el máximo posible.
            Se dirigió hacia una comunidad costera, le atraía sobremanera el mar, los lagos, los ríos profundos. Además allí podía encontrar fácilmente alimento en el fondo de la masa acuática, gracias al aporte Eridani. Lo que debía cuidar especialmente era no dejar al descubierto su extraordinaria facultad de vivir tanto en el aire como en el seno del líquido elemento. Una vez llegado al lugar elegido, fue contactarse con la cooperativa más cercana de la zona. Se encontraba bastante alejada, por tratarse de un emprendimiento agrícola, bien estructurado, que cumplía con los preceptos y leyes cooperativas. En base a ello, como colaboración, aplicarían los principios  de salida a la comunidad y la educación cooperativa. 
            Edmundo trabó rápida amistad con los pescadores que le transmitieron sus problemas, vicisitudes y angustias, especialmente los económicos así como los éticos. Había posibilidades bastante buenas de encarar allí una empresa comunitaria. El precio de lo que pescaban, se cotizaba muy bajo, todos los días aparecían camiones refrigerados que pagaban diez veces menos que lo que se cobraba al público en los mercados. Eridani calculó en segundos que poseyendo transporte y cubriendo los gastos del mismo, podían ganar de tres a cuatro veces más que lo que entonces percibían. Todo lo que necesitaban, era asociarse al menos veinte pescadores para poder alquilar un flete y comprar hielo para trasladar la pesca al mercado mayorista de la zona. Esa era la misión inicial con la visión que en poco tiempo tendrían una mejor forma de vida, pudiendo entonces cumplir con el objetivo de comprar un camión para trasladar la mercadería.
            Veinticinco almas con espíritu colaborador,  se entusiasmaron y decidieron unirse aprovechando el asesoramiento de la cooperativa agrícola, que les brindó a su contador para la tramitación legal e inicial. Debían dirigirse a la oficina que el INAES como entidad rectora de las leyes y aplicación cooperativa, poseía en la zona, e iniciar los trámites. El profesional los citó para que decidieran los lineamentos de un estatuto y su reglamento, de acuerdo a la legislación vigente, el nombre de la cooperativa a formar y cuales serían las autoridades directivas. Una vez que resolvieron estos temas, se fijó la fecha para  su aplicación en una Asamblea Constitutiva. Aprendieron que en general la Asamblea era el órgano máximo y decisorio de todos ellos. Cada uno había ingresado en el sistema por voluntad propia, podía retirarse cuando quisiera, con el solo requisito de avisarlo treinta días antes. Algo muy importante era que todos los que se asociaban, no pescaban el mismo tonelaje, algunos poseían pequeños barcos, otros, lanchas, unos pocos, botes, pero a la hora de vender, la venta era conjunta y se retribuía a cada uno proporcionalmente, de acuerdo a los kilos aportados por cada uno. En la Asamblea cada uno opinaba de acuerdo a su parecer, a la hora de las decisiones se votaba, siendo cada asociado un voto, sin importar lo aportado ni el tamaño de los botes. Tampoco interesaba ni la raza, religión o idea política de cada uno, no se permitía discutir sobre esos temas. Una vez consolidados, se inscribirían en la Federación que era una entidad que reunía a todas las cooperativas pesqueras con la finalidad de defender los derechos de todas ellas, y establecer políticas de común beneficio. También supieron que existía una entidad mundial que aúna a las cooperativas, llamada ACI  con una representación en América, situada en San José de Costa Rica.
            El comienzo, como el de toda cooperativa, fue de índole económica, pero la forma de progresar basada en un esfuerzo en común y de solidaridad mutua, producía un sentimiento de participación y ayuda hacia toda la comunidad en la cual estaban insertados, así como la necesidad de educar y educarse formando a sus hijos para que encarasen una vida de ayuda y trabajo con beneficio mutuo.
            Edmundo percibió claramente la satisfacción Eridani. Era un simple comienzo, pequeño, que debía durar y acrecentarse para difundirse en el planeta. Se iniciaba así la lucha hacia un mundo que debía insertarse en las comunidades estelares de evolución biológica.
            Si bien se lo había declarado muerto, había un sabueso que lo dudaba, y que pensaba reivindicarse de su pobre actuación en el caso, que era Eusebio, el licenciado Jefe del Estado Mayor. Dedicaba todo el tiempo que podía en averiguar sobre la posible aparición en algún lugar de Edmundo y en una de esas investigaciones, tuvo conocimiento de la nueva cooperativa de pescadores, sobre la cual decidió indagar. Envió al lugar  a una pareja de agentes, que fueron detectados por Eridani que alertó a Castro sobre el hecho. También le refirió que debían acelerar al máximo la colaboración extra terrestre, porque comenzaba la retirada paulatina de la tierra, en lo que se refería a los humanos invadidos, que dentro de un breve lapso quedarían solos para luchar por el cambio que debía reivindicarlos.
