sábado, 17 de diciembre de 2016





REVELACIÓN A NUESTROS SENTIDOS  DEL OCULTAMIENTO Y ENGAÑO
Por Jorge G. R. Ciruelos Casabayó 17 /12 /2016
Si los actuales conocimientos y revelaciones científicas los manejáramos como correspondería a lo que debería ser nuestra evolución real en los últimos milenios, seríamos una especie ejemplar y afortunada. Lamentablemente no hemos sido capaces de ganarnos esos atributos, en base al ocultamiento y al manejo del engaño.  Conforme transcurre el tiempo en nuestro espacio, día tras día se vuelve más denso adquirir la educación necesaria para ser experto en ciertos temas, lo cual obra a favor de lo que se ha hecho tradicionalmente, que es reservar en base a complicar la comprensión de los temas, el manejo de los mismos a una elite de aparentes cerebros privilegiados. En realidad todos los ciudadanos podrían conocer lo que es esencial conocer para evolucionar como especie, aún sin saber leer y escribir, como ocurre en todas las especies animales y vegetales del planeta. Este hermetismo creado antaño, ha funcionado maravillosamente permaneciendo  hoy aún vigente a través de dirigentes religiosos. Con los adelantos de la ciencia,  además se han agregado  grupos de catedráticos investigadores, dirigidos y solventados por grupos que manejan el poder y la banca.  Ocurre que este es un negocio exclusivo y aplicado principalmente  a temas de la salud física y mental de las poblaciones, al   cual no se puede acceder debido a falta de los conocimientos necesarios. Ello permite que el secreto sea impenetrable y encerrado bajo las siete llaves del conocimiento, en beneficio del statu quo, y del negocio permanente. Para desalentar cualquier intento autodidacta, la primera condición es generar un conocimiento totalmente superfluo, de interés puramente académico  o para la práctica, manejo y planes del investigador que se dedica al área correspondiente. Ese conocimiento no esencial, deberá ser lo más complicado posible y en apariencia indispensable para entender todo el resto. Podría brindarles cientos de ejemplos, pero les referiré uno solo ya que como muestra basta con un botón. Se afirma: “En la secuencia de la hélice,  en los nucleósidos y nucleótidos siempre la adenina se vincula con la timina y la guanina con la citosina, no siendo posibles otros cruces.  Debido a ello, el espacio intermolecular que forma guanina previa a citosina y no al revés, es el más apto electromagnéticamente en las uniones químicas, para que las proteínas de membrana pasen a través de las mismas y se sitúen en la réplica de la hélice al lado del gen elegido para activar o inhibir su acción. De hecho es la única entrada posible, sea cual fuere el mecanismo que la proteína utilice, siendo los más comunes la metilación o acetilación o desmetilación o desacetilación, según corresponda.”  Para un químico biológico lo dicho no es demasiado hermético, pero sí totalmente superfluo para conocer como funcionamos, y hay que tener en cuenta que deberá aprender y memorizar miles de mecanismos de este tenor para llegar a una conclusión verdaderamente necesaria. Para un lego en la materia, el párrafo expresado, puede ser suficiente para que no se anime a atisbar y menos a  adentrarse a este mundo restringido a investigadores especiales.  