REVELACIÓN A
NUESTROS SENTIDOS DEL OCULTAMIENTO Y
ENGAÑO
Por Jorge G.
R. Ciruelos Casabayó 17 /12 /2016
Si los
actuales conocimientos y revelaciones científicas los manejáramos como
correspondería a lo que debería ser nuestra evolución real en los últimos
milenios, seríamos una especie ejemplar y afortunada. Lamentablemente no hemos
sido capaces de ganarnos esos atributos, en base al ocultamiento y al manejo
del engaño. Conforme transcurre el
tiempo en nuestro espacio, día tras día se vuelve más denso adquirir la
educación necesaria para ser experto en ciertos temas, lo cual obra a favor de
lo que se ha hecho tradicionalmente, que es reservar en base a complicar la
comprensión de los temas, el manejo de los mismos a una elite de aparentes
cerebros privilegiados. En realidad todos los ciudadanos podrían conocer lo que
es esencial conocer para evolucionar como especie, aún sin saber leer y
escribir, como ocurre en todas las especies animales y vegetales del planeta. Este
hermetismo creado antaño, ha funcionado maravillosamente permaneciendo hoy aún vigente a través de dirigentes
religiosos. Con los adelantos de la ciencia,
además se han agregado grupos de
catedráticos investigadores, dirigidos y solventados por grupos que manejan el
poder y la banca. Ocurre que este es un
negocio exclusivo y aplicado principalmente
a temas de la salud física y mental de las poblaciones, al cual no se puede acceder debido a falta de
los conocimientos necesarios. Ello permite que el secreto sea impenetrable y
encerrado bajo las siete llaves del conocimiento, en beneficio del statu quo, y
del negocio permanente. Para desalentar cualquier intento autodidacta, la
primera condición es generar un conocimiento totalmente superfluo, de interés
puramente académico o para la práctica,
manejo y planes del investigador que se dedica al área correspondiente. Ese
conocimiento no esencial, deberá ser lo más complicado posible y en apariencia
indispensable para entender todo el resto. Podría brindarles cientos de
ejemplos, pero les referiré uno solo ya que como muestra basta con un botón. Se
afirma: “En la secuencia de la hélice, en
los nucleósidos y nucleótidos siempre la adenina se vincula con la timina y la
guanina con la citosina, no siendo posibles otros cruces. Debido a ello, el espacio intermolecular que
forma guanina previa a citosina y no al revés, es el más apto electromagnéticamente
en las uniones químicas, para que las proteínas de membrana pasen a través de
las mismas y se sitúen en la réplica de la hélice al lado del gen elegido para
activar o inhibir su acción. De hecho es la única entrada posible, sea cual
fuere el mecanismo que la proteína utilice, siendo los más comunes la
metilación o acetilación o desmetilación o desacetilación, según
corresponda.” Para un químico biológico lo
dicho no es demasiado hermético, pero sí totalmente superfluo para conocer como
funcionamos, y hay que tener en cuenta que deberá aprender y memorizar miles de
mecanismos de este tenor para llegar a una conclusión verdaderamente necesaria.
Para un lego en la materia, el párrafo expresado, puede ser suficiente para que
no se anime a atisbar y menos a adentrarse a este mundo restringido a
investigadores especiales. Les brindaré
otro ejemplo que no se relaciona al tema, pero clarificará lo que quiero
expresar. Supongamos que un grupo de negociantes quiere crear un ambiente
especial y selecto para concurrir a ver una competencia atlética de velocidad
en una competencia en los cien metros llanos. Junto a la venta de entradas,
distribuyen a cada asistente un librito en el cual se explica minuciosamente no
tan solo la vida deportiva de cada contendiente, sus dietas alimenticias, sus
métodos de ahorro energético, los complementes dietarios permitidos, las
características de su entrenamiento, los ejercicios de arranque y progreso de
velocidad en la competencia, la constitución y entrenamiento de los músculos gemelos, su ánimo normal y
cómo logra cada uno mejorarlo, el preparador físico y mental, los antecedentes
familiares en ese deporte, y una veintena de características más a tener en
cuenta para el evento. De esta manera, se pretende que el asistente tenga un
conocimiento cabal para analizar lo que observará en la competencia, en cada
uno de los corredores. Llega el momento de la carrera. Cada espectador, en los
breves segundos que dura el certamen, lo que logra ver, es el que llega primero
a la meta, y en todo lo que leyó de cada uno de los participantes, no se le
aclara el porqué ganó el que ganó, ni que tenía que ver cada una de las cosas
que leyó en el librito. Lo esencial que obtiene de la compulsa, es
quien ganó, y el tiempo empleado, que pasó un buen momento viendo el
espectáculo y que ignora porqué le gusta ver este tipo de actividad deportiva. Todo
lo leído en el librito, no agregó ni quitó nada a lo visto. La conclusión
válida es que lo informado en el material adjunto es parte de un armado para impresionar
y justificar el precio de la entrada, pero que no brinda información necesaria
para comprender y evaluar la competencia.