            En poco tiempo identificaron a Edmundo y se dispusieron a  apresarlo, lo cual debía ser realizado con el mayor de los disimulos, para ello la pareja de esbirros elegidos planificaron un accionar previo de la mujer, escultural y hermosa, que atraería a Castro a un lugar costero deshabitado donde  su compañero esperaría escondido, para luego detenerlo entre ambos. Ese día, desde la mañana temprano, se hizo muy notorio el paulatino apagado de la presencia Eridani. Se comenzó a interrumpir el fluido contacto entre todos los invadidos que debieron comenzar a usar las vías telefónicas o electrónicas tipo Internet, lo cual los hacía identificables y que se pudiera conocer fácilmente su paradero y  sus desplazamientos. Empezaron a desconocer la información de todo lo que ocurría en forma instantánea, eran nuevamente vulnerables. Edmundo se comunicó con el doctor Espíndola, que en más, serviría de vocero de lo acontecido, ya que se sometía a estudios permanentes para ver su evolución, que debía ser la de todos sus pares. Últimamente había registrado una disminución e involución extra terrestre en su interior, que se aceleraba notablemente, al tiempo que células propias ocupaban el lugar de las que desaparecían. Terminada la conversación, Castro se sintió rápidamente desvalido, la comunicación Eridani se fue esfumando en cantidad e intensidad. Minuto a minuto le resultaba más difícil escuchar e intercambiar ideas, comenzó a invadirle un terror que le daba la sensación de estar totalmente solo en las cercanías de un agujero negro que lo atraía fatal e inexorablemente  hacia un destino desconocido. Ganó la calle en busca de aire, pero se sintió más sofocado aún. Aunque era una hora desusada, se precipitó al interior del bar donde concurrían los pescadores para templar su garganta. Le llamó la atención que las miradas dirigidas hacia donde se encontraba no se detenían en él, se dirigían hacia lo que estaba ubicado a sus espaldas. Giró repentinamente y encontró su mirada observando  los atrayentes y grandes ojos de una morena sonriente. Un segundo de paz le invadió y atraído por el eterno femenino, no pudo resistir la tentación de dirigirse a ella e invitarla a tomar una copa.  Aceptó muy solícita, aunque produjo un resabio de temor en la mente de él. Estaba solo, nadie en su interior le asistía. Trató desesperadamente de contactar con Eridani, sin obtener respuesta dentro de sí. Se fue tranquilizando con el aire inocente de ella. Dijo llamarse Marisa, y trabajar como acompañante. Rápidamente notó un dejo de preocupación en él, debido a lo cual le dijo:
            -No te preocupes, estoy fuera del horario de trabajo, no te cobraré nada por acompañarte a tomar unas copas.-
            -Te lo agradezco,- respondió- tengo una gran inquietud en mi ser, caíste como un ángel, me siento más tranquilo.-
            -Estás visiblemente transpirado, tal vez caminar un rato te haga bien. Bueno ya que asientes con tu cabeza, salgamos al aire fresco.-
            Iniciaron un paseo con charla muy animada, de modo que Castro ni siquiera percibió que salían del área urbana del pueblo. El camino, bordeaba un acantilado de unos treinta metros, abajo el mar enviaba al aire el aroma marino que hacía sentir mejor a Edmundo. Actuaba sobre él como un llamado atávico de sus orígenes primarios. Repentinamente como una felina elástica, Marisa saltó a un costado, al tiempo que extraía de entre sus senos un arma de fuego, encañonando con la misma a Castro. Desde atrás de unos matorrales, apareció un hombre también con un arma, y procedió a esposar a Edmundo con los brazos situados en su espalda. Ocurrió todo en forma muy vertiginosa, luego de lo cual Marisa jadeante dijo:
            -Bien sabrás que Inteligencia de Estado, para quien trabajamos, necesita la información tuya sobre un tema de gran reserva para la seguridad del país. Debemos llevarte ante el Mayor Eusebio, quien decidirá sobre el interrogatorio. No intentes nada…-.