Les brindaré otro ejemplo que no se relaciona al tema, pero clarificará lo que quiero expresar. Supongamos que un grupo de negociantes quiere crear un ambiente especial y selecto para concurrir a ver una competencia atlética de velocidad en una competencia en los cien metros llanos. Junto a la venta de entradas, distribuyen a cada asistente un librito en el cual se explica minuciosamente no tan solo la vida deportiva de cada contendiente, sus dietas alimenticias, sus métodos de ahorro energético, los complementes dietarios permitidos, las características de su entrenamiento, los ejercicios de arranque y progreso de velocidad en la competencia, la constitución y entrenamiento  de los músculos gemelos, su ánimo normal y cómo logra cada uno mejorarlo, el preparador físico y mental, los antecedentes familiares en ese deporte, y una veintena de características más a tener en cuenta para el evento. De esta manera, se pretende que el asistente tenga un conocimiento cabal para analizar lo que observará en la competencia, en cada uno de los corredores. Llega el momento de la carrera. Cada espectador, en los breves segundos que dura el certamen, lo que logra ver, es el que llega primero a la meta, y en todo lo que leyó de cada uno de los participantes, no se le aclara el porqué ganó el que ganó, ni que tenía que ver cada una de las cosas que leyó en el librito.   Lo esencial que obtiene de la compulsa, es quien ganó, y el tiempo empleado, que pasó un buen momento viendo el espectáculo y que ignora porqué le gusta ver este tipo de actividad deportiva. Todo lo leído en el librito, no agregó ni quitó nada a lo visto. La conclusión válida es que lo informado en el material adjunto es parte de un armado para impresionar y justificar el precio de la entrada, pero que no brinda información necesaria para comprender y evaluar la competencia.  Antes de proseguir, son necesarias algunas aclaraciones. Lo que se narrará  a continuación, es una explicación que acerque a la ciencia, sin entrar a ella, de manera que lo afirmado  pueda ser entendido por profanos los que podrán a su  vez recurrir a otras fuentes o ampliaciones que deseen, y corroborar en fuentes académicas lo aseverado. La intención de quien escribe,  es favorecer a nuestra evolución positiva, mediante la eliminación de prácticas o actitudes que retardan o impiden nuestro progreso humano como especie. Veremos más adelante, que hay impedimentos básicos, que debemos eliminar o al menos atemperar para que sirva en forma fehaciente nuestro esfuerzo. Lo primero y esencial, nace de nuestra forma de pensar. La condición sine qua non es que tengamos como elección prioritaria de nuestros pensamientos, proyectos e ideas que no entorpezcan nuestra evolución o se contrapongan a la misma. Como ejemplo, en general desestimaremos todo aquello que sea pensado solamente en beneficio propio, aunque parezca que no es dañino ni perjudica a los demás. Un ejemplo paradigmático de lo que no hay que proponerse, es adherir a un “negocio” por más que sea legal, ya que todo aquello que beneficia a un individuo sin el correspondiente esfuerzo y trabajo personal, es realizado perjudicando a alguien que en realidad ha trabajado por ello sin obtener beneficio alguno. Yendo a lo general, debemos  pensar y considerar hechos y acciones no en sentido individual sino en beneficio de toda la especie, lo cual jamás ocurre  en el “negocio” tal como lo concebimos. Recomiendo a todo el que rechace esta postura  de plano, que revise sus conceptos y si así  aún no es capaz de pensar en pro de su especie, no encontrará nada atractivo ni útil en lo que sigue. Nuestro desafío será entonces conseguir pensar siempre en función de nuestra comunidad humana.  Aclarado al menos mínimamente de que se trata, paso a bosquejar lo que debemos forzosamente  conocer a partir de lo que la ciencia moderna nos brinda como conocimiento. Esto se inicia con el hito fundamental que es la evolución de las especies y el lugar del organismo que es responsable del mantenimiento y la información para que los hijos tengan igual estructura básica que sus antecesores. Esto está almacenado en lo más recóndito de las células, en lo que se llama su núcleo, y allí las estructuras más pequeñas que transmiten ciertas  características específicas de los padres, se conocen con el nombre de genes.  