Antes de proseguir, son necesarias algunas aclaraciones. Lo que se
narrará a continuación, es una
explicación que acerque a la ciencia, sin entrar a ella, de manera que lo
afirmado pueda ser entendido por
profanos los que podrán a su vez
recurrir a otras fuentes o ampliaciones que deseen, y corroborar en fuentes
académicas lo aseverado. La intención de quien escribe, es favorecer a nuestra evolución positiva,
mediante la eliminación de prácticas o actitudes que retardan o impiden nuestro
progreso humano como especie. Veremos más adelante, que hay impedimentos
básicos, que debemos eliminar o al menos atemperar para que sirva en forma
fehaciente nuestro esfuerzo. Lo primero y esencial, nace de nuestra forma de
pensar. La condición sine qua non es que tengamos como elección prioritaria de
nuestros pensamientos, proyectos e ideas que no entorpezcan nuestra evolución o
se contrapongan a la misma. Como ejemplo, en general desestimaremos todo
aquello que sea pensado solamente en beneficio propio, aunque parezca que no es
dañino ni perjudica a los demás. Un ejemplo paradigmático de lo que no hay que
proponerse, es adherir a un “negocio” por más que sea legal, ya que todo
aquello que beneficia a un individuo sin el correspondiente esfuerzo y trabajo
personal, es realizado perjudicando a alguien que en realidad ha trabajado por
ello sin obtener beneficio alguno. Yendo a lo general, debemos pensar y considerar hechos y acciones no en
sentido individual sino en beneficio de toda
la especie, lo cual jamás ocurre en
el “negocio” tal como lo concebimos. Recomiendo a todo el que rechace esta
postura de plano, que revise sus
conceptos y si así aún no es capaz de
pensar en pro de su especie, no encontrará nada atractivo ni útil en lo que
sigue. Nuestro desafío será entonces conseguir pensar siempre en función de nuestra comunidad humana. Aclarado al menos mínimamente de que se
trata, paso a bosquejar lo que debemos forzosamente conocer a partir de lo que la ciencia moderna
nos brinda como conocimiento. Esto se inicia con el hito fundamental que es la
evolución de las especies y el lugar del organismo que es responsable del
mantenimiento y la información para que los hijos tengan igual estructura
básica que sus antecesores. Esto está almacenado en lo más recóndito de las
células, en lo que se llama su núcleo, y allí las estructuras más pequeñas que
transmiten ciertas características
específicas de los padres, se conocen con el nombre de genes. Estos son responsables en los hijos, de
formas físicas y actitudes. Como ejemplo
según se herede del padre o de la madre, puede ser el color de los ojos, la
forma de la nariz y orejas, la manera de caminar o correr, la habilidad para
resolver problemas, o la tendencia a la flaqueza o la obesidad entre otros
miles de ejemplos. En un gen, pueden registrarse varias de estas
características u otras físicas, mentales o de movilidad. Al principio de estos descubrimientos se
creyó que estos genes son en cada
individuo inmutables y que para accionar
en su función, el organismo puede hacer copias perfectas. Era lo único
existente que recibía cada organismo de sus padres, lo cual según esto,
determinaba en forma invariable el destino y proceder de cada ser viviente. O
sea el destino de cada ser era determinado por los genes que había heredado, de
manera nacía con un destino ya prefijado. El conjunto de los genes heredado se
denominó genotipo. Pero más adelante se
descubrió que los genes responsables de actitudes y capacidades, a diferencia
de los que determinan los rasgos físicos invariables heredados, podían sufrir
modificaciones provenientes del ambiente