            Mientras la joven hablaba, el esbirro aparecido, preparaba una soga tal vez con la finalidad de atarlo. Edmundo comprendió que ello sería el fin de su libertad, de modo que decidió saltar por el acantilado. Lo logró tras una breve carrera, la reacción de sus captores no fue lo suficientemente rápida para detenerlo. El sumergirse en el agua, le trajo aparejadas  múltiples situaciones. Estaba solo, Eridani ya no contactaba con él, lo cual lo aterrorizó. Había perdido la condición de anfibio, esposado, no podía salir rápidamente a la superficie, se ahogaría sin remedio. Sin embargo en medio de su desesperación, tenía ahora una nueva posibilidad, su respiración no se mostraba como acuciante, no sentía la imperiosa necesidad de inhalar aire, era como si sus músculos bombearan el vital gas desde la intimidad celular hacia su cerebro, su sangre, sus alvéolos pulmonares. Algo había aprendido su cuerpo en la coparticipación Eridani: había sido la producción de mioglobina  muscular, proteína capaz de almacenar grandes cantidades de oxígeno. Tendría entonces un tiempo para poder estar sumergido, sin tener que recurrir a emerger para sobrevivir. También mantenía la película transparente generada en sus ojos para poder ver con nitidez en el seno acuático.
            Los agentes solicitaron de emergencia al equipo de buceo de Inteligencia del Estado Mayor. La búsqueda resultó infructuosa, si bien allí no existían grandes depredadores y no avistaron ninguno, era la única explicación lógica de su desaparición sin rastros. Tampoco se encontró ropaje ni las esposas. Estaban todos preocupados por la actitud que tendría el jefe Eusebio ante tales nuevas. Todos alrededor de Marisa, que escribía,  daban desordenadamente su opinión sobre lo que colocarían en el informe. De todas maneras, era seguro que nada satisfaría al mandamás.
            Una sensación de paz general sin premura, invadía a Edmundo pese a lo comprometido de su situación. Sentía que era parte de un todo que lo protegía y que el solo hecho de necesitar algo, el conjunto se lo brindaría. Apareció detrás de un montículo del fondo marino, una silueta muy conocida, se trataba de un delfín que lo miraba atentamente. Sin mediar otra comunicación que la sensación de necesitar y brindar auxilio, el cetáceo procedió a empujarlo hacia la superficie, para que aspirara aire, y luego captando la solicitud mental de su asistido, lo llevó unos kilómetros paralelo a la costa, para dejarlo luego lo más próximo a tierra, de modo que pudo salir caminando a la estrecha playa. Era una zona rural, se dirigió hacia la única casa visible. Conforme se acercaba, parecía en ese momento deshabitada, y se divisaba a un costado un cobertizo. No había ningún guardián visible, de modo que enfiló hacia el galpón. Allí encontró varios objetos de hierro y alambres, con los cuales como pudo, trató de zafar de las esposas que inmovilizaban a sus brazos en la espalda. Finalmente lo consiguió, aunque quedó muy dolorido, pero indemne. Se dirigió nuevamente hacia la costa, no podía resistir la tentación de sumergirse nuevamente, para corroborar la persistencia de lo vivido. El agua lo atraía como un imán, por lo cual se sumergió prontamente. Si bien por el aire no se comunicaba ya con nadie, aunque en forma tenue, se pudo contactar bajo el agua con Espíndola. Este hasta el momento en que pudiesen verse personalmente, le transmitió sucintamente lo más importante de lo averiguado. Quedó interrumpida su comunicación cuando debió aflorar a la superficie a inspirar el fluido aéreo.  Se sentó en la playa para que se secase la ropa mientras meditaba lo que recientemente escuchara. Los invadidos por Eridani, una vez abandonados por ellos ya no eran más los humanos  que originalmente habían sido. La responsable era la molécula de agua que acumulaba memoria en las uniones puente de hidrógeno. En cada remoto lugar del universo donde existía el agua, esta era una parte  responsable de la vida o posibilidad de la misma.  Era el registro universal de cómo se establecía la vida en distintos lugares, el agua participaba siempre, y si alguna organización recabara la memoria del agua en todos los lugares del universo, se tendría a disposición la historia universal de la vida o sus posibilidades. Si se mezclaba agua proveniente de distintos orígenes, también se mezclaban sus memorias acuosas y los seres vivientes que habitaban en la mezcla, podían adquirir propiedades mixtas. Es lo que ocurrió en los seres humanos invadidos por Eridani, ya que estas células traían el agua proveniente de su constelación. El agua era la cooperadora universal de la formación de distintas vidas, el solvente vital universal.
            El papel desarrollado por el líquido elemento, sentaba las bases del hermanado y la cooperación. Nada más perfecto que ser parte de diferentes orígenes participando de lo positivo de cada uno de ellos y descartando las desventajas, para comprender la vida cooperativa. Las sociedades galácticas más perfectas provenían de cooperación a través de la memoria del agua, de múltiples colaboraciones celulares entre individuos de distintos mundos y sistemas, que daban como resultado seres cada vez más perfectos. Era el caso Eridani, destinado en la tierra a elevar  lo más posible el sistema de cooperación humano.