Estos son responsables en los hijos, de formas físicas y actitudes.  Como ejemplo según se herede del padre o de la madre, puede ser el color de los ojos, la forma de la nariz y orejas, la manera de caminar o correr, la habilidad para resolver problemas, o la tendencia a la flaqueza o la obesidad entre otros miles de ejemplos. En un gen, pueden registrarse varias de estas características u otras físicas, mentales o de movilidad.  Al principio de estos descubrimientos se creyó que estos genes  son en cada individuo inmutables  y que para accionar en su función, el organismo puede hacer copias perfectas. Era lo único existente que recibía cada organismo de sus padres, lo cual según esto, determinaba en forma invariable el destino y proceder de cada ser viviente. O sea el destino de cada ser era determinado por los genes que había heredado, de manera nacía con un destino ya prefijado. El conjunto de los genes heredado se denominó  genotipo. Pero más adelante se descubrió que los genes responsables de actitudes y capacidades, a diferencia de los que determinan los rasgos físicos invariables heredados, podían sufrir modificaciones  provenientes del ambiente que rodeaba al ser, lo cual se realizaba con material biológico que luego podía sumarse o reemplazar parte de los genes modificados, y que podía esa función transmitirse a distancia y en el tiempo, es decir por ejemplo en las generaciones siguientes, y a otros individuos físicamente cercanos. A este conjunto de material genético, se lo llamó fenotipo.  Al conjunto de información y material susceptible para integrar el fenotipo, se lo conoció como la cultura de la especie. En base a esto, si bien el individuo no puede alterar su físico, es posible que cambie sus actitudes, conductas y conocimientos, eliminando a partir de esto el concepto fatal de que un individuo era una especie de máquina con su suerte sellada y predeterminada. Quedaba como incógnita, que si el gen era inmodificable y determinante, de qué manera podían en un individuo permitirle un cambio en el fenotipo. La respuesta se encontró en experiencias de hace unos años en  que  por ejemplo un gen de la alegría tenía  como contrapartida uno de la tristeza, y que había sustancias existentes en el organismo,  que llegando a la vecindad de esos genes podían estimular o inhibir el accionar de cada gen. Si por ejemplo se estimula el de la tristeza y se inhibe el de la alegría cambiará la actitud de un individuo de alegre a triste, sin haber alterado la constitución de los genes, pero si la intensidad de su accionar, en cada caso.   Ello lo logra el organismo a través de energías biológicas de su organismo cuyo accionar  se transmiten desde el cerebro hasta las sustancias que hacen inhibir o estimular la acción de cada gen. No se conoce aún en forma fehaciente la naturaleza de estas energías, pero es probable que sea electromagnética a través de las partículas atómicas de las  moléculas participantes. Vale la pena recordar que una molécula está constituida por varios átomos los cuales a su vez están formados por partículas que algunas tienen polaridad positiva y otras negativas, y el electromagnetismo transcurre y se transmite entre partículas  con carga opuesta, o sea positiva y negativa.  Estos conceptos vertidos con la máxima sencillez posible en una carilla, ocupan  con cierto detalle, un libro de más de cien páginas, el cual para entenderlo hay que dominar conceptos que ocupan dos o tres libros más, y estos a su vez necesitan otros conocimientos previos. Esto es lo que permite el hermetismo, y dejar afuera del conocimiento y la reflexión a toda una comunidad de legos, que lo único que necesitan es conocer lo manifestado en estas páginas.  Los que comprendan estas sencillas cuestiones, estarán en condiciones de opinar la manera correcta o mejor para lograr nuestra evolución positiva.