que rodeaba al ser, lo cual se realizaba con material biológico que luego podía
sumarse o reemplazar parte de los genes modificados, y que podía esa función
transmitirse a distancia y en el tiempo, es decir por ejemplo en las
generaciones siguientes, y a otros individuos físicamente cercanos. A este
conjunto de material genético, se lo llamó fenotipo. Al conjunto de información y material
susceptible para integrar el fenotipo, se lo conoció como la cultura de la
especie. En base a esto, si bien el individuo no puede alterar su físico, es
posible que cambie sus actitudes, conductas y conocimientos, eliminando a
partir de esto el concepto fatal de que un individuo era una especie de máquina
con su suerte sellada y predeterminada. Quedaba como incógnita, que si el gen
era inmodificable y determinante, de qué manera podían en un individuo
permitirle un cambio en el fenotipo. La respuesta se encontró en experiencias
de hace unos años en que por ejemplo un gen de la alegría tenía como contrapartida uno de la tristeza, y que
había sustancias existentes en el organismo,
que llegando a la vecindad de esos genes podían estimular o inhibir el
accionar de cada gen. Si por ejemplo se estimula el de la tristeza y se inhibe
el de la alegría cambiará la actitud de un individuo de alegre a triste, sin
haber alterado la constitución de los genes, pero si la intensidad de su
accionar, en cada caso. Ello lo logra
el organismo a través de energías biológicas de su organismo cuyo accionar se transmiten desde el cerebro hasta las
sustancias que hacen inhibir o estimular la acción de cada gen. No se conoce
aún en forma fehaciente la naturaleza de estas energías, pero es probable que
sea electromagnética a través de las partículas atómicas de las moléculas participantes. Vale la pena
recordar que una molécula está constituida por varios átomos los cuales a su
vez están formados por partículas que algunas tienen polaridad positiva y otras
negativas, y el electromagnetismo transcurre y se transmite entre partículas con carga opuesta, o sea positiva y negativa.
Estos conceptos vertidos con la máxima
sencillez posible en una carilla, ocupan
con cierto detalle, un libro de más de cien páginas, el cual para
entenderlo hay que dominar conceptos que ocupan dos o tres libros más, y estos
a su vez necesitan otros conocimientos previos. Esto es lo que permite el
hermetismo, y dejar afuera del conocimiento y la reflexión a toda una comunidad
de legos, que lo único que necesitan es conocer lo manifestado en estas páginas. Los que comprendan estas sencillas
cuestiones, estarán en condiciones de opinar la manera correcta o mejor para
lograr nuestra evolución positiva.
Nos adentraremos en la forma
histórica en que el humano ha actuado en los últimos milenios, y que llega a
nosotros con la expresión latina “stato quo”. Lo que en un comienzo se conoció
como una teoría denominada “Evolución de las Especies”, hoy en día más allá de
algunas controversias menores, es un hecho comprobado, básicamente por la
paleontología. Pero hubo en esta evolución un quiebre fundamental, que se
ignora hasta ahora el porqué, consistente en quedar bajo nuestra
responsabilidad, bajo la tutela de la naturaleza, la manera de afrontar ese
quiebre. Aquí comienza nuestro dramatismo.
Acompañando a esa grieta, los humanos agregamos un cambio en el
pensamiento que fue el no pensar en función de la especie, sino del individuo
acompañado como máximo de su familia. Desde mi punto de vista, es fundamentar
revertir esa conducta, es decir pensar individualmente en función de la especie
y no de cada uno de nosotros y su familia. Este
es el cambio que puse como necesario para que tenga sentido todo lo que sigue.