            Una cascada de recuerdos recorría su registro vivido. Aparecieron  Ferdinando, el loco Héctor Yuri, el gato Jacinto Briones, y especialmente Nuria Jovellanos. Los detectaba a todos como poseedores de mentes que podían ser ocupadas por aguas cooperativas, para formar en futuras generaciones, huellas que posibilitaran competir con las individualistas. Estaba ingresando a una nueva historia de la humanidad, desconocida hasta el momento por los humanos, que compendiaba el resultado de antiguas influencias que se habían proyectado en el actual ser. En algún lapso de la prehistoria la tierra recibió un aporte importante individualista, la actualidad era la resultante visible de ese hecho. Los organismos resultantes, tendían a una diversificación celular máxima, con una cooperación mínima entre los distintos tipos, lo cual llevaba a una frágil fortaleza como conjunto. Un hígado enfermo, podía sucumbir sin auxilio de los otros tipos de células, al tratarse de un órgano indispensable, su ausencia producía la muerte de todo el cuerpo. Por otra parte en ciertas circunstancias, podía producirse una exacerbación individualista de algunas células que producía una competencia salvaje con sus compañeras a las cuales vencía sin importarles otro aspecto que su proliferación e instauración sin pausa para asegurar la supremacía en el organismo, aunque ello llevase inexorablemente a su muerte, al morir el organismo en que se desarrollaban. Todos estos comportamientos, al igual que los cooperativos celulares, se acompañaban de una intensidad y forma de vibración en las uniones puente hidrógeno del agua, diferentes en cada caso, que configuraban la memoria indeleble en las moléculas que constituían y posibilitaban la existencia de esas distintas formas de accionar. Era por ello que el agua acompañante a distintos grupos de células,  era esencial para los comportamientos futuros, de acuerdo al promedio  de los distintos casos vividos por ese líquido en su historia previa.
            Existía otro aspecto fundamental que era el genético adquirido, de acuerdo a los genes recibidos por cada individuo. Todos estos factores jugaban en una predisposición por parte de cada humano, a la hora de su libre albedrío. Esto hacía que este no fuese tan libre,  sino inducido por un cierto perfil. Otra situación muy distinta era la Eridani, en la cual la historia de su agua, la cooperación celular total que creaba cualquier órgano desde cualquier grupo celular, de acuerdo a la necesidad en determinado momento, así como la adaptación instantánea a cualquier función que se necesitara, la genética que solo se encaminaba hacia la cooperación, generaba solo la posibilidad de seres cooperativos, creadores de vida, en contraposición a sociedades totalmente individualistas, disminuidas a través del tiempo, que a través de su agua y genética, llevaba tarde o temprano al exterminio de los contendientes celulares, que solo aspiraban a la supremacía.
            En cierta forma., Edmundo, con su identidad revolucionada, había avanzado junto con el resto de invadidos por Eridani, hacia una concepción cooperativa individual que debía generarse en varios milenios. El resto de sus vidas estaba destinado a sentar precedentes para un mundo en el cual se debía apuntar solo hacia el cooperativismo, a pesar de existir una importante cuota genético-acuática de individualismo.
            Edmundo pronto comprendió que su intuición actual no era como la que poseía antes  ni después de aparecer Eridani en sí mismo. Le quedaba ahora un residuo, sin duda generado en sus células por el paso invasor.           Pronto estableció relación con sus pares para repartirse y luego comunicarse el resultado del accionar en distintos lugares. Eligió continuar lo ya comenzado en la cooperativa pesquera. Para ello se ofrecería allí como asesor institucional “ad honórem” con la expresa finalidad de estimular en la sociedad circundante, como aporte, el sentimiento y la educación cooperativa, así como alentar en ese sentido la cooperación con otras cooperativas fuesen de la naturaleza que fueren.
            Pese a lo extraño de su propuesta, en cuanto a como desarrollaría el proyecto que les ofrecía implementar, los miembros del Consejo de Administración lo aceptaron de buen grado, ya que enseguida captó la atención e interés de los hijos mayores de los asociados, que fueron sus primeros ayudantes.  Consideraron además que el tema no ameritaba la convocatoria de una Asamblea extraordinaria, ya que el mandato de los asociados era de convocatoria para ser discutida por todos,  si la inversión de dinero o bienes por cualquier causa  en el funcionamiento de la institución, superaba un treinta por ciento del capital de la cooperativa. En el proyecto de Edmundo, los gastos eran ínfimos.