            Nos adentraremos en la forma histórica en que el humano ha actuado en los últimos milenios, y que llega a nosotros con la expresión latina “stato quo”. Lo que en un comienzo se conoció como una teoría denominada “Evolución de las Especies”, hoy en día más allá de algunas controversias menores, es un hecho comprobado, básicamente por la paleontología. Pero hubo en esta evolución un quiebre fundamental, que se ignora hasta ahora el porqué, consistente en quedar bajo nuestra responsabilidad, bajo la tutela de la naturaleza, la manera de afrontar ese quiebre. Aquí comienza nuestro dramatismo.  Acompañando a esa grieta, los humanos agregamos un cambio en el pensamiento que fue el no pensar en función de la especie, sino del individuo acompañado como máximo de su familia. Desde mi punto de vista, es fundamentar revertir esa conducta, es decir pensar individualmente en función de la especie y no de cada uno de nosotros y su familia. Este es el cambio que puse como necesario para que tenga sentido todo lo que sigue. Cuando aparece nuestra especie, el homo sapiens sapiens, tiene incorporado el razonamiento superior que permite el dominio de todas las especies existentes al momento, siendo a partir de entonces la hegemónica en la naturaleza, sin discusiones. Esto produjo el fenómeno que el humano no tenía especies con las cuales competir, de manera que genes constitutivos de todas las especies conocidas, que competían entre sí, hasta  las antagónicas como los depredadores con los depredados, no eran más necesarios, pero por las leyes naturales no podían ser borradas de un plumazo, de modo que permanecieron vigentes como genes esenciales en forma inalterada. Seguramente, si hubiéramos continuado con nuestro pensamiento como especie en todos nuestros planes y proyectos, nuestra suerte sería muy diferente. Pero el razonamiento, entre otras, indujo a dos cuestiones claves. La primera, fue utilizar el gen egoísta necesario anteriormente en la estrategia fundamental de la defensa de la especie, de manera individual. El individuo no debía colaborar más en estrategias de defensa de la especie, por lo cual debía encontrar sobre que o quienes lograr la hegemonía. Cada cual de acuerdo a la intensidad  de sus genes de codicia, engaño y agresividad,  luchó por la superioridad frente a individuos  con  genes heredados más atenuados. La segunda consecuencia fue que  dentro de la misma especie, se crearon a modo de sub especies, conjuntos dominadores frente a otros dominados. Esto no hubiera sido posible de mantenerse el pensamiento, obrar y estrategias, en función de toda la especie , por lo cual el pensamiento pasó a ser fundamentalmente egoísta con la ayuda de genes aliados,  principalmente los de la codicia, el engaño y la agresividad.  Un razonamiento y estrategias férreas, pronto determinaron los polos sociales que podemos encontrar en la historia de la humanidad, y las grandes barbaridades partiendo del canibalismo y pasando por las guerras, la esclavitud, la explotación despiadada, los holocaustos por bombas atómicas, el intento destructivo que hizo reaccionar a la naturaleza y las amenazas de extinción humana por el calentamiento global, la contaminación, la extinción de especies, por citar las principales barbaridades conocidas. Por ahora la naturaleza responde pero se da su tiempo, la evolución suele ser lenta, y es como si nos quiere dar chance. Deberíamos ir al punto en que todo esto comenzó, que fue cuando perdimos el ejercicio de pensar y obrar en función de la especie toda. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de barajar y cortar de nuevo, además con el esfuerzo personal de cada uno, siempre pensando en la especie; no el egoísmo codicia engaño y agresividad individual, cuyos genes podemos atenuar en cada uno de nosotros con esfuerzo diario, como se hace una oración, un rezo o se ejerce una fe. Está determinado que esos mecanismos mentales siempre que sean con convicción y fe, determinan la movilización de toda nuestra biología en aras de atenuar los genes que nos perjudican como especie y estimular los positivos como el altruismo. Los mecanismos por los cuales se puede ir modificando el fenotipo, no están esclarecidos, pero sí estadísticamente comprobados no tan solo en nosotros sino también en la defensa de especies en seres mucho más simples y muchísimo menos “inteligentes” como son por ejemplo las bacterias.  La lucha fundamental, está en la motivación, que parece ser absurdo, pero es mucho mayor en la conducción a nuestra extinción utilizando el poder y el dinero, que hacia el logro de la orientación  hacia condiciones más felices y seguras que constituiría nuestra evolución actual. No hace falta demasiada inteligencia para comprender que favoreciendo a toda la especie podemos lograr nuestra superación y en cambio transitando el egoísmo y la individualidad lo que conseguiremos  es la extinción. Además podemos transmitir a distancia nuestro esfuerzo y legarlo a nuestros descendientes. Otro aspecto a considerar es la educación de nuestros hijos y nietos, a quienes podemos formar para que ellos comiencen a atenuar y estimular sus propios genes, planteando los que consideremos nocivos y los favorables. Aprendamos a reconocer las cuestiones esenciales y a comenzar a modificar aquello que nos es nocivo, lo cual es casi intuitivo, siempre con la mira puesta en la evolución positiva de nuestra especie toda, y no de intereses individuales.






            

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