Cuando aparece nuestra especie, el homo sapiens sapiens, tiene incorporado el
razonamiento superior que permite el dominio de todas las especies existentes
al momento, siendo a partir de entonces la hegemónica en la naturaleza, sin
discusiones. Esto produjo el fenómeno que el humano no tenía especies con las
cuales competir, de manera que genes constitutivos de todas las especies
conocidas, que competían entre sí, hasta
las antagónicas como los depredadores con los depredados, no eran más
necesarios, pero por las leyes naturales no podían ser borradas de un plumazo,
de modo que permanecieron vigentes como genes esenciales en forma inalterada.
Seguramente, si hubiéramos continuado con nuestro pensamiento como especie en
todos nuestros planes y proyectos, nuestra suerte sería muy diferente. Pero el
razonamiento, entre otras, indujo a dos cuestiones claves. La primera, fue
utilizar el gen egoísta necesario anteriormente en la estrategia fundamental de
la defensa de la especie, de manera individual. El individuo no debía colaborar
más en estrategias de defensa de la especie, por lo cual debía encontrar sobre
que o quienes lograr la hegemonía. Cada cual de acuerdo a la intensidad de sus genes de codicia, engaño y
agresividad, luchó por la superioridad
frente a individuos con genes heredados más atenuados. La segunda
consecuencia fue que dentro de la misma
especie, se crearon a modo de sub especies, conjuntos dominadores frente a
otros dominados. Esto no hubiera sido posible de mantenerse el pensamiento,
obrar y estrategias, en función de toda la especie , por lo cual el pensamiento
pasó a ser fundamentalmente egoísta con la ayuda de genes aliados, principalmente los de la codicia, el engaño y
la agresividad. Un razonamiento y
estrategias férreas, pronto determinaron los polos sociales que podemos
encontrar en la historia de la humanidad, y las grandes barbaridades partiendo
del canibalismo y pasando por las guerras, la esclavitud, la explotación
despiadada, los holocaustos por bombas atómicas, el intento destructivo que
hizo reaccionar a la naturaleza y las amenazas de extinción humana por el
calentamiento global, la contaminación, la extinción de especies, por citar las
principales barbaridades conocidas. Por ahora la naturaleza responde pero se da
su tiempo, la evolución suele ser lenta, y es como si nos quiere dar chance. Deberíamos
ir al punto en que todo esto comenzó, que fue cuando perdimos el ejercicio de
pensar y obrar en función de la especie toda. Tenemos en nuestras manos la
oportunidad de barajar y cortar de nuevo, además con el esfuerzo personal de
cada uno, siempre pensando en la especie; no el egoísmo codicia engaño y
agresividad individual, cuyos genes podemos atenuar en cada uno de nosotros con
esfuerzo diario, como se hace una oración, un rezo o se ejerce una fe. Está
determinado que esos mecanismos mentales siempre que sean con convicción y fe,
determinan la movilización de toda nuestra biología en aras de atenuar los
genes que nos perjudican como especie y estimular los positivos como el
altruismo. Los mecanismos por los cuales se puede ir modificando el fenotipo,
no están esclarecidos, pero sí estadísticamente comprobados no tan solo en
nosotros sino también en la defensa de especies en seres mucho más simples y
muchísimo menos “inteligentes” como son por ejemplo las bacterias. La lucha fundamental, está en la motivación,
que parece ser absurdo, pero es mucho mayor en la conducción a nuestra
extinción utilizando el poder y el dinero, que hacia el logro de la
orientación hacia condiciones más
felices y seguras que constituiría nuestra evolución actual. No hace falta
demasiada inteligencia para comprender que favoreciendo a toda la especie
podemos lograr nuestra superación y en cambio transitando el egoísmo y la
individualidad lo que conseguiremos es
la extinción. Además podemos transmitir a distancia nuestro esfuerzo y legarlo a
nuestros descendientes. Otro aspecto a considerar es la educación de nuestros
hijos y nietos, a quienes podemos formar para que ellos comiencen a atenuar y
estimular sus propios genes, planteando los que consideremos nocivos y los
favorables. Aprendamos a reconocer las cuestiones esenciales y a comenzar a
modificar aquello que nos es nocivo, lo cual es casi intuitivo, siempre con la
mira puesta en la evolución positiva de nuestra especie toda, y no de intereses
individuales.