            En la primera reunión de trabajo, el nuevo asesor, se dirigió a sus colaboradores en los siguientes términos:
            -Queridos muchachos, hay ciertos descubrimientos que un equipo de seres cooperativos que no estamos asociados formalmente, hemos realizado. Uno de ellos, tal vez el principal, se refiere a la cooperación entre distintas especies y el ser humano, más allá de la simbiosis o el comensalismo. Hemos perfeccionado y ampliado la cooperación, no tenemos dudas que en seres más evolucionados que nosotros, residentes en otras zonas del universo, esta práctica es común y normal. Esta modalidad tiene una primera consecuencia que es la desaparición del depredador, transformándolo en partícipe del sistema cooperativo. Lo que iniciaremos, es una experiencia que beneficiará cooperativamente, sin alterar la forma de vida y libertad a delfines, cardúmenes de la variedad de peces más apreciados por nosotros, y en principio nuestra cooperativa; más adelante a otras entidades hermanas a quienes nos vincularemos para cooperar con ellas enseñándoles nuestra técnica. Los delfines comerán con menos esfuerzo, el cardumen se liberará de los ejemplares que por su edad biológica retardan la movilidad del conjunto, exponiéndolos al ataque masivo de otros depredadores, la cooperativa, pescará ejemplares grandes de mayor rendimiento, que aumentará el monto económico neto a obtener. Nos comunicamos fluidamente con los delfines, a quienes explicamos nuestra idea, ellos se acercarán a los cardúmenes elegidos, los cuales como sociedad de peces aprenderán pronto que solo desaparecen los congéneres que hacen vulnerable al conjunto debido a su lentitud o menor versatilidad, acercándose en el futuro a esos antiguos depredadores que se habrán transformado en depuradores beneficiosos del conjunto.  Este es el inicio de la búsqueda de la cooperación entre especies con la intención futura  de producir la extinción de la figura del depredador para aparecer la del depurador.  Hoy iniciaremos esta experiencia, que se llevará a cabo si los delfines consideran que aparecen en la zona los cardúmenes que nos interesan a nosotros. Los invito a ponerse los trajes para sumergirse, a continuación  todos iniciaremos nuestro aprendizaje.-
            Todos, incluyendo a Castro, se colocaron el equipo submarino y se dispusieron a aguardar en la mayor quietud posible, sentados en la arena del fondo. El instructor adquirió el aspecto de un religioso invocador, en un trance comunicativo. Pronto apareció un cardumen de peces propicios y repentinamente, una gran cantidad de delfines que se dirigieron a toda velocidad sobre el conjunto sorprendido, que huyó a toda velocidad. Consiguieron aislar a varios grupos importantes de ejemplares más lentos y a muchas crías pequeñas. Los orientaron hacia un lugar próximo, debiendo entrar a un corredor tapizado y lateralmente cubierto de redes con una malla que permitía el pasaje a su través, de los ejemplares pequeños. Algunos cetáceos aguardaron expectantes y vigilantes, otros, se dirigieron a la superficie, acompañados por el grupo humano que seguía la acción, donde una embarcación esperaba su aparición. Era un pequeño buque factoría, los marinos  apenas vieron a sus colaboradores, alzaron las redes que contenían los pescados elegidos. Comenzó el procesamiento y enlatado de los especimenes, y el residuo visceral,  cefálico y otros restos, apilados en cubos de plástico, fueron brindados con cariño, manualmente,  por la borda de la embarcación, en las bocas hambrientas de los mamíferos a través de los marineros a cargo. Todos estaban maravillados, Edmundo tomaba la situación como un hecho histórico de su memoria, rememorado como un revivir de antiguas situaciones. Se notaba en el fresco aire marino, la satisfacción de la colaboración mutua: el cardumen  agilizado, con una mayor velocidad en la huida, los delfines habían comido opíparamente recibiendo junto con el alimento, cariño, los asociados con un rendimiento jamás antes visto, y la alegría del triunfo en conjunto, trascendiendo las fronteras humanas.
            El doctor Espíndola, y otros ex invadidos  Eridani, desarrollaron tanto en agua como en tierra firme, distintos emprendimientos a través de diferentes cooperativas, que comenzaron a fundar el cooperativismo entre especies. Todos ellos consiguieron no tan solo un cambio ético y de igualdad sin precedentes entre el humano y distintas especies, sino que además establecía una forma de competencia que podía eclipsar cualquier logro capitalista individualista. El paso crucial dado por el hombre era la comunicación con otros eslabones evolutivos, y en ello intervino fundamentalmente el residuo Eridani y la memoria del agua que hizo ganar cientos de años en la evolución de ese aspecto.
            La Asamblea Anual Ordinaria,  en el orden del día, luego del   tratamiento que se haría con el excedente económico del ejercicio, incluía un debate sobre como planificar el desarrollo del cooperativismo entre distintas especies. Sobre el excedente, sin precedentes, se decidió capitalizar una parte a cada asociado, y el resto distribuirlo proporcionalmente al trabajo aportado por cada uno. En el debate, se resolvió continuar con el asesoramiento de Castro, aumentar la cooperación en la investigación con otras entidades hermanas  que habían iniciado el estudio con otras especies, y profundizar la educación sobre el cooperativismo solidario mediante la creación de una escuela orientada en tal sentido. En la finalización de la sesión, realizaron un brindis celebrando la compra de un buque factoría  de mediano calado.
            Eusebio no podía creer lo que estaba escuchando, sin duda no había valorado al difunto Edmundo Castro en la dimensión que debió hacerlo. Se trataba no tan solo de él, sus enseñanzas habían generado una organización dispuesta a socavar la economía de la gran industria  pesquera y envasadora de productos del mar, que  dominaba el accionar político y económico del estado. Su entrevistador, situado frente a él, era  el Ministro de Finanzas  doctor Aguirre integrante y defensor de ese grupo, quien luego del saludo, continuó diciéndole:
            -Hasta el momento, la legislación que favorecía al cooperativismo con la exención  de ciertos gravámenes, no era para nosotros problema alguno, dominamos el ochenta por ciento de la actividad, por lo cual no era competencia. Ahora, a  pesar de haber derogado esa legislación y generado nuevos impuestos, se nos vuelve la situación crítica. Por eso recurrimos a esta dirección de Inteligencia del Estado Mayor. Lo primero que hicimos cuando apareció masivamente  en el mercado el conjunto de conservas y enlatados a precios irrisorios, fue averiguar de donde sacaban los productos, y para nuestro asombro, eran totalmente producidos por ellos. Nuestro equipo de espionaje, no tardó en darnos el informe de la técnica de la realización de la producción. Si no hubiéramos sabido que los investigadores eran de máxima confianza y seriedad, habríamos pensado que se trataba de una tomadura de pelo. Parecía la descripción del funcionamiento de un circo, donde los delfines y los peces amaestrados o mecanizados, producían una actuación en la cual los peces inducidos por los cetáceos, iban a parar a las redes de humanos que los capturaban sin esfuerzo alguno. El creador o creadores del sistema, se encuentran actualmente ocultos, no hemos podido identificarlos, aunque por los datos recabados uno al menos de ellos responde a la descripción del desaparecido Edmundo Castro. Hay un secreto en todo esto, ya que cuando contando  con los mejores expertos se trató de redituar el sistema, fracasó totalmente, como si todos  los animales marinos involucrados debieran recibir alguna orden secreta para actuar como lo hacen cuando los manejan los cooperativistas. Los técnicos resolvieron entonces cambiar de depredador, eligieron tiburones, consiguieron doparlos convenientemente y enseñarles a manejar conjuntos de peces, pero no lograron nada, y debieron suspender la experiencia cuando fue atacado un adiestrador y casi comido por un escualo. Por ello, tenemos que encontrar a los ideólogos y responsables de este fenómeno. Creemos también que tal vez Edmundo Castro no haya fallecido, aparentemente está en contacto con gente de la cooperativa pesquera. Ese es el motivo por el cual lo hemos visitado, ponemos en sus manos esta investigación-.
            Eusebio lo vio alejarse por el pasillo con paso rápido y la entrecana cabeza erguida. Sacó de una alacena una botella de licor y libó un largo trago. Comprendió que tal vez lo que había hecho de su vida no era algo justo y menos aún provechoso. Había existido, defendido y trabajado en  un sistema social invariable, donde todo funcionaba según lo establecido históricamente desde hacía siglos, se planteaba entonces como novedad un cambio avalado por la naturaleza,  mediante el cual en el aspecto humano, florecía ahora una gran cantidad de individuos mancomunados y dejaban de acopiar bienes excesivos unos pocos magnates. Sin perder un instante, resolvió profundizar en la investigación y el tema, tomó su portafolios y comunicadores portátiles, para partir raudamente hacia la cooperativa cuestionada.
            Ante su asombro, no lo recibieron con la ansiedad y preocupación a la que estaba acostumbrado dada su imagen de investigador estatal; lo desarmaron con una cálida recepción. Exigió explicaciones de la vinculación con Edmundo Castro con la firma, lo cual no fue negado en ningún momento, dado que no existía irregularidad  ni trasgresión alguna,  se enteraban en ese momento que el Estado lo investigaba. De todos modos, hacía un tiempo que no aparecía por allí, la última vez que lo vieron, dijo que partiría un tiempo al extranjero para asesorar a otras empresas, ya que allí estaba todo en marcha y con funcionamiento óptimo.  Lo invitaron a presenciar la labor diaria, para que pudiera observar la legalidad absoluta en que se movían. Lleno de expectativas, partieron en el barco factoría recientemente incorporado. Allí había un grupo de asociados que en silencio se tomaban de las manos. Entre ellos había una mujer, que parecía especialmente concentrada. Era la socióloga Eridani que junto con su amiga la sicóloga, que en ese momento estaba con el equipo que buceaba debajo del barco para contactar a los delfines, habían iniciado su actividad submarina junto con Edmundo, hacía un tiempo atrás. Ambas se habían asociado a la cooperativa, sin declarar su pasado Eridani, e intentaban transmitir sus facultades a los demás asociados. En un momento dado, los del barco acusaron recibo de comunicación cetácea. No ocurrió lo mismo con Eusebio, que no logró notar absolutamente nada. El barco se detuvo, e invitaron al esbirro a acompañarlos, dotándolo de un traje para sumergirse. Lo hicieron muy lentamente, para no alterar lo que allí ocurría. Una enorme cantidad de peces, se movían en un conjunto que observaba inquieto a un grupo nutrido de delfines totalmente inmóviles, que de pronto entraron en actividad para penetrar en el seno del banco de pescados. Se ocuparon de dividir la masa viviente para que los ejemplares caducos y mayores se situaran de modo que pudieran conducirlos hacia las redes que habían bajado desde el barco. La pesca, sin violencia alguna, fue ascendida al barco, donde terminó el trabajo y la alimentación de todos los delfines, a los cuales se veía felices, como si estuviesen en una gran fiesta.
            Eusebio se retiró muy intranquilo. Ningún argumento de lo que le tocaba hacer y plantear, le sugería una motivación válida. No estaba en el momento histórico adecuado, ya que en la Edad Media podría haber procesado por brujería al Consejo de Administración de la cooperativa, pero ahora solo estaba ante un hecho inexplicable, o al menos que contenía algún secreto de difícil dilucidación. Lo peor era que el beneficio logrado con este singular procedimiento, servía para que mucha gente de escasos recursos pudiese obtener su alimento a un precio mucho menor, mejorando de esa manera su poder adquisitivo. No podía encarcelar a los delfines o aplicar medidas contra los bancos de pesca. No valía la pena encarar otras soluciones porque ya lo había hecho el monopolio pesquero estatal. Resolvió averiguar este fenómeno para lo cual pidió integrar el equipo que se ocupaba de ese trabajo. Le explicaron que lo que había visto, funcionaba en función de ondas que trabajaban en concordancia con la de los delfines y los peces. Para ello, tanto el grupo que funcionaba debajo del agua como el de la plataforma del barco, ensayaban todas las tardes y se ponían en concordancia de fases a diario. No todos poseían esa virtud, se hacía el trabajo con los agraciados, el resto trataba de lograr que su mente entrase en la fase que correspondía. No todos lo conseguían, se les permitía seguir concurriendo a los ensayos, como intento de superación, pero por supuesto no podían integrar el equipo de trabajo real, que se realizaba todas las mañanas.
            Eusebio comprendió pronto que si quería lograr algo, debía comunicarse con los delfines, no como con un perro o un gato, sino como si fueran sus pares, para asociarlos en  empresas atrayentes de mutua conveniencia y que beneficiasen a la ecología.  El escollo fundamental era él mismo al igual que todos los humanos que vibraban en la frecuencia del individualismo. No había dinero que comprara, tortura que doblegara, historia que conmoviera, argumento que convenciera si no se podía establecer comunicación, y esta solamente ocurría cuando estaba auténticamente  presente el sentimiento del cooperativismo solidario en la relación.
            La falsedad y el subterfugio, triunfantes otrora, se encontraban inermes en esta nueva relación, reservada para el inicio de grandes cambios, tal cual había ocurrido hacía muchos siglos en épsilon Eridani. Era un premio muy grande que se otorgaba a las generaciones que habían logrado evolucionar.
            El lastre que agobiaba a Eusebio, no le permitía liberarse. Pero al menos algo avanzaba. Al menos así lo creía. Repentinamente ocurrió algo para que todo volviese a su cauce anterior, en un intento de eliminar de cuajo el avance evolutivo, que no cabía en las mentes conductoras de la sociedad. Una nueva ley era el sabio instrumento: se gravaba mediante un impuesto demoledor, toda actividad productiva o de servicios que incluyera en su desarrollo a otra especie que no fuese la humana, sin importar el procedimiento utilizado. Además debía inscribirse y pagar una patente por cada ejemplar involucrado. El resultado fue todo un triunfo para las autoridades, de modo que en menos de una semana, se volvió al procedimiento y precios anteriores,  debiendo la cooperativa contactarse con los delfines para que se alejaran de las zonas de pesca que establecieran los barcos asociados.
            El doctor Espíndola tomó la responsabilidad de la enseñanza. Se comprobaba una vez más que el espíritu cooperativo para poder perpetuarse, debía ocupar la mayoría de las voluntades, reemplazando al individualismo. No era lo que ocurría,  de modo que la única alternativa era el crecimiento del cooperativismo real, no del formal, que terminaba por ceder a las presiones del individualismo dominante del poder económico del mundo. Los únicos posibilitados eran los que habían sido invadidos por Eridani, que ahora podían vivir en el seno marítimo, por haber ganado la posibilidad de estar sumergidos cerca de media hora. Se generaba así un mundo sub acuático, donde la nueva raza humana comenzaba el cooperativismo entre especies, fundado por la cooperativa pesquera ahora reprimida, convocando a los delfines y bancos de peces afines. Era menester esperar el logro normal, en tierra firme, el desafío llamaba a los hombres. Eridani había colaborado en el impulso necesario, que debía replegarse en el fondo marítimo. Se generaba un mundo ecológico, desconocido en la sociedad aérea.
            Eusebio no podía conseguir su paz interior. Conocía muy bien las íntimas leyes del poder, por lo cual no temía al estado, cumplía con todas sus  mandatos en forma prolija, mientras convenciera de ello, no debía temer por su integridad y su vida. Pero su temor se centraba en quienes el estado ahora consideraba enemigos, porque poseían una fuerza oculta y desconocida, como lo había comprobado con Edmundo Castro. Si lograba aniquilarlos, podía dormir tranquilo, pero para ello, sentía que debía actuar solo, y dadas las circunstancias, debía buscarlos en el fondo acuático, lacustre y marino. Seguramente existía una concentración de ellos en la zona donde viera emerger por primera vez a Edmundo. Hacia allí se dirigió, con el mejor equipo de buceo a su alcance.
            Los días transcurrían con una irritante irrelevancia y monotonía marina. Revisaba posibles grutas, grietas del fondo, lugares donde pudieran estar camuflados, sin éxito. Por ello, aquella rugosidad, que por su forma no aparentaba ser debida a rocas, merecía ser atentamente revisada. Barrió el fondo, para ver aparecer los restos de un barco hundido. Apareció en el costado visible el nombre de la nave que era “Libertad”. Trató de mover distintas partes, en búsqueda de una entrada, con el resultado que una parte de la estructura se desplazó sobre él aprisionándolo e interrumpiendo la llegada de oxígeno a su escafandra. La lucha fue tenaz, hasta que ya desfalleciente logró liberarse, recibiendo en lugar del ansiado gas, un chorro de agua gaseosa. Sus últimos pensamientos que como cascada se produjeron en su cerebro, fue la comprensión que el peor enemigo en aquel lugar era él mismo y sus antecedentes familiares, que no tenían en el agua de sus organismos huellas de todo lo que en ese momento requería, agua de la cual poder extraer su oxígeno, transmitir ondas de pedido de auxilio, formar en su cuerpo un sistema de reserva de oxígeno, era un extraño en un mundo de vibraciones positivas y cooperadoras. Todo se acababa por no poder utilizar el vital elemento que lo rodeaba en forma de compuesto, en una cantidad abrumadora.
            El delfín captó que una onda vital se apagaba, correspondía a una vibración primitiva, errática, solitaria, sin espíritu cooperador. Su mandato atávico, lo presionaba a acudir en su ayuda. Llegó tarde, la labor era entonces devolverlo a su lugar de origen, para lo cual lo llevó hasta la cercanía de la playa.
            Enterado Edmundo, asistió a su funeral. No escuchó el vacío mensaje del nuevo jefe del Estado Mayor. Mientras se articulaban las palabras del orador, pensó  que lo que había acontecido era un bautismo, la recepción del agua en todo el ser de Eusebio, el agua que necesitaba, impregnada de huellas Eridani, marcadora de la solidaridad y la cooperación, que daban muerte al individualismo, y en un futuro fortalecerían al cooperativismo, cuando el mundo estuviera preparado. Ambos humanos se encontrarían en el futuro, en un momento de la historia, como recuerdo de la muerte del individualismo que posibilitaba el nacer de la cooperación universal plasmada en Eridani y la tierra con una  cooperación entre distintas especies que apuntaba a la vivencia ecológica.
            El bautismo representaba para los humanos, el abandono de la vida anterior para adoptar la nueva vida que ofrecía un profeta. En este caso, Eusebio, dada la falta de evolución, no podía ingresar a un sistema Eridani, quedaba retenido en la muerte que le había producido la embarcación “Libertad”, pero recibía las herramientas que necesitaba a través del agua rica en información cooperativa, para una vida futura. Se ganaba así un próximo ser liberado, más evolucionado, capaz de recibir atribuciones de vida acuática. Comenzaba la era evolutiva.  Soplaban vientos que generaban olas de aguas promisorias.
           
           
           
           
           
              



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